Edición 115

¡Advertencia!

Las chicas buscan hombres mayores de edad

Si no tienes 18 años
No entres a esta página

Publicidad

Manual de urbanidad de Carreño para redes sociales en el siglo XXI

 - Autor: 

La etiqueta no está muerta, simplemente ha cambiado mucho desde los tiempos en los que todos cargaban pañuelo y reloj de bolsillo. Estas son algunas reglas de decencia modernas para el hombre de hoy.

 Escrito en 1853 por el autor venezolano Manuel Antonio Carreño, el Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres ha sido tan popular como la Biblia en esta parte del mundo. Por generaciones fue usado como la guía básica de conducta, y muy posiblemente lo conocieron sus papás y abuelos. De ahí es que saben cuándo ponerse o no ponerse el sombrero.

¿Pero en verdad tienen alguna utilidad en este siglo reglas como “en el acto de beber, ya sea licor o agua, fijemos la vista en el vaso o en la copa, y no la dirijamos nunca hacia ninguna otra parte” o “aunque el templo es por excelencia el lugar de la oración, a ninguno le es lícito rezar tan recio que perturbe a los demás”? Hay temas más urgentes para instruir a los jóvenes –y a los ñeros– de esta generación, y aquí están nuestras reglas para algunos de ellos:

1) Muestras de afecto personal: a menos que sean abrazos o picos, totalmente prohibidas en público. A nadie le gusta ver evidencia de su felicidad si esta involucra intercambio de fluidos corporales en el pasillo de un centro comercial.

2) Uso del celular: no tiene nada de malo usar el celular cuando se está solo, sea en el Transmilenio o en la calle, aunque en esta última la cuestión no es de etiqueta sino de seguridad. Sin embargo, si se encuentra en una conversación con una o más personas, por favor no saque su celular sin primero excusarse, sea para hablar o incluso para escribir por WhatsApp. Y así se excuse, no lo haga en repetidas veces. Máximo una vez por hora, en caso de extrema urgencia.

3) Audífonos: si ve a alguien en un sitio público usando audífonos, posiblemente no es la persona a la que debería acercarse a preguntarle direcciones o –¡peor aún!– con la que quiera intentar iniciar una conversación. Los audífonos son una especie de señal que ha de interpretarse como “¡NO MOLESTAR!”; claro, a menos de que se trate de algo urgente.

4) Detenerse en la calle: depende del contexto. Si, por ejemplo, usted está caminando por el sector empresarial de la ciudad y uno de esos sujetos de UNICEF le pide cinco minutos para pedirle dinero una donación, o un hombre bien vestido le pide direcciones o la hora, no hay problema con detenerse a responder; por el otro lado, si está en un barrio solitario en mitad de la noche y un sujeto sospechoso intenta pararlo, creo que es mejor quedar como el infeliz que no se detiene a ser el tonto al que robaron. Y bien, tenga en cuenta esto cuando usted mismo intente parar a alguien en la calle.

5) La basura: sea una caja de cigarrillos o el empaque de un chicle, si no hay un contenedor donde arrojarla busque uno o guarde la basura en su bolsillo. No la tire a la calle, porque esa basura es la que hace que la ciudad se inunde y usted corra el riesgo de morir ahogado o, si tiene suerte, se le mojen las medias. También, si se encuentra en algún restaurante de comida rápida o la plazoleta de comidas de un centro comercial, lleve las sobras de su bandeja a la basura y no las deje ahí tiradas.

6) Reglas para el fumador: cuando se encuentre con una o más personas y vaya a fumar, sería cortés de su parte preguntar si a nadie le molesta que usted fume; si no quiere arriesgarse a preguntar –porque siempre está el que dice “ay, la verdad sí”–, procure hacerse contra el viento y echar el humo a un lado.

7) Reglas para el no fumador: ¿no le gusta que la gente fume alrededor suyo? Hágaselos saber, pero tampoco presione demasiado, porque ya son pocos los lugares en los que una persona puede fumar. Y una vez se encienda ese cigarrillo, por favor no salga con una cantaleta sobre lo dañino que es o cualquiera de esas cosas. Tanto los fumadores como los no fumadores del grupo odian cuando empieza esa discusión tan trillada.

8) Vegetarianos: casi las mismas reglas de los no fumadores. Puede intentar convencer a sus amigos de probar un lugar o una comida vegetariana, pero no presione y definitivamente no intente moldear la dieta de todos acorde a la suya. ¡Y ni se le ocurra soltar cantaleta sobre cómo comer carne es asesinato, o algo así! Lo próximo que sabrá es que alguien lo está intentando apuñalar con una salchicha.

9) Peatones: pedirles que crucen por la bendita acera en un país como Colombia es tan utópico como pedirles que usen un tenedor especial para las ensaladas. Al menos si se van a arrojar a la calle asegúrense de que no vengan carros, o que estén a una distancia considerable. También dense prisa y no sean tan descarados de esperar a que un carro baje la velocidad por ustedes. ¡Y nada de colarse en el Transmilenio!

10) Conductores: primero, los lentos tienen que mantenerse a la derecha. Segundo, aprenda a usar las direccionales y a no cerrar a la gente, porque eso causa la epidemia de pitazos que sufrimos actualmente en Bogotá. Otra regla que la gente olvida con frecuencia es detenerse DESPUÉS del semáforo, y avisar con los direccionales que lo va a hacer.

11) El ADN: por más que no lo recuerde su eslogan, nadie comparte este periódico voluntariamente. Sin embargo, no está mal visto pedirlo a alguien en un sitio público que lo tenga en la mano, siempre y cuando no lo esté leyendo.

12) Reglas en el cine: creo que todo el mundo tiene claro que no ha de hablar muy alto, que no use su celular en la sala de cine, y que por el amor de Dios no patee el asiento frente a usted –¿es que acaso tiene diez años o qué?–. Colombiano que se respete trafica su propia comida a la sala, pero hay que saber qué tipo de comida. ¿Dulces y papitas fritas? No hay problema. ¿Hamburguesas o pollo frito que dejan oliendo a comida toda la sala? Por favor no.

13) Para los que tienen hijos: antes de salir de casa con sus pequeños póngase la mano en el corazón y hágase una pregunta: ¿están mis hijos a la altura del comportamiento básico del lugar al que los llevo –un cine, un restaurante, la casa de algún amigo–? Si la respuesta es no, hágase entonces esta otra pregunta: ¿puedo controlarlos? Si la respuesta vuelve a ser no, entonces es mejor que lleve a sus hijos a lugares donde no lo mirarán mal porque sus hijos corran, griten y lloren sin control. Se me ocurre McDonald’s.

14) Facebook: personalmente, creo que una persona puede publicar lo que quiera en su muro mientras no sea algo pornográfico o gore –recuerdo a alguien que publicó la foto de cuatro muertos en un accidente, muy gráfica, y un niño que sobrevivió con el texto “DIOS ES GRANDE”; esa persona ya no existe para mí en Facebook–. Sin embargo, intente no comentar en los estados de otros discutiendo o intentando generar polémica. Hay momentos y lugares para discutir de partidos políticos o el aborto, y ninguno de ellos involucra los comentarios de Facebook.

Tampoco escriba mensajes muy personales en los muros de las personas, como mensajes de condolencias o esas cartas de amistad que no le importan a nadie –siendo honestos, ni al amigo al que se la posteó–.

15) Instagram y la comida: cuando la comida llegue a su mesa, tiene un solo intento de tomarle una foto para Instagram. No se demore más de 15 segundos, no intente acomodar el plato o tomar la foto desde algún ángulo extraño. Después de eso, es simple grosería andar con el teléfono en lugar de comer.

16) Fotografías: cuando esté tomando una fotografía en mitad de la calle, intente no demorarse en hacerlo. La gente, por decencia, debería procurar no atravesarse en el camino de su lente, pero esto no significa que deban esperar para siempre.

17) Respete los clásicos: masticar con la boca cerrada, abrir la puerta para una dama, pedir “perdón” y “permiso”, lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes y usar colonia… todo lo que le enseñó su mamá todavía tiene validez. No le cuesta un centavo y lo hacen mejor persona que todas esas parodias de mafiosos montañeros que hay en televisión.

18) Escaleras eléctricas: en los países civilizados, la gente que quiere ser transportada a la velocidad de las sonsas escaleras eléctricas, se queda a la derecha para que los que quieren ir más rápido puedan pasar caminando. En Colombia, las personas todavía van a los centros comerciales a jugar en las escaleras eléctricas. Son, en suma, las montañas rusas de los pobres. Eso, por favor, tiene que cambiar. Párense a la derecha y dejen que otros caminen y lleguen más rápido que usted al siguiente piso.

Publicidad

Publicidad