Interés DJ

Un buen trabajo: catador de mujeres

Por Jonathan Franklin

Fucking Job

Jaime se gana la vida probando mujeres. Su paladar decide quién sirve, o no, para el venerable oficio de acompañante. Y para saberlo se acuesta con todas.

Son las 9.30 a. m. y las chicas se están demorando. El café se está enfriando. Los croissants se encuentran solos sobre la mesa y Jaime, el semental, brinca por toda la habitación, dando patadas karatecas y gritándole a alguien por su celular. Más tarde le dicen que las acompañantes están acá y baja las escaleras volando para recibirlas. Desde las escaleras de mármol oigo el taconeo y la cháchara. Me asomo y veo desfilar a un grupo de niñas por las escaleras: una enfermera, una mucama, una azafata, una militar, una colegiala y lo que parece ser un disfraz de egipcia sobre la piel bronceada de una chilena que ahora le sonríe coquetamente a Jaime mientras entra en la habitación.

Las niñas gritan con placer cuando ven la oficina, una tarima elevada de baldosa negra cubierta por detrás con espejos, una bola de disco que centellea de colores y una baranda para strippers que completa el set. Cuatro de las acompañantes desaparecen en el baño cada diez minutos para hacer lo que sea que hacen las mujeres cuando hacen viajes grupales al baño, las otras dos revisan la habitación como si fueran a comprar el lugar, y salen al balcón regado por la luz del sol en su diminuta ropa interior, mientras que cuatro pisos abajo los buses citadinos y los trabajadores de oficina corretean por las calles.

Ya son las 10.30 y aquí, dentro de la suite, la jornada laboral apenas comienza en esta mañana otoñal en Santiago de Chile. Jaime Rascone, DJ extraordinario, me explica su labor. Realmente es bastante simple, todas estas niñas son acompañantes y la madame está considerando contratarlas para su servicio de VIP [www.fiorellachile.cl], pero antes de hacerlo tiene que realizarles varias pruebas: unas psicológicas, una sesión con un fotógrafo y luego tener sexo con cada una de ellas y reportarle a Fiorella su veredicto, después ella decide cuáles de las niñas se contratan.

¿El Follador Elegido? ¿Seis latinas antes del almuerzo? Esto lo tengo que ver.

Rascone ha estado follando de manera profesional durante más de dos años, y a finales de marzo él y Fiorella, la madame exigente, me permitieron seguirlo a una sesión para ver el desempeño de un hombre cuya oficina es una habitación de motel con una baranda de stripper, una bola de disco y un maletín lleno de condones, lubricantes y una laptop MacPro.
 
Las niñas llegan como aspirantes entusiastas, hambrientas (se devoran los croissants) y jóvenes (edad promedio de 22) e inmediatamente se fuman un porro para que las hormonas empiecen a fluir. Jaime sigue alegando con el dueño de un club y gritando por el celular: "Cada semana llamo y no hay cheque". Las acompañantes se dirigen a una habitación adyacente en un área de montaje donde se embadurnan los muslos de aceite corporal, se ajustan las esquinas de los minipanties para que sean aún más diminutos y se arreglan en los espejos. Luego de terminar su llamada telefónica, Jaime se acomoda en la cama mientras Fiorella le envía la primera niña, una mona tetona vestida de azafata que se envuelve en la baranda al ritmo de la música mientras que Jaime empieza a hacer anotaciones en su cuadernito negro.

Yo esperaba que él estuviera prácticamente quitándose los pantalones, pero luce más como el tipo que revisa en busca de golpes un carro alquilado cuando uno lo devuelve. Ella se lame los labios y lo mira como si le fuera a arrancar la camisa en dos segundos. La química aumenta, pero no precisamente gracias a Jaime que todavía parece necesitar otro galón de café para mantener los ojos abiertos. Mariana la azafata tiene veinte minutos para su ensayo.

Todo lo importante sucede en los primeros cinco minutos, explica Fiorella, la madame, quien les enseña a sus acompañantes a abrir la puerta con una sonrisa, nunca darles la espalda a los clientes y adaptar su repertorio a las fantasías de cada hombre. Aunque Fiorella puede juzgar la mujer con base en su sonrisa, simpatía, belleza física y los resultados de las pruebas psicológicas, ella necesita un hombre para la prueba final: Jaime.

Jaime es multinacional, nacido y criado en Chile, pero vivió en Los Ángeles y Europa durante varios años. Algunas veces trabaja como modelo pero su pasión es pintar y mezclar: es un DJ extraordinario, alguna vez lo vi en acción en una playa a donde llevó unos parlantes del tamaño de una nevera y la batería de un carro que, supongo, era la fuente de poder, con eso encendió una fiesta que duró desde las once de la noche hasta que me fui a las dos de la tarde del día siguiente.

Jaime entró en este negocio por casualidad. Estaba trabajando conmigo en un artículo sobre "El sexo en Chile" y la madame le ofreció el trabajo. Una aproximación tentativa es que él folla de esta manera sólo una vez al mes. Eso serían 6 x 12, más o menos 70 ó 75 niñas al año. Volvemos a la oficina. Mariana se desliza sobre la baranda y se contonea hacia Jaime. Sus ojos enmarcados por la gorra de piloto, sus senos meneándose: una cena completa. Su cuaderno se cae a un lado, la azafata se le monta encima y empieza a desabotonarle la camisa blanca. Ella baja la cabeza para besarle el pecho y él la agarra del pelo y la conduce hacia el sur. En este momento me salgo. Jaime me dará los detalles resbalosos más tarde.

Su cuaderno tiene el cuento:

Lo mejor fue lo oral, mientras jugaba con su cuca ella me metió en su boca... ¡ahhh! Lo mejor. Historia Oral... ni siquiera quiero pensar en eso otra vez [así de bueno estuvo], el tiempo se estaba desapareciendo así que me puse el sombrero (mal necesario en estas circunstancias) y se puso en estilo perrito, levantó su culo apretado y se empezó a mover de una manera que no puedo explicar mientras oía sus gemidos..., estaba resbalosa y mojada. Nos quedamos en esa posición hasta el final... Una ducha y siguiente.

Sigue una chilena alta y de piel canela con un disfraz de mucama. Sus largas piernas salen de la minifalda con un delantal blanco en la parte de adelante. No usa panties. Totalmente depilada, me revela Jaime después. La mucama, cuyo apodo es Javiera, se sumerge en el ensayo con un show de striptease. También se embadurna el cuerpo con aceite, está desnuda y se acerca a la cama. Se pone de rodillas y juega a que él es un rey, después se muestra atrevida y lo voltea y lo coge por detrás, cubriendo de besos su espalda, amasándolo mientras él intenta levantar la cabeza de la colcha abullonada. Ella lo domina, él hace el papel de víctima dispuesto y cinco minutos después ella lo voltea.

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