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¿Los hombres también fingen orgasmos?

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Los hombres suelen quejarse de que las mujeres fingimos nuestros orgasmos. Eso es cierto, algunas veces pasa, no hay que ser un avezado científico para saberlo.

De hecho también los hombres fingen los suyos de vez en cuando (recordemos que eyaculación no es sinónimo de orgasmo, ¿o será que podemos contar como orgasmos las poluciones nocturnas de la adolescencia?).

Tanto hombres como mujeres a veces fingimos, nos comportamos como si, actuamos el orgasmo para que el otro u otra piense que realmente lo vivimos, nos esforzamos por hacérselo notar, y lo hacemos por múltiples razones, de las que no intento ocuparme ahora. Sin embargo, cuando no se trata de un orgasmo fingido, sino de uno real, también sería buena idea que el otro u otra se percatara de ello. Me dirán que si es tan real será apenas obvio para quien comparte la cama, pero eso no resulta cierto. El orgasmo típico de película porno, con gritos, arañazos y desenfreno total, es sólo uno de los posibles, porque también hay calmados, en los que las únicas señales visibles podrían ser un rubor en las mejillas y la respiración agitada (se puede, por ejemplo, tener un orgasmo masturbándose en la habitación que se comparte con el hermanito mientras éste sigue durmiendo plácidamente).

Dado que es placentero saber si nuestra pareja tiene un orgasmo, y es un poco incómodo quedarse con la duda, sería un detalle, como dicen por ahí de “fina coquetería”, hacerle saber de nuestro placer a quien está directamente implicado en él. Según muchos hombres “para las mujeres es muy fácil saberlo, no se puede ocultar una eyaculación”. Ya he dicho que orgasmo y eyaculación no son lo mismo, pero supongamos una situación en la que ambas cosas coincidan: ¿de dónde sacaron ustedes que una mujer siente cuando eyaculan dentro de ella? Tal vez las habrá, pero yo hice uno de mis comunes test entre amigas y ninguna experimenta nada extraño cuando su compañero eyacula. El mito aquel de “la fuente impetuosa que te inunda y vibras con el recorrido de ese líquido dentro de ti”, es eso, un mito. Claro, si utilizan condón podríamos luego verificarlo… aunque tampoco ésta será una fuente cien por ciento efectiva, porque si bien los hay que cuando eyaculan todo queda, como dice la obra, “para pegar carteles”, los hay también con eyaculaciones muy, muy poco abundantes.

Tenemos entonces que muchas mujeres, la mayoría, no nos damos cuenta cuando los hombres eyaculan dentro de nosotras. En todo caso, lo que nosotras deseamos saber, finalmente, no es si ya lo hicieron. Lo verdaderamente importante es saberlo antes que suceda. Así, el problema real consiste en que muchos no avisan, sino que dan un último empujoncillo para luego quedarse quietos mientras recobran el aliento (si él está jugando de activo), o sencillamente permanecen incólumes mientras la erección va desapareciendo “como por arte de magia” (si la activa es ella).

Avisar no implica necesariamente verbalizar (aunque es una de las herramientas más efectivas). Las relaciones estables pueden llegar a grados de conocimiento mutuo, en los cuales cada miembro de la pareja puede tener certeza sobre el estado del otro con sólo algunos gestos, pero insisto, cuando no hemos alcanzado esa capacidad, es importante que nos alerten sobre la inminencia de una eyaculación. ¿Qué tal que esté “a punto de” y le toque frenar en seco? Si avisan, caballeros, es posible tomar las riendas de la situación, puede acelerar su ritmo interno o, en el peor de los casos, prepararse psicológicamente para el golpe, que en todo caso será menos duro que estar tocando el cielo con las manos y al segundo inmediatamente siguiente alcanzar sólo a balbucear (mentalmente, claro): “ups, ¡qué pasó!”.

Ilustración: Ivette Salom

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