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Wallstreet: El viejo y la plata

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El millonario que vio la invención del avión

98. Ese es el número de años que tiene el hombre en el puesto número 234 de la lista de billonarios de Forbes. Se trata del suizo Walter Haefner, dueño de una fortuna estimada en $2.700 millones de dólares, en una industria que definitivamente se ha visto muy afectada por la crisis (hace dos años, el número llegaba hasta 8.300 millones de dólares).

En efecto, es más impresionante su edad que su fortuna. Walter Haefner nació el 13 de septiembre de 1910... Si, 1910. A él le tocaron la primera y la segunda guerra mundial, la Gran Depresión de 1929, la invención del avión, la Revolución rusa, Woodstock, el primer hombre en la Luna..., el hombre, se podría decir, lo ha visto todo.

Haefner hizo su dinero con Computer Associates, una compañía de software que opera en Estados Unidos. Y hasta la historia detrás de la misma tiene sus años: en 1968, Haefner vendió su negocio de procesamiento de datos a University Computing, una compañía que luego fue adquirida por Computer Associates, de la cual el billonario tiene hoy 24%.

Pero no solamente del software vive el hombre. Haefner es el importador en Suiza más grande de marcas tan reconocidas como Volkswagen, Seat, Skoda y Audi, a través de su compañía AMAG. En efecto, este es el origen de su fortuna; cuando era joven, Haefner estuvo laborando en General Motors Corporation en Suiza, antes de mudarse a Inglaterra, donde trabajó en un concesionario, antes de regresar a su país natal a fundar otro concesionario de la marca Volkswagen.

A raíz de esta apertura, se dio cuenta de la utilidad que le podía prestar un computador a su negocio, particularmente para la contabilidad y la nómina. Fue entonces cuando importó la primera computadora IBM que llegaba a su país.

A pesar de su fortuna, Haefner sigue viviendo con su esposa en la misma casa de seis cuartos que compró en 1948 en Zúrich. De hobby, se dedica a los caballos desde su finca en Irlanda, en donde tiene cien ejemplares en una extensión de 440 acres, de la cual han salido campeones mundiales del deporte de reyes. Claramente, Suiza es mucho más que fondue de queso y relojes cucú.

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