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Amparo Grisales, perfil de la diva que pelea contra la vejez y el rating

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Tiene más de cincuenta años y tiene la energía y el cuerpo como si tuviera 18. Pelea contra la vejez, la celulitis y el rating. Perfil de una diva en medio de la soledad de la fama.
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Tiene más de cincuenta años y tiene la energía y el cuerpo como si tuviera 18. Pelea contra la vejez, la celulitis y el rating. Perfil de una diva en medio de la soledad de la fama.

A las 12.00 de la noche, de cada 31 de diciembre, mientras el mundo festeja otro año, Amparo realiza un ritual en el mar. Con el agua hasta los muslos y vestida con un diminuto bikini blanco, deja los años flotando sobre las olas en una playa de Cartagena. Se frota con pétalos de rosas blancas y moja su suculento cuerpo con dos botellas de champaña. Sale rejuvenecida, como los personajes de La fuente de la juventud (1546), del artista alemán Lucas Cranach. No es un capricho. En su mundo, todos estos rituales tienen una lógica perfecta.

-Me visitan otros seres -afirma con toda la seriedad del caso- a los 14 años vi un ovni.

Desde hace algunos años, lo primero que hace en la mañana es hablar con los ángeles. Se sienta con las piernas cruzadas en su cama doble -que siempre está tendida con sábanas blancas mientras que en su mesa de noche no falta un enorme ramo de rosas blancas- y realiza un ejercicio de respiración y meditación en el que convoca -a través del Tarot Angélico- a uno de sus ángeles favorito: Tobías, su eterno acompañante y amigo. Por varios minutos permanece conectada con Saday "un lugar en el que se encuentra la luz de Dios y viven los maestros y los seres de luz. También los ángeles y la energía de las plantas. Busco la evolución de mi alma que siempre cuadra la geometría de mi cuerpo. Esa dimensión -afirma tajante- me mantiene joven".

Amparo ha buscado diferentes respuestas a sus inquietudes religiosas en la cábala y en la cienciología. Asistió a la fiesta de celebración de los 36 años del surgimiento de la cienciología -en la época en que vivió en Los Ángeles y se dedicó a descansar y a estudiar inglés-, y compartió mesa con John Travolta y Yeardley Smith, la persona que hace la voz de Lisa Simpson.

Cuando sale del trance matutino, le pide a Gladis Robles -su empleada desde hace 22 años- un vaso de agua energizada que extrae de un filtro con piedras de mar. Antes de servirla, Gladis la revitaliza con el Pigmag Optimizar de Nikken: un objeto en forma de licuadora con dos imanes -negativo y positivo- que giran impulsados por un motor eléctrico hasta crear un campo magnético que reactiva las moléculas en el agua. El proceso toma nueve minutos, lo suficiente para prepararle su infaltable arepa con jugo de naranja y tinto.

Además de los ángeles, los libros sobre metafísica y otros con títulos como El poder del ahora, de Eckhart Tolle, su mayor adicción es el ejercicio.

-Si tardo más de dos días sin ir al gimnasio me da malgenio y me siento pesada porque necesito soltar las cosas negativas.

Uno de los responsables del descomunal cuerpo de Amparo Grisales, una mujer que ha sido portada de mil revistas mostrando sus piernas y sus abdominales y algo más desde hace 37 años, es Carlos Páramo, el preparador físico con el que se reúne a las 11.30 de la mañana, desde 2006. Durante el entrenamiento, Páramo le mantiene la frecuencia cardiaca entre 125 a 145 pulsaciones por minuto para quemar calorías (una frecuencia bastante alta para una mujer de su edad). Su rutina empieza con 20 minutos en una trotadora, luego hace pesas sobre superficies inestables como cojines o balones de plástico para mover todo el cuerpo y trabaja series de 15 a 20 repeticiones en diferentes ejercicios. Todo termina con una larga rutina de estiramiento. "Amparo tiene mucha más fuerza que muchas niñas de 20 a 25 años. Los ejercicios que realizamos reactivan todo su cuerpo y la ayudan a perder grasa, tonificar y retrasar la vejez", comenta Páramo que le ha impuesto, entre otras cosas, una dieta diaria compuesta por 15% de carbohidratos y 75% de proteínas y minerales.

Su apartamento es como un enorme altar de sí misma. Todos los espacios están plagados con ramos de flores -que cambia cada ocho días- de cartuchos, azucenas blancas o rosas amarillas o aves del paraíso. También hay velas blancas repartidas por todas partes y en el ambiente flota un leve olor a canela. Pero también, por donde uno mira, ella aparece en diferentes colores, trazos y poses: como una estampilla de una figura religiosa pop. Sobre la chimenea de la sala, hay una gran fotografía en blanco y negro tomada en el hotel Plaza de Nueva York, en la que aparece vestida con una minifalda y sentada con las piernas cruzadas junto a un piano de cola. Hay un afiche en el que hay un primer plano de su cara mandando un beso y hasta un fotograma de una campaña publicitaria de jeans. En las paredes restantes hay retratos hechos por su ex esposo, el pintor argentino Germán Tessarollo, que en su afán de contenerla "me pinto hasta viéndome por televisión cuando hice Los pecados de doña Inés de Hinojosa". 'Kaperuza', su estilista y uno de sus mejores amigos, me cuenta que Amparo escapó de Tessarollo un día en el que él salió de viaje y ella aprovechó para alistar sus maletas y huir con Gardel, un gato siamés. "Tessarollo quería ahogarla y ella aún era demasiado chiquita y hermosa como para volverse una ama de casa", me dice.

Escapar no fue un capricho, Amparo sufría en ese encierro: "él no quería que fuera actriz", afirma, "y apagaba mis ganas todo el tiempo".

Se casó de 16 años. Había llegado a Bogotá con la excusa de visitar a una de sus tías en temporada de vacaciones pero no quiso volver a Manizales. Quería sería actriz y continuar sus clases de arte dramático en Bellas Artes, validar el bachillerato y dejar de jugar para la liga de baloncesto del departamento de Caldas y la selección Colombia.

Los amores de Amparo son un capítulo aparte. Han dicho que salía con Julio Iglesias, con el cantante español Bertín Osborne, que intentó seducir al ganador del Reality Protagonistas de novela, Haider Villa, que iba a tener un hijo con Juan Manuel Dávila. Amparo, sin embargo, pasa por encima de todas esas historias y dice que el actor mexicano Jorge Riveros "fue el verdadero amor de mi vida". Su mamá, que aún guarda en un enorme baúl, además de todos los recortes de noticias sobre su hija, la ropa de recién nacida y su vestido de comunión, las cartas de amor entre Amparo y Jorge Riveros. "Hace poco encontró más cartas y vine a leerlas con ella. Las leía mientras se me escurrían las lágrimas".

-No ha aparecido el hombre con el que decida compartir mi vida. Estoy sola pero muy bien acompañada -pero no quiso hablar del joven -de 22 años aproximadamente- con el que la vieron en el pasado reinado nacional de belleza.

Al parecer, ahora su único amor -amén de los rumores de un empresario español que vive en Cartagena- es su perro Tango; cada vez que llega a su casa, Amparo lanza un grito meloso:

-¡Cómo esta mi bebé prechoso, el niño, el nené de la casa! - él es el tercer perro que tiene Amparo. Primero fue Copito y después siguió Dandy. Todos han sido unos esponjosos French Poodle.

No quiso tener hijos porque "era una gran responsabilidad que no me sentía capaz de asumir. Hay que dedicarles mucho tiempo", pero tiene a sus sobrinos que consiente como si fueran sus hijos.

Además de sus novios, o supuestos romances, siempre ha tenido muchos admiradores. En 1983 participó en el concurso de conejita Penthouse, y quedó de segunda. El resultado no le importó porque "Andy Gibb, el cantante norteamericano, que fue jurado, declaró públicamente que lamentaba que no fuera la ganadora", dice, mientras Kaperuza -jugando con su bufanda oscura- añade que "The New York Times la sacó en primera página con un vestido típico". Otro de sus grandes fans ha sido su gran amigo Ernesto Samper. El ex presidente no olvida cuántas veces tuvo salir corriendo de una reunión rumbo a su casa para disfrutar de unos minutos "como buen voyeurista, de los amores lésbicos de Margarita Rosa y Amparo Grisales en Los pecados de Inés de Hinojosa".

Samper la conoció en la casa del ex director de la revista Cromos, Julio Andrés Camacho, en una fiesta en la que también estaba invitado el también ex presidente, Belisario Betancur. "Fue una experiencia desconcertante", recuerda Samper. "Apareció por esa puerta con un largo abrigo de mink y una minifalda. No olvido esa imagen. Esa noche hicimos los mejores esfuerzos por agradarle. Yo eché mis mejores chistes y Belisario recitó sus poemas, pero se terminó la reunión y salió sola en un taxi para su casa". Samper reconoce que odia a la "nevera mexicana (Riveros)", pero que "son simples y muy serios celos segadores".

A la pregunta: ¿Qué edad tiene Amparo? Samper respondió que "con la edad de ella no se juega. Porque pierdo la amistad. Hace algunos años, era tan divina como hoy. Es la única diva que existe y ha existido en Colombia". Pero Amparo es una mujer sin edad. Ha permanecido detenida en el tiempo y ha salido bien librada de las especulaciones: se ha especulado que tiene más de 45 años, que ya pasó de los 55 e incluso que está muy cerca de los 60. Nadie tiene certeza. La revista Aló publicó -en la edición de enero de 2007- su cédula de ciudadanía, y según esa copia, nació el 19 de septiembre de 1956. Pero su edad, 53, 54, 55, 45 o 40, realmente no importa, porque Amparo se amolda a los tiempos.

"Luz Marina y Patricia se quedaron con la música retro y los boleros. A mi me gusta trascender con música electrónica, no me descresta el folclor. Nunca voy a oír tríos ni rancheras. Me encanta el chillout o el reggae", y muestra parte de la lista de reproducción de su iPod con más de 3.000 canciones con música de Barry White, Budda Sounds, Café del Mar, Bajo Fondo y los Rolling Stones. "Cuando salgo bailo toda la noche. Cuando me enrumbo, me enrumbo hasta dos días". Detesta el Internet y los celulares Blackberry. "El amor ha cambiado", dice. "La gente se conoce, se casa y hasta hace el amor por el computador", concluye con la voz en alto y piensa que las nuevas generaciones se "están perdiendo del contacto de la seducción. Me dan malgenio los novios que se comunican con mensajes a través de su Blackberry o por Messenger. Los 'pelaos' de ahora no hablan, ¡qué pasó -dice como una viejita- con las postales y la cartas!".

-El fin del mundo está cerca -sentencia-. La tecnología está deteriorando "la capa futónica".

Amparo no es una mujer de muchos amigos porque dice que la mayoría la ha defraudado. Una de sus colaboradoras la metió en líos con la DIAN, porque supuestamente estaba evadiendo los impuestos. "Mis colaboradores por años me han clavado el puñal. Lo que sucedió fue que ella se robaba el IVA, parece que tenía un amigo en el DAS que le pasaba las cuentas".

Por eso -desde hace años- decidió refugiarse en su familia.

La cabeza de la familia Grisales es Delia -la mamá de Amparo-, una matrona manizaleña de no más de 1,60 metros de altura, que nunca sale de su cuarto sin antes peinarse, acomodarse un vestido largo y ceñido al cuerpo, maquillarse con un perfume dulce y ajustarse sus tacones, "de ella heredé la obligación de siempre andar bien arreglada". En su familia -afirman en coro Amparo y Delia- hay ministerios. Su hermana mayor, Luz Marina, asumió el ministerio de Salud; Patricia, la menor, el de Hacienda; Omaira, Medio Ambiente; Fernando, "el bebé de la casa", el ministerio de Desarrollo y Amparo -por supuesto-, el de Comunicación y Cultura. A pesar de que ya son adultos, Delia los trata como si todavía fueran sus niños, "cada uno tiene su propio cuarto para cuando se aburran o quieran venir a dormir". Todos los días la deben llamar para contarle sus planes en el día, "si no la llamo a contarle que me van a entrevistar se pone brava conmigo", y si están cerca de su casa, dice Delia, "los invito a comer de la mazamorra que preparo, sagradamente, todas las mañanas".

Amparo fue una de las niñas más famosas del barrio San Antonio de Manizales. Con sólo ocho años, con la ayuda de Delia y tres hermanos, hacía presentaciones de todo tipo en el patio de su casa. En el día se encargaban de crear el escenario con las tablas de sus camas y las cajas de frutas que les regalaba uno de sus vecinos. Lo hacían todo. Adornaban la fachada y cosían el vestuario: sombreros, guantes y faldas, y fabricaban muñecos con engrudo, "presentaron la mayoría de los cuentos de Rafael Pombo y cantaron todo el repertorio de Rocío Durcal y Ana Gabriel", recuerda Delia que, entre otras cosas, les enseñaba a caminar y a modelar. También se inventaban reinados de muñecas que terminaban en una procesión "real" en los carros de balineras que simulaban las carrozas. Toda la cuadra juzgaba a las participantes. "Amparo era muy tímida y siempre andaba pegada a mis espaldas para que la defendiera", recuerda su hermana Luz Marina.

De esa timidez no queda nada. Su tono de voz alto y temperamento volátil, produce en las personas que la rodean un estresante ambiente de miedo y desconcierto. Es como una aplanadora. La mayoría de las personas lo piensa dos veces antes de hablarle.

-¿Y esto?

Amparo tomó la entrevista de Viña Machado, publicada en la sección de Cultura de El Tiempo, titulada "Por ahora me siento Doña Flor y no Viña" y en la que -en una parte del artículo- afirmaba que no le asustaban los antecedentes de las actrices que antes habían encarnado el papel de Doña Flor, entre ellas Amparo.

-¡Esa niña qué se cree! -gritó- ¡Jorge Alí me invitó al lanzamiento y no pienso ir!

Y unas cuadras más adelante, una llamada a su celular desencadenó una serie de insultos y alaridos sobre la asignación de Ana Marta de Pizarro como nueva directora del Festival Iberoamericano de Teatro.

-¡No 'mija' qué le pasa! -resoplaba- Tanto que he luchado y esa ("#$%/&"#)... -¡Si no hay festival es por su culpa! Esperemos que don Gustavo Vasco deje trabajar a Ana Marta.

Todo el mundo parece tener una anécdota alrededor de su furia. Muchas personas tienen todavía en el oído el eco de sus gritos y han quedado con pocas ganas de volver a trabajar con ella. María Cecilia Botero -según varias fuentes- tuvo que soportar una pelea con ella en el rodaje de la telenovela Dos mujeres, pero la propia María Celicia no recuerda la pelea, sus flash backs tienen otro tinte: "sí exigía que le pusieran luces para verse bien. Todo el tiempo quería estar enfocada", afirma. "Amparo siempre ha tenido un temperamento fuerte y se ha hecho respetar. Es una buena persona". "Amparo exige una cuota de perfección en todo lo que se hace en el set, cuando algo no le parece, no se lo guarda; lo grita. Alguna personas pueden tomarlo como el capricho de una diva o física arrogancia, pero una persona que lleva casi 40 años al frente de las cámaras definitivamente sabe lo que hace", dice Manuel José Álvarez, su director en Doña Flor y sus dos maridos.

Su carrera en la televisión empezó hace 37 años en La María, una adaptación de la novela de Jorge Isaacs. Después siguieron éxitos como Gracias por el Fuego, basada en la obra de Mario Benedetti. También, El Gallo de Oro, de Juan Rulfo, y La Mala Hora, de Gabriel García Márquez. Al mismo tiempo, inició su carrera en el cine en películas como La Virgen y el Fotógrafo, Bésame mucho, Bolívar soy yo, Manuela, De mujer a mujer, Tiempo para amar y Unknown. En 1985 actuó con Carlos Vives en la telenovela Tuyo es mi corazón. Tres años más tarde escandalizó al país con Los pecados de Inés de Hinojosa. De allí en adelante se instauró como la gran diva en la telenovela En cuerpo ajeno, La Sombra del Deseo y Dos Mujeres.

En el Teatro Nacional trabajó en Doña Flor y sus dos maridos. Más adelante, participó en elreality, Gran Hermano Colombia y después Protagonistas de novela 3: El juicio final. Hizo el monólogo No soy feliz, pero tengo marido, y un papel en la telenovela colombo-estadounidense Madre Luna, y en la serie Las Fantásticas. Ha obtenido cientos de premios y trofeos que, con sus fotos, son el principal mobiliario de su apartamento, entre ellos, dos Indias Catalina, un premio TVyNovelas y otro ala Diva de divas de la televisión colombiana.

Después de salir del gimnasio, Amparo se ducha, se arregla, se aplica una gota de perfume Orquídea negra, de Tom Ford y reconoce que la eterna belleza cuesta. Vamos al centro comercial Andino. La mayoría de hombres voltea a verla, mientras que las mujeres arrugan la cara y hacen un gesto de gato persa. "Vamos a hacer mercado", me dice. La primera parada es en el almacén de cosméticos Fedco y llena una bolsa de Omega, Zinc, calcio, colágeno, barras de chocolate dietético nutribar, dos barras de crema dental Lacer Blanc, dos tintes de pelo, L'oreal 8.1 rubio, claro, cenizo y otro 7 rubio-cenizo, y Cejas 53, Black. Una cuenta total de 200.000 pesos. Después sigue en La Riviera: lápiz de ceja Spiked, delineador gel Dipdown, polvo para la cara NW43, Studio Fix, y en el almacén L'Occitane compra sales exfoliantes, jalea de miel y limón, azucares exfoliantes, gel anti-retención de aguas y leche de belleza de Uva. En la Riviera, la cuenta fue de aproximadamente 700.000 pesos. Y seguía sumando. En Multiópticas recogió sus gafas Armani, se había sentado encima de ellas y había tenido que rotar su colección de Cartier, Bulgari, y Ray Ban. En la tienda de cristales Swaroski, apenas entró, lanzó una pregunta de cliente vieja:

-¿Qué ha llegado nuevo?

Amparo colecciona -además de trofeos y fotos suyas-, estrellas y mariposas (tiene un anillo de mariposa en la mano). "¡Este sitio me encanta!", me dijo, y mientras tanto escogió un dije para su empleada. "Hoy es su cumpleaños", me explicó. Salimos de Swaroski. En ese momento -porque todo el tiempo la había perseguido como un perrito faldero- sentí el peso de ser ella: las cuatro bolsas de compras que le cargaba pesaban una tonelada.

Era el peso de la belleza y de una pelea sin tregua contra los años y el olvido.

-¡Tienen que prender el televisor a las 7:00 p.m.! -le ordenó por celular a sus amigos y conocidos para que vieran la novela Madre Luna, mientras nos enfilamos hacia otro almacén. Necesitaba un saco o, por qué no, otra crema antiarrugas.

MundoDonJuan

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