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¿Cómo desactivar una bomba?

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Desactivar una bomba es una de las profesiones más peligrosas para quienes se enfrentan día a día a terroristas de todo el mundo. Aprender a hacerlo requiere entrenamiento y valentía.

 “¿Corto el cable rojo o el cable azul?”, preguntaban en las películas de los ochenta y noventa, como Riggs, en Arma mortal. Muchas veces lo tiraban a la suerte y faltando pocos segundos cortaban cualquiera, solo para ver el reloj detenerse a segundos de la explosión. ¡Qué suspenso! El problema es que, en la vida real, eso no funciona así. “Eso de desactivar bombas no es como en las películas, llegar a cortar el cable rojo, o que de pronto, preciso, cuando el cronómetro llegó a 0:00 cortó el cable y se desactivó la bomba. En la vida real es muy diferente”, dice el intendente Álvaro Sánchez, jefe de la Unidad Antiexplosivos de Cali, y a continuación explica cómo funcionan las cosas en la realidad.


Existen tres categorías de bombas: tipo A, que pueden detonar en el lugar en el que se encuentran sin causar mayor daño, como por ejemplo una mina en medio del campo; tipo B, que pueden explotar donde están, pero pueden trasladarse a otro sitio para detonarlas, y tipo C, en las que un técnico puede desactivarlas de forma manual.


Para determinar el tipo de bomba, lo primero que debe hacer el escuadrón es mandar al robot. Tiene cámaras, un brazo mecánico para mover el objeto y herramientas que pueden desarmar algunas de ellas. Pero en algunos casos resulta ser una tipo C, y el técnico tiene que acercarse con un traje antiexplosivos, que consiste en una serie de piezas verde oliva hechas de kevlar que cubren cada parte de su cuerpo. Es un traje pesado, de al menos unos 40 kg, pero que da cierta protección contra pedazos de metralla y la onda de choque al portador. El casco tiene una visera de blindaje tipo 5 que restringe la visión.


“Los terroristas nunca van a dejar ver el sistema de activación de la bomba, o el detonador. Si lo hacen, es una trampa”. Por eso, los técnicos generalmente tienen que encontrar la forma de perforar en los paquetes o los tubos en los cuales están ensambladas las bombas. Para esto le dan un “cañonazo”, las perforan con un cañón disruptor que lanza agua a una presión capaz de atravesar un cilindro de gas. La idea es romper el artefacto para poder ver sus mecanismos.

Todo es relativo, dicen ellos. Cada bomba es diferente: unas se esconden en un paquete, otras pueden estar ocultas en un triciclo; unas se activan por un temporizador, otras dependen de la señal de un celular conectado a ellas. Lo único que me pueden decir con seguridad los técnicos de la Unidad Antiexplosivos es que, cuando se enfrentan ya al mecanismo de la bomba, por lo general se lanzan a neutralizar los detonadores, que habitualmente parece un pequeño cilindro de metal y produce la “chispa” para hacer explotar todo. Los técnicos cuentan con pinzas, bisturís, destornilladores y demás herramientas con las que pueden manipular el detonador, hechas de una aleación especial que evita pasar cualquier carga eléctrica que active el dispositivo por accidente.


Sin el detonador ya no hay bomba. Solo queda destruir el material explosivo en un área segura. Podría entonces decir que, cuando estén cara a cara con la muerte, con una bomba haciendo tictac frente a ustedes, intenten remover o neutralizar los detonadores del material explosivo.


Pero el problema es que, para empezar, muy pocos saben cómo se ve un detonador, y eso suponiendo que sea una bomba con los cables por fuera, como en las películas, y no un paquete compacto o un tubo de PVC. Y, además, hay que permanecer calmado, con la cabeza fría, mientras cinco o diez kilos de pentolita o ANFO esperan para volar en pedazos.
Así que, al saber todo esto, mejor salga corriendo, busque un teléfono y llame a los profesionales. Porque cuando se trata de desactivar explosivos, el primer error es el último.

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