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El 'Pollo' y el 'Danubio Azul': el mejor toro y caballo de Colombia

Por: Simón Posada Tamayo Fotos: Sebastián Jaramillo

El pollo, un toro angus de la ganadería Dalcossio, es la joven promesa de una raza bovina que amenaza invadir el país con su carne tierna y joven. Danubio es considerado el mejor caballo de colombia

EL POLLO

El pollo, un toro angus de la ganadería Dalcossio, es la joven promesa de una raza bovina que amenaza invadir el país con su carne tierna y joven.

Se dice que el ser humano tiene 48 músculos en la cara. Para dar un beso usa 34. Para decir una palabra, setenta. Esta capacidad de comunicar cosas y expresiones con movimientos de la cara constituye una prueba más de que el ser humano es un animal complejo. Y bajo esta óptica, los bovinos son tan simples como un zancudo. ¿Quién ha visto a una vaca reírse o fruncir el ceño? De hecho, cuando un fotógrafo las retrata no sabe muy bien en qué punto enfocar su cámara. Si lo hace en los ojos, quedan desenfocadas la nariz, las orejas, la boca y la frente. Si enfoca la nariz, la vaca se convierte en una gran mancha blanca, negra o café coronada por una trufa de chocolate. Su cabeza no es fotogénica, no están hechas para la fama. No existe una vaca o un toro tan famosos como Lassie, Flipper, Tom y Jerry. Sin embargo ejemplares como El Pollo, la joven promesa de la ganadería colombiana, son omnipresentes, están en todas partes y no podemos vivir sin su bife de chorizo.

Sólo en Colombia hay cerca de 25'000.000 de cabezas de ganado, y sus dueños son tan diversos como los pasajeros de un vagón de tren en Nueva York. Yuppies con corbata en el bolsillo, señoras encopetadas, abuelitas marimachas, paisas adolescentes con calvicie, cirujanos plásticos famosos, dos o tres actores de telenovela y muchos llaneros, con poncho y sombrero, llantas de gordura en la nuca y chaquetas de cuero, como si se estuvieran convirtiendo en vacas. Y las tres palabras que más se escuchan en sus reuniones tienen que ver con sexo, carne y leche. Y dinero, mucho, y más si están en una subasta. Hay historias de animales que, sólo la mitad, han costado US$410'000.000. Pero un animal de este precio no está destinado al matadero. Nadie compraría una punta de anca por $50'000.000, ni pagaría por una botella de leche lo mismo que por una de Johnny Walker Blue Label. El precio de El Pollo podría ser de escándalo y el jugo de sus cojones podría mantener a una familia entera. 

Desde que la revolución genética llegó a la ganadería, el semen se convirtió en moneda corriente. Ahora, no sólo las vacas son ordeñadas. A los toros se les extrae el semen con una vagina artificial o un electroeyaculador, un dispositivo que se parece a un consolador femenino y que se introduce por el trasero para emitirle cargas de 20 voltios a la próstata del animal para hacerlo eyacular cerca de 200 ml, dos tercios de una botella pequeña de Coca-Cola. Luego el semen se empaca en tubitos, llamados pajillas, de 0,5 ml, que se venden entre $10.000 y US$500, según el prestigio del animal. Es decir, de una eyaculación salen cerca de 400 pajillas. Un óvulo necesita entre una y cuatro pajillas para convertirse en un embrión. En una eyaculación, por lo tanto, se originan al menos cien animales.

Pero ante tanta abundancia de semen, el problema es la escasez de óvulos. Una vaca puede tener un óvulo por mes, pero el desgaste de un embarazo apenas le permite tener diez crías en toda la vida, un verdadero desperdicio si se trata de una vaca de buena familia. Sin embargo, la ciencia genética ya solucionó el problema con la transferencia de embriones, al proporcionarles hormonas a las vacas para que tengan más de un óvulo por mes. Se fecundan y nueve días más tarde se extraen los embriones y se depositan en vacas de menor categoría. Es como si el semen de Jon Voight hubiera sido envasado en pajillas, Marcheline Bertrand hubiera consumido alguna sustancia que la hiciera tener más de un óvulo por mes, se unieran los dos ingredientes en un laboratorio y los embriones resultantes se los pusieran a mujeres de todas las calañas para dar a luz a un ejército de Angelinas Jolie.

Está comprobado que la información genética de la madre receptora no pasa al hijo. Y no existe el peligro de que estas Angelinas del futuro -o los pelirrojos "pollitos" del futuro- nazcan con una pierna negra y otra blanca, el pelo rizado, los pómulos gigantes, el ojo derecho abierto y el izquierdo rasgado. En el maravilloso mundo de la genética, hasta el toro más aristócrata ha nacido de una cualquiera. Como El Pollo.

Todos los días, este imponente semental pasa la noche en un potrero del tamaño de una cancha de microfútbol entapetada con un pasto tan tupido como un afro. La ensalada que se come a diario está preparada con pastos como el kikuyo, raygrass, trébol rojo y lolium. Y para que la deguste de forma ordenada, el potrero se encuentra dividido por un cable electrificado que se corre cada mañana para que siempre tenga una nueva franja de pasto fresco. Pero su plato fuerte está compuesto por 4 kg de silo, 3 kg de concentrado, sal con minerales y quince o veinte litros de agua. Y lo come durante todo el día, toda su vida. Ahí reside el gran poder de los bovinos: viven para comer, y cada gramo de pasto se convierte en carne roja y jugosa. Y el angus es el que mejor lo hace.
Los antepasados de El Pollo son escoceses, y como buen representante de su clan, El Pollo es pelirrojo.

El país del whisky y el haggis tiene la mayor tasa de pelirrojos del mundo: 13%. El 40% de las personas que no lo son, tienen el gen en su sangre, esperando que explote en sus hijos. En ese contexto no es extraño que los papás de El Pollo fueran angus negros y que su hijo naciera rojo. Esa diferencia de color no altera en nada la carne, una carne con un sabor fabuloso que nace de una capacidad genética: la grasa es el secreto del sabor, y los angus la distribuyen muy bien en su cuerpo, hasta en la fibra más pequeña de sus músculos. Incluso el lomo de un angus, una de las piezas más insípidas por su falta de grasa, tiene buen sabor. Por eso, no importa que las vacas y los toros no sean inteligentes y no tengan músculos en la cara para poder sonreír en las fotos o en la televisión. Su astucia es divina y no se compara con ninguna hazaña bíblica. Jesús multiplicó los panes un día de su vida, pero ellos convierten el pasto en carne todos los días. Por los siglos de los siglos. Amén.

 

DANUBIO AZUL

Danubio vive a unos pocos metros del gran comisario, considerado el mejor caballo de colombia. Pero Danubio tiene un as guardado en la sangre. Por sus venas corren los genes de terremoto de Manizales.

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