alo

¡Suscríbase ya!

¡Ahorre hasta un

32%

por un año!

alo

Interés DJ

Isabel Cristina Estrada: el cuerpo que provoca

Por Alonso Cueto. Fotos: Hernán Puentes

Isabel Cristina Estrada fue la portada del segundo aniversario de DONJUAN

En el cuarto aniversario de DONJUAN rememoramos el artículo "El cuerpo que provoca", con Isabel Cristina Estrada como protagonista.

"Se le tiene pero se le demora", es su dicho más común y una de las frases que explica parte de su vida. Antes que su cuerpo alcanzara las inigualables -y actuales- medidas de 88-62-92 y de convertirse en Señorita Antioquia, participar en el Reinado Nacional de la Belleza 2001, empezar a modelar y actuar en telenovelas como Amores Cruzados y Nuevo rico, nuevo pobre, Isabel Cristina trabajaba en IBM y no se le pasaba por la cabeza dejar los monitores y el mouse por las cámaras.

Esta ingeniera de sistemas de Eafit vive al tanto de la tecnología, "sale cualquier aparato y lo compro, también leo revistas sobre el tema". Isabel Cristina no sale mucho de rumba, "prefiero quedarme en casa e invitar a comer a mis amigos, también ir a cine los domingos o irme de camping. Voy mucho al gimnasio porque no tengo grupo de amigos para jugar al voleibol", desde los nueve años entrenó en la selección Antioquia y después en su universidad.

El mejor cuerpo de Colombia baila un "pole dance" -el baile más sexy y provocativo- en la portada de aniversario DONJUAN y el escritor peruano Alonso Cueto nos regala un fantástico texto sobre nuestra fascinación por el cuerpo. cuerpo humano se ha convertido en una de nuestras obsesiones desde que tenemos conciencia de nosotros mismos. Esta obsesión ha sido inseparable del deseo. La atracción sexual no es sino una de las formas de la curiosidad voraz por el cuerpo ajeno, un misterio que queremos recorrer y penetrar.

Los ejemplos del culto al cuerpo femenino abundan en la historia. Una de las primeras muestras de esta obsesión es la gran Venus de Willendorf, del Paleolítico Superior, una de las primeras figuras femeninas esculpidas de la historia. La Venus, que tiene más de veinte mil años de antigüedad, muestra a una mujer con enormes senos, nalgas, mamas y vulva, un ejemplo prodigioso del culto de los antiguos habitantes del Paleolítico por la fertilidad. La Venus, descubierta en Austria, es una de las varias figuras femeninas del mismo nombre que se usaban en la cultura auriñaciense, extendida a lo largo de Europa y especialmente en los Pirineos franceses.

Su tamaño llega apenas a once centímetros y según algunas interpretaciones se insertaba en la vagina en los rituales de fertilidad. La proliferación de estas imágenes sugiere la valoración de la mujer en esta época como una proveedora de la vida y la protección. En estas Venus hay una voluptuosidad y una potencia que se pierden en el arte egipcio que va a representar el cuerpo en una forma más proporcionada y rigurosa. El arte griego, con sus furiosas diosas eróticas, es otro capítulo de nuestra obsesión.

A lo largo de la historia ha habido distintos cuerpos ideales femeninos. La voluptuosa y maternal Venus del Paleolítico, la figura estilizada y rigurosa de los egipcios, la sensualidad de las diosas griegas, fueron seguidas por otras. En el siglo XVII, el pintor flamenco Peter Paul Rubens ofrece unas mujeres de cuerpos gruesos y desmedidos, para nuestros cánones contemporáneos. En el Museo del Prado podemos ver "Las Tres Gracias", tres mujeres entrelazadas con glúteos desbordados, muslos ansiosos y torsos potentes.

La delgadez, tal como la entendemos hoy, no era un atributo del arte barroco y por entonces se glorificaba el exceso como una cualidad. Una de las versiones dice que las tres gracias son versiones distintas que Rubens tenía de su esposa, Elena Fourment. La interpretación no deja de ser interesante, pues es posible que Rubens viera en ella, como todo buen marido, a varios cuerpos, o al menos a tres, que coincidían en el mismo. La idea de un cuerpo femenino perfecto depende de cada época.

En los tiempos de Alejandro Dumas la palidez era una señal de atractivo erótico, lo que hacía que muchas mujeres pasaran los veranos bajo techo. Hoy, en cambio, se supone que el bronceado es un requisito erótico. Hay épocas que se obsesionan con la extrema delgadez, como ocurrió en los años de mil novecientos sesenta, cuando reinaba una modelo llamada Twiggy (por sus piernas de ramita).

Un poco antes, la obsesión eran los senos enormes, requisito que la actriz Jayne Mansfield (con sus famosos ciento dos centímetros de busto) cumplía a cabalidad. Hay épocas que privilegian a las rubias pero las morenas aparecen de vez en cuando. El fenómeno más reciente, y gratificante, sin duda lo constituye la aparición de las modelos negras. Naomi Campbell es la reina de una época de las pasarelas que ha hecho aparecer a Halle Berry en el cine.

Hay hombres que se obsesionan por los pechos y por los glúteos. Hay los que prefieren las piernas o los labios. En otros casos, hay obsesiones por los pies. En su novela, Los pies de la concubina, la escritora norteamericana Kathryn Harrison describe el culto hacia el pequeño pie femenino en la China. En una costumbre que llega hasta el siglo veinte, las mujeres tenían que sufrir la rotura de algunos huesos del pie para que éstos se mantuvieran pequeños.

La razón era que los pequeños pies de la mujer podían usarse para provocar mayor placer en los hombres. Se entendía que a menor tamaño de los pies femeninos, mayor placer iban a provocar a través de sus caricias. El fetichista del pie, por otro lado, gusta de oler, chupar, besar y tocarse la cara con los pies femeninos, por razones que aún están en discusión. El director Quentin Tarantino, confeso fetichista del pie femenino, protagoniza la más grande escena de esta obsesión con el pie de Salma Hayek en la película From Dusk til Dawn, de Robert Rodríguez.

De todos los fetiches masculinos, el de los senos grandes ha sido el más fuerte, sin duda, lo que ha provocado el terrible espectáculo de los implantes. Hubo un tiempo, sin embargo, a comienzos del siglo XX, cuando el tobillo femenino reinaba. La razón eran los vestidos largos que apenas dejaba ver nada de la piel femenina. La aparición del tobillo en un descuido de los movimientos de una mujer de traje largo, era celebrado por los hombres que la rodeaban.

...

Publicidad