Por: Simón Posada Tamayo Fotos: Pizarro, Diego Cadavid y Julián Restrepo
Perfiles de las mujeres según la región. Pros y contras de las mejores mujeres de Colombia
PAISAS
Por: Simón Posada Tamayo
Soy paisa y tengo muchas tías. hay una que tiene un fetiche por el barro -se lo unta en todo el cuerpo y hace cerámica-, cocina tan bien que hasta los vasos de agua le quedan deliciosos y tiene joroba porque colecciona piedras y siempre camina mirando el piso; otra vivió en la España posfranquista y por eso se viste como en las películas de Almodóvar; otra ha visto castillos de cristal en el Titicaca, ha acampado en Machu Picchu para invocar a los antiguos incas, es vegetariana extrema, al punto de pensar que una omelette es una masacre y sólo come pescados menores de 13 cm; hay otra que colecciona dedales, tiene unas orejas un poco grandes que le permiten oír conversaciones a tres paredes de distancia y se sabe los cumpleaños de más de cincuenta personas; y hay otra que recorre las calles de una ciudad de Suecia con un traje de astronauta chupándole la sangre a la gente a cambio de un llavero con el logo de un banco de sangre.
Mis tías abuelas no se quedan atrás en excentricidades: una dejaba a sus hijos solos desde pequeños -varios están muertos y otros han estado en la cárcel- para irse a cine a ver funciones dobles de Bruce Lee y Tarzán; otra hablaba con su perro -y él le respondía-, pero hoy en día es más lúcida que un banquero, y otra fue boy scout y mataba serpientes en su finca con la facilidad de una mangosta.
Hablemos también de mis abuelas: la mamá de mi papá tuvo siete hijos, un aborto y estuvo al frente de su cocina hasta unos meses antes de su muerte -de hecho, murió de pie-. La mamá de mi mamá tuvo once hijos, casi igual número de abortos -los paisas nos reproducimos como conejos-, le encantan la música clásica, el tango y a sus casi ochenta años sigue lavando platos, cocinando, trapeando, planchando y cuidando a algunos de sus hijos. A mi mamá la sacó del colegio un tiempo para que la ayudara en los oficios del hogar. Mientras ella les lustraba los zapatos, sus siete hermanos jugaban al fútbol, trabajaban, estudiaban, bebían, tenían novias y vivían.
La mayoría de las paisas tienen tres elementos familiares en común: sus mamás son machistas, sus hermanos son las niñas de la casa y sus papás tienen una terquedad forjada en el horno de los años, que caracteriza a todo el departamento y que tiene su razón de ser en un hecho geográfico: 80% de Antioquia es montañoso. Por eso, los paisas siempre han sido comerciantes, y la terquedad caprichosa de la montaña se les metió en la cabeza mientras sus mujeres cuidaban el hogar. De ahí la fama de las paisas de mujeres hacendosas, tanto que Constanza Morales Arias, en un artículo de la revista Diners, se atreve a decir que "ninguna mujer de Colombia es capaz de negarlo. Las paisas son las mejores madres, las profesionales más brillantes y las esposas más consagradas". Yo no estaría tan seguro.
El doctor Juan Hernando Santamaría, fiscal nacional de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva, tampoco tiene medio de generalizar -costumbre muy antioqueña- y dice que las paisas son las más bonitas de Colombia. Yo tampoco estoy tan seguro de esto, pero también debo decir que no tengo primas feas y que son producto de una mezcla de vascos y emberas durante más de 250 años que se refugiaron en el nudo de las cordilleras Central y Occidental que atraviesan de sur a norte el departamento. Esta situación creó un aislado genético mayor que el de la población francesa de Canadá, que moldeó una mujer de 1,65 m a 1,70 m, buena cadera y busto de no más de 250 g cada seno. Pero la moda les exige a las paisas cerca de 400 g, y la obsesión por la delgadez se ha transformado en un problema de salud pública: en 2007, 17,7% de las adolescentes de Medellín sufría de anorexibulimia, y 33,3% está en riesgo.
Sin embargo, buenos cuerpos no son sinónimo de buen sexo.
Se dice que las paisas son sumisas en la cama, pero esta visión no encaja con otra: son cómodas, y la comodidad, el frío y el asco son los principales enemigos del buen sexo. Quizá esa sea la razón de la fama de que lo primero que le miran a un hombre es la billetera. Yo creo que es una costumbre extendida en la provincia colombiana y que he visto más en costeñas y santandereanas. Las paisas buscan seguridad, y eso significa amor eterno y, en el caso de las paisas menos educadas, buena billetera.
Mi tía abuela boy scout me contó que en la familia de mi papá existía la costumbre de matrimonios entre primos para evitar la entrada de afroamericanos en la familia. De hecho, mi abuelo era apellido Posada Posada, hijo de primos hermanos. Ahí entendí que era terco de genética, y agradecí por la buena suerte de la familia: nadie tiene cola de cerdo ni es "el bobito del pueblo", un fenómeno que se da en Antioquia más que en cualquier otro departamento del país. Sin embargo, yo me llamo Simón, como el personaje de Rafael Pombo.
La práctica del "entre primos más me arrimo" hizo que mis tías paternas sean poco caderonas, tetonas, blancas y narizonas. Lo contrario pasa con mis tías maternas: caderonas, senos pequeños y piel morena. Y no sólo en lo físico se diferencian mis tías: las cinco hermanas de mi papá están casadas, y mi mamá era, hasta el año pasado, la única de las cuatro hijas que se había casado. Pero si hay algo en común entre todas mis tías es que sus características son exageradas, de caricatura. Una palabra para definirlas sería "extremas".
Sin embargo, de la generación de paisas de los 18 a los 25 años no puedo decir lo mismo. Son mujeres juiciosas, buenas estudiantes, muy bonitas, pero no extremas. No les veo la pasión por la vida de mis tías ni de otras paisas ilustres como Débora Arango -la primera mujer en pintar desnudos en Colombia-, Bertha Hernández de Ospina -primera dama que peleó por el voto femenino-, Mariana Arango Trujillo -primera profesional graduada del país- o Piedad Córdoba -el único ser que puede liberar secuestrados-. Su mayor ejemplo es Ally McBeal -odio a esa bruja-. Son cerradas, cursis y confundidas. Son mujeres bidimensionales -a pesar de sus curvas- y poco interesantes. Cambiaron la comodidad del patriarcado de sus abuelas por la de sus estudios, trabajo, cirugías o matrimonio. Las paisas están en peligro de extinción. Hay que salvarlas.
Johana Uribe
Una fruta: la fresa.
Un plato de comida: Un buen "calentao" paisa.
Un recuerdo de la infancia: Los juegos con pantano después de llover.
Un color: el púrpura.
Un plan: Cine.
Música: Chill Out.
Rumba: Cross over.
Un conjunto de ropa: los vestiditos cortos tequila.
Es presentadora de 'Por fin de semana' en Canal Capital.
Carolina Muriel
Una fruta: Piña.
Un plato de comida: Sushi de salmón.
Un recuerdo de infancia: La excursión de colegio a San Andrés, acompañada de cubalibres.
Qué tipo de rumba prefiere: Crossover en Penthouse
Un conjunto de ropa: Tacones, jeans y blusa.
Un hombre que sepa bailar o sea buen conversador: un bailarín.
Mara Roldán
Una fruta: Fresa.
Un plato de comida: Sushi, de salmón o de ánguila de Watakushi y de Señor Itto
Una frase recurrente: "Lo mejor!"
Un recuerdo de infancia: me molestaban mucho en el colegio por ser flaca.
Un color: rojo y negro.
Un plan: viajar a la playa.
Música: reguetón de Wisin y Yandel y la salsa Marc de Anthony.
Planes profesionales para el futuro: estudiar actuación y estoy empezando una empresa de botas llamada Sibaná.
MÁS:
Duelo de hembras: costeñas
Duelo de hembras: caleñas
Duelo de hembras: bogotanas
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