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Interés DJ

La de Fidel Bassa es una historia distinta a la de la mayoría de boxeadores

Por: Estewil Quesada Fernández Fotografía: Sebastián Jaramillo

La historia de Fidel Bassa es distinta a la de la mayoría de boxeadores. No tiene tintes de tragedia con borracheras y prostitutas. Hoy en día es un empresario exitoso

La historia de Fidel Bassa es distinta a la de la mayoría de boxeadores. Su historia no tiene tintes de tragedia, no hay bazuco, no hay borracheras, no hay noche ni prostitutas. Bassa es un campeón completo. Sólo hizo hasta cuarto de primaria, pero hoy en día es un empresario exitoso y un lector infatigable y su mayor sueño es construir un colegio para los niños de su barrio.

Fidel se baja de su campero Nissan Terrano y con doce pasos acelerados queda plantado frente a su contrincante, le cierra la salida frontal con el cuerpo, adelanta la pierna izquierda y, como en sus viejos tiempos, se agacha en posición de ataque a la zona media. De inmediato, con la mano derecha, le arranca un pedazo de plástico y, sin perder la postura, mira a la persona hasta entonces a cargo de la operación y le dice:

-Se nos iba sin tinta, hombre.

Sin soltar la corbata de la mano izquierda, se levanta y le pide cinco minutos al conductor del camión que espera el visto bueno del gran jefe. Adjunta la tinta de la impresora, revisa la documentación de salida, la orden de entrega y, antes del tiempo solicitado, el vehículo desaparece rumbo a la sede del Ejército Nacional con una fotocopiadora último modelo semiforrada en plástico. Se lleva a su empleado a un lado y lo arrincona contra las cuerdas. Yo, que estoy con él desde la madrugada, tengo que oír la sentencia:

-Todo tiene que quedar listo el día antes, incluyendo la contratación del transporte.

Mira -y señala el reloj en su muñeca izquierda-: son las 9.32 de la mañana y la máquina quedamos de entregarla antes de las diez. A mí no me gusta incumplir...

Minutos después, sentado en la cómoda silla negra, Fidel Bassa Santana ríe a mandíbula batiente mientras escucha las aventuras que le cuento sobre un conocido ex deportista. Está a sus anchas en el interior de su oficina en el segundo y último piso de la edificación de color ocre, ubicada en el norte de Bogotá. La corbata ya cuelga del cuello. Ahora es un tipo alegre y mamador de gallo, diferente del Bassa que conocí una tarde de sábado de 1981 en el barrio La Magdalena de Barranquilla, cuando vomitaba en el ring luego de su primer y desastroso combate: había llegado con la panza llena de arroz porque creía que así tendría más fuerza. Aquel era un joven serio, incapaz de sonreír, que a punta de esfuerzo, con más coraje que técnica, conquistó el 13 de febrero de 1987 la cúspide: el título como campeón del peso mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Unos días antes de mi viaje a Bogotá, Miguel "Happy" Lora, campeón mundial del peso gallo y uno de los tres mejores púgiles de la época, me dice que Bassa "era fajador, agresivo, de mucho coraje. Un chico con disciplina suprema. Un aguerrido que le gustaba la zona de candela. Un guapo". Billy Chams, su apoderado como púgil, prefiere describirlo como lo hace Ramón "Curro" Dossman, el entrenador panameño que lo tuvo a cargo a mediados de los años ochenta: "No es el mejor del grupo, pero llega primero. No tiene técnica, pero sí corazón". El ex campeón escucha las opiniones y coincide conmigo en que el público -de igual manera- lo recuerda más como un boxeador que sufría para ganar, sobre todo por sus dos dramáticas caídas en Belfast, en su primera defensa, en que se levantó para noquear en 13 asaltos al retador local Dave "Boy" McAuley en una de las peleas que hoy en día tiene más fans en Youtube.

Esa vez -recuerdo-, Édgar Perea, hoy embajador en Sudáfrica y el encargado de narrar el combate para Caracol Radio, dijo al terminar el asalto 12 que "... La pelea llega al final. Fidel lo da todo, pero el título cambia de manos hoy en Belfast, con esas caídas". Hugo Illera, el comentarista, decía que si bien el límite de las peleas se bajaba a 12, ésta se firmaba a 15. "Entonces, caballero -retomó la palabra Perea-, en este asalto 13 Fidel sale a liquidar...". Y lo hizo, pero con tanto drama que, mucho tiempo después, la noche del 15 de mayo de 1988, en la recepción de un hotel de Cartagena, una dama antioqueña, esposa de un promotor de boxeo, antes de salir a la plaza de toros para ver la pelea mundial de Miguel Maturana, le dijo: "¡Oiga, usted me va a matar del corazón con tantas caídas!".

Bassa recuerda la historia y suelta otra carcajada. Su oficina tiene 35 metros cuadrados, casi las mismas dimensiones de un cuadrilátero y tal vez por eso siempre se encuentra a sus anchas. Tres cinturones de monarca del ring, cuatro placas de reconocimientos, dos caricaturas de su figura de campeón y dos trofeos -uno de ellos como Deportista del Año de 1987 otorgado por el diario El Espectador-, son los símbolos que recuerdan en este escenario de ejecutivo su paso glorioso por los ensogados. Pero no están solos, sus trofeos se encuentran rodeados por una tonelada de enciclopedias y material didáctico: los productos de venta de una de sus líneas empresariales. Sobre el escritorio, unas tarjetas de presentación personal, con foto, registran que es el gerente general de Mundo Científico, empresa dedicada a distribuir material educativo y cultural y al servicio completo de las fotocopiadoras.

"La entrega de la fotocopiadora era lo único pendiente del día", me dice. "Hoy sábado es un día suave como para atender a un periodista bacano", y lanza su puño derecho para estrellarlo con el mío.

Bassa abre un paquete recibido en la víspera. un fanático londinense le había enviado videos de varias peleas suyas. Mientras revisa el material, llega José Ignacio Delgado, su asesor en la tarea de estructurar Mundo Científico -la empresa de 25 empleados, cuya instalación adaptó a su gusto el propio ex deportista: con una recepción, bodega de cien fotocopiadoras, laboratorio, cuatro oficinas independientes de la suya y una sala de juntas-. "Él asegura que no se quiere dejar noquear de la vida", dice Delgado. Esa frase se la escuché varias veces a Fidel: fue el motivo de su ingreso en el mundo de los negocios, cuando perdió el título frente al venezolano Jesús "Kiki" Rojas, el 30 de septiembre de 1989, en Barranquilla.

-Sabía que tenía que hacer algo fuera del deporte -afirma Bassa-. Me dije: Si me quedo sin hacer nada me gasto lo que me gané tirando trompadas. ¿Pero qué podía hacer? Yo apenas estudié hasta cuarto de primaria y había trabajado únicamente tirando machete en el campo y vendiendo arepa de huevo en Luruaco (Atlántico) y pescado por las calles de Barranquilla.

Para hacer algo, montó una compra-venta en la capital del Atlántico, viajó a Panamá para negociar telas con su antiguo promotor Chams e importar carros, neveras y televisores de Estados Unidos. Pero todavía no se sentía satisfecho y por esos días Editorial Planeta le ofreció, a comienzos de 1991, el cargo de relacionista público, al lado del ex futbolista Willington Ortiz y del ex ciclista Martín "Cochise" Rodríguez. Había sueldo, comisión por venta y viajes.

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