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Los últimos meses de la modelo y presentadora paisa que falleció el 22 de abril de 2010.

A RAÍZ DEL PRIMER ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LINA MARULANDA, REVIVIMOS ESTE TEXTO ELABORADO POR DANIEL PARDO SOBRE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE LA MODELO Y PRESENTADORA ANTIOQUEÑA.

Carlos Oñate tenía una sorpresa para Lina. Reservó la mejor mesa en uno de los restaurantes más sofisticados de Nueva York, el South Gate, un espacio alto y ancho con un bar de travertino anaranjado, paredes decoradas con espejos entrecruzados y ventanales de piso a techo con vista al Central Park. Una vez fueron instalados en su mesa esquinera, la gerente del restaurante, Marcela Pulido, una bogotana que vive en Estados Unidos hace cuatro años, le hizo una seña a Carlos sin que Lina se diera cuenta. Carlos se paró y fue a donde Marcela le había indicado.

-Estoy nerviosísimo -le dijo Carlos a Marcela, a quien había contactado gracias a una amiga común de la infancia.

-Fresco -dijo Marcela- que nosotros nos encargamos del resto. Muestre el anillo.

Carlos se sacó de la media un anillo sencillo con un diamante en la mitad, se lo entregó a Marcela y volvió a la mesa donde lo esperaba su novia Lina, que por ese entonces ya tenía el pelo teñido de negro. Después de cenar, la pareja salió a fumarse un cigarrillo, y mientras tanto Marcela tomó la cámara que Carlos había dejado en la mesa.

Lina y Carlos volvieron a entrar y se sentaron. Acto seguido, un mesero trajo un plato con un pot de crème en la mitad, una caja de chocolate a un lado que por dentro tenía pepas de chocolate y el anillo, y un aviso en salsa de chocolate que preguntaba "Will you marry me?". Lina se puso feliz, abrazó a su futuro esposo, se puso a llorar y llamó a sus amigos y su familia para contarles. Marcela, escondida detrás de una mata, registró todo con la cámara de Carlos. La pareja duró alrededor de tres horas en el restaurante y, según Marcela, se veían radiantes.

La semana pasada, cuatro meses después de la visita de Lina a South Gate, Marcela tuvo que hacer una lista de las celebridades que han pasado por el restaurante que maneja, entre ellas Nicole Kidman y Bono. También puso a Lina Marulanda, la modelo colombiana que se suicidó el pasado 22 de abril, con una frase a un lado que decía "May She Rest In Peace". "Cada vez que paso por la mesa -dice- siento un escalofrío".

Lina Marulanda y Carlos Oñate se casaron el 23 de noviembre de 2009 en un centro de convenciones en Bogotá y celebraron con la música en vivo del reggeatonero J. Balvin, uno de los favoritos de Lina. En abril de este año la pareja estaba en proceso de separación.

El jueves 22 de abril Lina Marulanda tuvo una cita en su casa a las nueva de la mañana con su contadora, Carolina, para revisar el estado de cuentas de Turmalina & Durando, una joyería que Lina puso en Bogotá. A eso de las diez de la mañana, Lina se encerró en su cuarto mientras sus padres, que estaban de visita desde Semana Santa, desayunaban en el comedor. Cuando sonó el ruido de un espejo rompiéndose en el baño, Carolina y los padres fueron a golpear al cuarto, pero Lina no respondió. Segundos después, el portero los llamó. Lina había saltado por la ventana de la ducha.

El apartamento está en el Antiguo Country, una zona residencial tranquila de estrato seis plagada de edificios de ladrillo. La portería del edificio, el cual tiene un parque con columpios al frente y se llama Balcony 86, tiene techos altos y un ventanal pegado a la rampa exterior del garaje, en la que cayó Lina a las 11 y 35 de la mañana. El portero, que se sienta en un amplio escritorio que mira a la rampa, sintió la caída como si hubiera sido encima de él. Su reacción inmediata fue llamar al apartamento. Minutos después, todos los medios, incluido un helicóptero de RCN, estaban allí reportando que Lina Marulanda se había suicidado.

La ronca voz de Marulanda todavía le desea un feliz día a quienquiera que llame a la sucursal de Turmalina & Durando en Bogotá, el negocio de joyas que ella decidió acabar después de ver que la fórmula empresarial no había dado resultados. Cuando resolvió volverse empresaria, en 2007, Lina invirtió gran parte de sus ahorros en la franquicia bogotana de la joyería caleña de Juliana Fajardo y Rubén Durando. Alquiló un espacio en la calle 82 con carrera 13, junto a los locales de los diseñadores más prestigiosos del país, y se hizo publicidad en medios y eventos.

Pero las cosas no se dieron. Según Iván Lalinde, el mejor amigo de Lina, ella no estaba contenta con la mercancía que le estaban mandando y la plata que le estaban reclamando. Después de diferentes altercados legales con Fajardo y Durando, Lina tuvo que cerrar el local y quedó debiéndoles cerca de 100 millones de pesos. De acuerdo con Durando, Lina tenía el manejo único, exclusivo y total del negocio, incluido el contable. La disolución, según él, fue un acuerdo mutuo.

Pero más allá de los detalles, lo cierto es que el fracaso empresarial disparó la frustración de Lina. Como buena paisa, comenta Lalinde, era una mujer emprendedora, que veía negocio en todas partes y que no podía dejar de pensar cómo hacer de lo que tenía algo mejor y más fructífero. En Caracol Televisión, donde trabajó cinco años, tuvo un negocio de comida rápida por el que todo el mundo la reconocía. "La Flaca", como todavía le dicen sus amigos más cercanos, murió decepcionada con su desempeño en los negocios.

La mayoría de las interpretaciones del suicidio de Lina Marulanda han explicado que fue una mezcla entre el desamor y la desilusión en los negocios. Se ha dicho que, tiempo atrás, había intentado suicidarse con pastillas y alcohol. Terca como era, se dice que no quiso internarse en un tratamiento. También han corrido rumores de que pasó por problemas de anorexia y que estaba obsesionada con el estado de su cuerpo. En cualquiera de los casos, se sabe que Lina sufría fuertes depresiones, que iba religiosamente al gimnasio y que llevaba cuatro años visitando al sicólogo Fernando Vásquez.

Margarita Gómez, amiga de Lina y directora de Informa -la última agencia de modelaje que manejó a Lina-, explica la situación en la que se encontraba la modelo con la teoría -que compartía Lina- del filósofo austriaco Rudolf Steiner. El sistema filosófico consiste en ver la vida evolutiva del hombre en septenios. Lina se encontraba en el cuarto, que va de los 21 a los 28 años y consiste en el momento en que el ser humano decide cómo va a ser el resto de su vida. Lina, dice Margarita, "estaba en ese limbo donde no se sabe para dónde va uno". El hecho de que Lina empezó un nuevo negocio, Miscelina, después de haber renunciado a otro, de que se separó de su esposo y de que decidió acabar con su vida, parece señalar que no sabía para dónde iría su vida. A Lina Marulanda, según esa teoría, la mató la incertidumbre.

Lina era una mujer de altibajos, de amores y odios, de pasiones profundas, de rabietas espontáneas, de una voz autoritaria que no se callaba. Por eso salió de Caracol Radio en 2008. Un año antes, dejó de presentar farándula en el noticiero de Caracol porque sintió que ya no estaba aprendiendo nada. El equipo de La hora del regreso, la transmisión de la tarde en La W Radio, la contrató para que cubriera eventos. El conductor del programa, Alejandro Marín, dice que le impresionó su propiedad para hablar de moda: "Manejaba el léxico, conocía a los diseñadores, criticaba a las agencias". "Lina -continúa Marín- quería deshacerse del estigma de presentadora de entretenimiento y quería incursionar en temas políticos, cosa que no fue fácil por el menosprecio de diferentes directivos, que no la veían competente para ese tema".

Por eso no duró mucho en Caracol.

Lalinde afirma que, cuando quiso dejar el modelaje, en 2007, Lina no salió bien de Stock Models, la agencia donde estuvo 14 años en exclusiva y que la introdujo en el escenario del espectáculo. Irma Aristizabal, directora de Stock, dice que Marulanda se distanció de mucha gente por elección propia, que hubo contratos que no terminaron bien y que, no obstante, ella solo tiene buenos recuerdos de Lina en su agencia.

Cuando Lina tenía 13 años, la presentadora y también modelo Viena Ruiz la vio un día en Unicentro y le propuso, a ella y a su padre, que aplicara para ser modelo de la agencia. La única condición que puso la mamá de Lina, Beatriz, fue que cada vez que viajara a Bogotá tenía que quedarse en la casa de Irma.

Marulanda se quedó en Stock hasta el 2007 y volvió al modelaje en el 2008, ésta vez con la agencia Informa. El festival de moda que se llevó a cabo en Santander en mayo de 2009 coincidió con su cumpleaños 29, el día 15. Ese día, después de los 17 desfiles que ella y las demás modelos habían protagonizado, Lina organizó -libreto en mano- los Premios Oscares del Santander, un juego que premiaba a los personajes destacados del evento. El más divertido, recuerda Catalina Uribe, fue para la modelo Mónica Hernández, que se ganó el "Premio a la más muda". Cuando Lina le preguntó por qué era tan callada, Hernández le respondió que era porque ella nunca se callaba.

Evidentemente, Lina parecía ser una mujer feliz. Según Lalinde, ella prefería no exteriorizar sus tristezas y por eso es difícil saber por qué se acababan sus relaciones amorosas. En su cumpleaños 23, el empresario Luis Felipe Chacón le pidió matrimonio al frente de una chimenea. En el 2004 se casaron en las Islas del Rosario y duraron tres años, durante los cuales tuvieron un negocio de camisetas y otro de sándwiches. Cuando Lina volvió de presentar El Desafío, un reality show de Caracol en una isla, se divorciaron. Poco después ella confirmó su noviazgo con el actor y fotógrafo Diego Cadavid, del cual quedó el perro adorado de Lina, Pascual, un bulldog francés.

Lina adoraba muchas otras cosas. Adoraba bailar, cantar, reír, burlarse y criticar. Adoraba el reggaeton, la Milky Way, las comedias románticas y el buen whisky. No le gustaba la fruta y podía pasar horas viendo presentaciones de fisicoculturistas que mostraban sus músculos. Podía comprar por horas, y era fanática de los blusones de colores, los blue jeans y las botas marca Miss Sixty. Como no usaba mucho maquillaje -solo polvos y pestañina-, no se sabía maquillar, y de ahí que "La Gorda" Sandra, su maquilladora, fuera otra de sus adoraciones.

Lina también adoraba a sus padres -Beatriz y Jaime- y a sus tres hermanos -Paulina, Juan David y Mauricio-. Todos le decían "La Tata". En 2009 le diagnosticaron a Jaime una enfermedad en los huesos que implicaba traer unas costosas medicinas de Cuba. Encima, a Beatriz le encontraron un cáncer de seno. Hacía rato que Lina había asumido los gastos de sus papás y hoy ellos ya están curados. Lina vivió en Bogotá la mayor parte de su vida, pero nunca perdió el hablado arrastrado de Medellín, donde nació en 1980. Primero estuvo en el colegio católico Santa María del Rosario, donde tuvo como profesor de estadística, una de sus materias favoritas, a Jader Trujillo.

"Ella siempre fue de carácter fuerte -dice Trujillo-; era una líder, era alegre y era buena para las matemáticas". La carrera de Lina como modelo y su carácter rebelde chocaron con la filosofía del colegio y las monjas que lo administraban. En décimo, a los 16, pasó al colegio Parra París, de donde se graduó. Después vino a Bogotá y combinó el modelaje con su carrera de Mercadeo y Publicidad en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. En el 2002 entró al noticiero CM&, en 2003 pasó a Caracol y en 2009 trabajó para canales institucionales y para el alcalde Samuel Moreno. Lina Marulanda fue imagen de cuanto producto y portada de cuanta revista uno se pueda imaginar.

En el 2005 Lina y la modelo Alejandra Azcárate, otra de sus grandes amigas, se fueron de viaje por Europa con sus respectivos esposos, Felipe y Miguel. Aburridas porque el tren de Madrid a Toledo no llegaba, Lina y Alejandra fueron a buscar un trago. Querían una sangría, pero el único restaurante que vieron era chino.

-Señor, ¿nos puede vender una copa de sangría? -preguntó Alejandra al mesero.

-No vendo por copa -dijo el señor-. Solo por botella.

-Qué vaina -dijo Lina-. Nosotras no tomamos por botella; solo por botellón.

La siguiente escena de la historia es Lina Marulanda y Alejandra Azcárate cargando a cuatro manos un botellón de agua lleno de sangría del restaurante chino a la estación Puerta de Atocha de Madrid. Después aparecen Lina y Alejandra, borrachas, bailando y cantando en un tren camino a Toledo. En el desfile en Santander hace un año Lina hacía parte de las modelos "Top", un etiqueta que últimamente le molestaba: "no es 'Top' -decía- sino 'Toc'. Es el 'Toc-Toc' que los treintañeros tocamos cuando estamos de puerta para afuera".

Por Daniel Pardo

Fotos Hernán Puentes

MundoDonJuan

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