¡Ahorre hasta un

32%

por un año!

alo

Interés DJ

La familia de Pablo Escobar

Texto: Jorge Lesmes Fotos: David Sisso y Guido Chouela

DONJUAN obtuvo fotos exclusivas y el perfil más completo hecho hasta ahora de María Isabel Santos, Juana y Sebastián Marroquín Santos y la esposa de éste: la familia más cercana de Pablo Escobar.

Sebastián Marroquín Santos abre un diminuto clóset incrustado en la pared de su estudio. Sin más preámbulos me dice: "Aquí está todo". Desde el piso hasta el techo hay una pila de cajas y sobres de manila con fotografías familiares de todas las épocas con su papá: fotos en las que aparecen vigilantes y empleados montados en el lomo de los rinocerontes de la hacienda Nápoles, fotos de la primera comunión y de los diferentes cumpleaños de él y de su hermana Manuela -hoy Juana Marroquín Santos- en las que hay un fondo de cientos de personas con una copa en la mano, fotos en la que su papá le regala su primera moto cuando tenía doce años, fotos en las que aparecen políticos al lado de su mamá. Fotos de estudio donde su mamá posa con ropa de diseñador al lado de sus hijos y con un fondo de paredes blancas donde se vislumbran cuadros de Botero, Darío Morales y Dalí.

Hay -incluso- varias cajas de fotos en las que toda la familia trata de sonreír a pesar de estar encerrados y aterrados en una caleta después de la fuga de Escobar de la cárcel de la Catedral. En ese clóset, de 1 x 2 metros, se encuentra la memoria familiar del capo más grande de la historia de Colombia.

-Sufrimos mucho para recuperarlas -me dice Sebastián-. Mi papá tenía en cada caleta uno o más álbumes. Siempre quería estar con nosotros. Y siempre justificaba sus barbaridades diciendo que era por nosotros.

En las fotos siempre aparecen los cuatro, Victoria Eugenia Henao, hoy Isabel Santos, Pablo y sus dos hijos. El resto del mundo -su mundo- está de fondo. Además de ese museo portátil apilado en cajas, el apartamento de Sebastián y su esposa María Ángeles Sarmiento, la misma mujer con la que está desde hace veinte años, tiene varios portarretratos que se empeñan en mantener viva la presencia de Escobar. En las paredes de sus 50 metros cuadrados hay fotos de toda la familia y de Sebastián sentado en las piernas de su papá y un retrato amarillento del capo cuando hacía la primera comunión que -como una sombra permanente- cuelga de un nylon en el cuarto principal al lado de su mesa de noche .

En un rincón de la sala hay un televisor de plasma y una colección de videos de Escobar, entre ellos el documental Los pecados de mi padre, en ese lugar Sebastián se sienta todos los días a las 2.30 de la tarde para ver el noticiero. "Era una costumbre que tenía mi viejo. No importaba en la situación de peligro que estuviera. En las mañanas se leía todos los periódicos de Colombia. Al medio día y en la noche se sentaba a ver los noticieros. Jamás decía una palabra. Observaba, a veces apuntaba cosas y cuando terminaba el noticiero simplemente apagaba el televisor".

Esa monotonía, Escobar por todas partes, se rompe por la vista del hipódromo y los campos de polo de Palermo, que se ven desde un balcón en el que a duras penas cabe una persona, y por los cuadros que ha pintado María Ángeles en los últimos años.

-Empecé a pintar por terapia -dice Ángeles mientras acomoda uno de sus cuadros en la pared.

Ángeles y Sebastián se conocieron en 1989 en una fiesta de colegiales. Ella, en ese entonces, se llamaba Andrea Ochoa y era estudiante del colegio Santa María del Rosario en Medellín. Él tenía 13 años, y ella, 17. Se enamoraron. Ella se retorcía de rabia cuando la recogía en autos demasiado ostentosos. Le daba pena salir del colegio. A veces esperaba que todas sus compañeras se marcharan para subirse al carro. Lo regañaba y le pedía que no fuera tan loco. Sabía que era el hijo de Pablo Escobar, pero no le importaba. Juan Pablo, en ese momento, se consideraba el rey del mundo, tenía una colección de motocicletas -Enduros, Harley Davidson, Hondas-, se movilizaba en camionetas blindadas escoltado por un ejército de hombres al servicio de su padre. Con mover un dedo sus escoltas estaban listos a cumplir los deseos del hijo del "Patrón". "No me lo va a creer, pero cuando nos instalamos aquí en Buenos Aires, no sabía qué hacer con un menú en un restaurante, por lo general yo decía qué quería y los escoltas pedían y pagaban por mí".

En una ocasión, cuando su papá estaba preso, quería ir a una competencia de motocross, pero Pablo le pidió que no lo hiciera porque había un plan para secuestrarlo. Juan Pablo suplicó tanto (había llegado con su último boletín de notas para demostrar que se estaba portando bien), que su papá tomó un teléfono y empezó a llamar a cada una de las personas que estaba detrás del secuestro y le decía: "Mira, tal por cual, si a mi hijo le llega a pasar algo, le juro que su familia, sus hijos y toda su generación no tendrán un respiro en sus vidas... Así que ya saben cómo es la cosa conmigo".

En ese momento, cuando Escobar estaba en la cárcel, Juan Pablo y Ángeles tenían 15 y 19 años y decidieron irse a vivir juntos; Ángeles pasó a ser parte de la familia y cuando Escobar se fugó de la cárcel ella se convirtió en otra perseguida. Pablo Escobar no huía del Bloque de Búsqueda, de los Pepes y del Cartel de Cali con un ejército de sicarios de las comunas de Medellín: huía con su clan. Prefería estar cerca de ellos para protegerlos y tener la tranquilidad de que sus enemigos no iban a tocar a su familia. No quería que se repitiera la historia de la bomba del edificio Mónaco. Él no se encontraba en ese lugar en el momento de la explosión. El techo del cuarto principal se le vino encima a Juan Pablo y quedó aprisionado por una viga que su mamá todavía no sabe cómo le quitó de encima. Su hija Manuela se salvó de milagro. Ella estaba en la cuna y el ventanal del cuarto cayó adentro, partió el tetero por la mitad, pero a la pequeña no le pasó absolutamente nada.

Para mantenerse en movimiento con su familia, Escobar había diseñado un plan de escondites que estaban regados por toda la ciudad. Eran unas 15 casas, y en cada una de ellas sólo vivía una persona que hacía las veces de caletero. Ninguno se conocía con los otros. El único que sabía de la existencia de esas caletas era Escobar.

...

Publicidad