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30 cosas que ellas odian de los hombres

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Una lista de algunos de los defectos que nosotras no resistimos en un hombre. Mire si alguno aplica. Si no, no se preocupe, porque hay más, y con seguridad usted padece, por lo menos, de uno.

¿No puede tener una relación estable? ¿Cuando piensa que todo esta bien, oye la frase "tenemos que hablar\"? Tal vez usted tiene un defecto que no ha percibido. Aquí hay una lista de algunos de los defectos que nosotras no resistimos en un hombre. Mire si alguno de ellos aplica. Si no, no se preocupe, porque hay muchísimos más, y con seguridad usted padece, por lo menos, de uno.

1. La halitosis.

Es increíble que no se den cuenta de eso. Si no queremos besarlos, tal vez no es porque nos parezcan feos sino porque su boca huele a alcantarilla. ¡Lávense los dientes de vez en cuando!

2. La continua rascadera de huevas.

Es aún peor que el tipo borracho coqueteándole a todas las viejas de la fiesta. Imagínense que nosotras nos rascáramos las tetas todo el día, frente a sus amigos, a sus papás, a nuestros compañeros de trabajo... ¿Cuánto tiempo nos aguantarían?

3. Que no sepan bailar.

Esto es terrible, pero combinado con los celos es una mezcla mortal. No sólo lo aplastan a uno en una esquina sino que le arman una escena si alguien se acerca a sacarlo a bailar así sea un reggaetón.

4. La pregunta: "¿ya te viniste?".

Es obvio que uno dice que sí por pura lástima. O por pura decencia. O porque ahí se acabó cualquier excitación. Si no se han dado cuenta es que no nos hemos venido.

5. La estúpida preferencia por los programas imbéciles en la televisión.

Esto viene de tiempos inmemoriales. Recuerdo que mi abuela decía que mi abuelo veía programas en los que "pasa indio, pasa indio, pasa indio, pasa vaquero, pasa vaquero, pasa vaquero". ¿No se aburren de las balaceras, los buenos y los malos?

6. La tacañería.

Este debería encabezar la lista. De vez en cuando un regalito no cae mal. Como para que pensemos que los polvos no son del todo gratis.

7. Los celos.

Si ustedes se creen menos y tienen delirio de vigilantes, nosotras los vemos como si fueran menos y buscamos formas para escaparnos.

8. Los amigos.

Obvio que pueden tener amigos, cómo no. Lo que no pueden es verlos. Y mucho menos sin nuestra directa supervisión.

9. Las amigas.

Esas sí están prohibidas.

10. La familia.

¿Por qué será que los hombres nunca rompen el cordón umbilical? Si quieren tanto a sus papás y a sus hermanas, pues váyanse con ellos a ver si les hacen lo mismo que nosotras (bueno, acepto que a veces la suegra puede cocinar mejor, pero hasta ahí).

11. Que nunca dejen de comprar juguetes.

Cuando son niños, los juguetes son carritos y muñecos. Cuando grandes, se vuelven carrazos y muñecas, y tienen básicamente el mismo uso.

12. La sacada de mocos.

¿Por qué nos critican cuando, en los semáforos, nosotras nos miramos las uñas? Ustedes hacen algo peor... cochinos.

13. Que busquen pelea.

En los restaurantes, en los cines, en el carro, en la oficina, en los hoteles, con los vecinos, con los celadores, con las contestadoras, con las recepcionistas, con los médicos, con uno. ¿No les da oso?

14. Que siempre quieran saber sobre nuestro pasado.

"Te juro que no me va a importar", dicen. Y un par de meses después de que uno les cuenta algún detalle: "¿Pero de verdad perdiste la virginidad tan joven?".

15. Que se duerman en el cine.

Justo cuando uno los convence de ver una comedia romántica, lo único que se oye en el teatro son sus ronquidos. Con razón prefieren las películas de acción: los despiertan los disparos.

16. Que, en medio de una pelea, lo que les interese sea llegar a la parte del sexo de reconciliación. ¿Es por eso que siempre nos dan la razón?

17. Que siempre se la pasen deseando la mujer del prójimo... o por lo menos mirándole el culo.

18. Que sean competitivos con los juguetes que tienen. ¿Quién posee el mejor carro? ¿La mejor televisión? ¿El mejor juego de palos de golf? ¿La nena más linda?

19. Que le digan a uno que lo ayudan con los hijos.

Y ayudan a todo, menos a darles comida, cambiarles los pañales, despertarse diez veces en la noche, cuidarlos cuando tienen fiebre, hacer las tareas. Mejor dicho, ayudan a pagarles el colegio y a veces a leerles un cuento, y con eso creen que son los mejores papás del mundo.

20. Que no tengan nunca ni la más mínima idea de por qué actuamos como actuamos, y todo, absolutamente todo (nuestras euforias, nuestras tristezas, nuestras rabietas) lo limiten a una sola razón: el síndrome premenstrual.

21. Que estén más enamorados del BlackBerry que de uno.

22. Que cocinen algo decente una vez al año y de ahí en adelante, todo el mundo crea que son ustedes los que cocinan en la casa, y siempre les agradezcan la comida. "Te quedó deliciosa", y ustedes, en lugar de decir la verdad, sonríen con cara de sufridos.

23. Que para ustedes, los hombres que se visten bien es porque son gays, entonces creen que mientras peor se vistan, más machos son.

24. Que al día siguiente de una pelea lleguen con un tiquete a Europa o una joya... no, mentira, eso no nos molesta. Lo que nos molesta es que nunca en la vida pasa algo así (después se preguntan por qué no tenemos sexo de reconciliación).

25. Que no se depilen.

A veces, tener un abrigo de pelos echado encima es asqueroso.

26. Que se depilen.

No exageren, hombre. Algunos pelos son interesantes, tampoco es que nos guste verlos peladitos, como Dios los trajo al mundo. Déjense por lo menos el camino de la felicidad, ese que sale del ombligo...

27. Que pongan el aire acondicionado del carro -o cualquiera- al máximo.

Nosotras tenemos un termostato diferente y nos morimos de frío.

28. Que solo nos regalen flores si:

A. La embarraron. B. Es el Día de la Madre (cumpleaños, Navidad, grado) y son tan tacaños que no compraron un regalo. C. Tienen una vieja y mucho remordimiento. Después preguntan que por qué uno es tan desconfiado...

29. Que no sepan hacer silencio. O no quieran. O no puedan. En las mañanas, mientras ustedes se visten para ir a la oficina y a uno le quedan veinte minutos más de sueño, es normal oírlos silbando (ahora resulta que les alegra ir a trabajar), o tirando bruscamente el cepillo de dientes o zapateando en el piso de madera. ¿Por qué les da envidia que durmamos?

30. Que compren revistas como DONJUAN y que cuando uno les pregunta para qué lo hacen, siempre digan: "Por los artículos. Por nada más".

Ilustración Ivette Salóm

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