Edición 117

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Si usted es seguidor de The Walking Dead, muy probablemente ya haya acordado con su familia dónde sería el punto de encuentro y hasta habrá comprado algunas latas de conservas.

Hablamos con algunos candidatos a la Alcaldía de Bogotá, fans de la serie, bomberos, la Secretaría de Salud y politólogos para analizar quién sería el mejor alcalde en un apocalipsis zombi. ¿Francisco Santos? ¿Clara López? ¿Enrique Peñalosa? ¿Carlos Vicente de Roux? ¿Hollman Morris? ¿Rafael Pardo? ¿Quiénes de ellos nos tomaron en serio y respondieron nuestras preguntas?

Usted abre sus ojos y descubre que está recostado en una cama hospitalaria. A su alrededor observa instrumental médico en el piso, mojado por las filtraciones. A las ventanas les faltan vidrios y sus marcos tienen óxido. Sobre un escritorio, cubiertas por el polvo, reposan unas pinzas intestinales tipo Allis con una placa que muestra el número 07080. Decide levantarse y descubre que tiene la boca reseca y que en su mano izquierda un catéter seco aún sigue punzando su vena, pero sin inyectar nada. Hay silencio y la podredumbre se huele. La mierda de pájaro se ha petrificado en el piso y sus pies descalzos tratan de esquivar la inmundicia, pero sin suerte. Justo al fondo de un pasillo encuentra una doble puerta giratoria atada con una cuerda y sobre su pintura descolorida un letrero que le advierte: “¡Cuidado, muertos adentro!”. Usted prefiere no averiguar y sale corriendo del lugar para descubrir que acaba de escapar de uno de los cinco desvencijados edificios del hospital San Juan de Dios y que usted ha quedado atrapado en una hecatombe zombi en Bogotá.

Esta, guardadas las proporciones, fue la experiencia que vivió Rick Grimes en el primer episodio de The Walking Dead, la popular serie de televisión que ya completa su quinta temporada y que tiene a sus seguidores discutiendo en redes sociales sobre la suerte de este sheriff y su grupo de amigos, quienes buscan una esperanza para sobrevivir a lo que parece el fin del mundo. Para Rick, interpretado por el actor Andrew Lincoln, más allá de escapar a las dentelladas de una horda de zombis, está el conflicto entre los pocos grupos de sobrevivientes en un mundo en el que ya no hay normas, escasea la comida, el Estado ha colapsado y sobrevivir es lo único que importa. ¿Cuál es la esperanza? Encontrar una cura que los haga inmunes a los muertos vivientes o un lugar seguro.

Con este escenario apocalíptico, varios seguidores de la serie se han divertido en las cinco temporadas discutiendo qué hacer y a quién elegir como compañero de lucha para sobrevivir. Y en ese juego de probabilidades es obvio que se descarte al primo perezoso, a la tía coja y gorda, al papá que nunca fue scout y no sabe hacer un nudo o a la novia glamurosa que se incomoda con cualquier cosa en un paseo de olla al río. ¿Despectivo? Sí, puede ser, pero recuerde que en una hecatombe zombi un descuido o un mal compañero le puede costar la vida. Apelando a la selección natural de Charles Darwin, en la que solo los que mejor se adapten al ambiente sobrevivirán, hay que escoger bien o de lo contrario… sus días como humano podrían estar contados.

Ahora, ¿qué pasaría si usted en vez de encontrar a Daryl Dixon, Glenn Rhee, Michonne o Carol Peletier, los aguerridos compañeros de Rick en la serie, se encuentra a los candidatos a la Alcaldía de Bogotá y tiene que escoger a uno de ellos para salir con vida de esta hecatombe?
Vuélvase a situar en el San Juan de Dios. Quítese la bata verde y sudorosa que le dejaron puesta, vístase y camine a buscar ayuda. Seguramente encontrará una carrera Décima con buses de TransMilenio detenidos con hordas de zombis apretujados, algunos con pintas de vendedores de maní, otros con guitarras y otros con apariencia de oficinistas.

Si logra sobrevivir, podrá llegar a la Plaza de Bolívar y descubrir que un zombi de gafas se asoma por el balcón del Palacio Echeverry, donde antes quedaba la Alcaldía, y frente a él otra horda de muertos vivientes que sostienen pancartas sucias en las que se pueden leer mensajes como: “Bogotá Humana y sin zombis”, “No a la invasión zombi organizada por el procurador” y “¡Humano o zombi, Petro será presidente!”.
Procure no entrar al Congreso y mucho menos a las cortes. Dicen que esos zombis son mucho más hambrientos y no respetan a nadie. Váyase directo a los cerros, donde de seguro encontrará un campamento. Ahora, imagine que en ese campamento están Clara López, Pacho Santos, Rafael Pardo, Enrique Peñalosa, David Luna, Hollman Morris y, de ñapa, Carlos Moreno de Caro y William Vinasco Ch. Tiene que escoger a uno para sobrevivir, solo uno, pero antes de hacerlo, usted seguramente pensará: “¡Miércoles, Charles Darwin estaba equivocado!”.
Sorprendido, usted les preguntará: “¿Cómo hicieron para llegar acá?”, y ellos, al unísono, le responderán con la etiqueta: “¿#Ustednosabequiénsoyyo?”. ¿A quién escoger?

Sobre mis hombros dos o tres colegas se asoman y descubren en la pantalla de mi computador las líneas de esta nota. Escépticos en la política y seguidores de The Walking Dead, se aventuran a descartar a algunos de esos singulares personajes de este imaginario campamento. Andrés Hoyos, por ejemplo, dijo que no escogería a Pacho Santos porque no cree que a punta de choques eléctricos se puedan combatir a los muertos vivientes, y que preferiría a Moreno de Caro por aquello de que en alguna época le atribuyeron que sabía muy bien el negocio de aparecer y desaparecer tapas de alcantarilla. Wilson Vega me aseguró que no escogería a Peñalosa, porque su obsesión por moverse en bicicleta lo convertiría en presa fácil de los zombis. Otros, que prefirieron opinar pero no ser identificados, comentaron que el rostro adusto de Pardo le serviría para camuflarse entre las hordas de estos hambrientos caminantes, tal y como lo hicieron Rick y Glenn Rhee en la primera temporada, en una vía de Atlanta llena de caminantes.
Los comentarios malintencionados derivaron en que Hollman Morris crearía un comité de víctimas de zombis y buscaría una cooperación internacional inexistente a través de interminables campañas en Canal Capital y que Pacho Santos tendría todas las de perder en las luchas cuerpo a cuerpo, a menos que sus combates solo sean en Xbox.
Pero más allá de los comentarios socarrones, me di a la tarea de preguntarles a los organismos de socorro de la ciudad si están preparados para un inusual evento de este tipo. Patricia Salas, encargada del área de Epidemiología de la Secretaría de Salud, sostuvo que lo más cercano a una hecatombe zombi es una pandemia y que para este tipo de situaciones existe un protocolo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las primeras actividades de este protocolo, dice Salas, se enfocan en actividades preventivas. Después se hace una caracterización de la epidemia, es decir, identificar causas, síntomas y contagiados. Finalmente, se efectúa una revisión para evitar más infectados. Pero el cuadro está clarísimo: son zombis, infectados por otros zombis que te quieren comer. Punto.

Alfredo Serrano Zabala, bombero voluntario de Bogotá, dice sin rodeos que si se llegara a presentar una crisis de este tipo, no existe un plan de acción definido y que el único lineamiento sería seguir las instrucciones de la Secretaría de Salud. Ante este escenario de incertidumbre institucional no hay de otra que pensar en un líder. ¿Quién puede ser? ¿Qué dicen los académicos sobre el perfil adecuado para salvarnos? El politólogo Juan David Martínez, que ha estudiado el tema de Bogotá y es seguidor de la serie, dice que se quedaría con Peñalosa: “Es el que mejor conocimiento tiene de cosas esenciales, como fuentes de agua, lugares seguros, vías de escape, medios de transportes y sistemas de atención de emergencias”.

Martínez, en cambio, descartaría a Moreno de Caro, porque lo ve como “una persona conflictiva, con bajo respeto por los demás, con un liderazgo tremendamente mal ejercido”. En otras palabras, dice, no lo escogería “ni porque trajera repelente para zombis”. El profesor Alfredo Álvarez Orozco, de la Universidad Pontificia Bolivariana, se quedaría con Clara López, porque según él, la líder de izquierda es una guerrera que tiene “el coraje y la cabeza fría para enfrentar a los walkers”; y desecharía a Pacho, a quien ve como una figura parecida al “Governor” de Woodbury.

Y, finalmente, el politólogo José Fernando Flórez sostiene que en un estado de anarquía como el que plantea la serie se necesita un líder con fortaleza mental. “Definitivamente ni Pachito ni Clara serían el tipo de persona para seguir en semejante situación de caos. Mis opciones serían con Pardo, por su fortaleza mental, y, segundo lugar, Peñalosa, por su mejor forma física”.

Ruidos extraños se escuchan en el campamento en los cerros de Bogotá. Clara López, Pacho Santos, Rafael Pardo, David Luna, Enrique Peñalosa y Carlos Moreno de Caro le advierten sobre la presencia de una horda de zombis que suben entre los matorrales. Los candidatos extienden sus manos en una señal para que usted siga a uno de ellos. Es su turno, ya no hay más chance, tiene que escoger o… ¿prefiere ser mordido?

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