Edición 128

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Uno podría decir, como hizo Miles Davis, que Terence Blanchard es el trompetista más importante de su generación.

Uno podría decir, como hizo Miles Davis, que Terence Blanchard es el trompetista más importante de su generación, que ha compuesto la música de más de cincuenta películas y que está trabajando en su primera ópera jazz. Pero Terence le diría "soy más que un músico de jazz. Como dice Deepak Chopra, 'cuando te haces llamar doctor, te limitas a eso'".

Así que, quizás, deberíamos decir que Blanchard es un boxeador zurdo, un místico cristiano, un fan del heavy metal y, ante todo, un líder. Además de dirigir su propio grupo de jóvenes jazzistas, da clases en los institutos Thelonious Monk y Henry Mancini -en una facultad en la que también enseña también Yo-Yo Ma- y sus estudiantes afirman que es más un gurú que un pedagogo.

-Hemos creado a las estrellas más brillantes del nuevo jazz -afirmó Blanchard antes de darle el diploma a alumnos como Joshua Redman, Jane Monheit y Eric Lewis. Blanchard alguna vez afirmó que Miles Davis "era una persona que no miraba atrás y no dejaba que sus decisiones fueran influenciadas por nada distinto a su impulso creador". Lo mismo podría decirse de Blanchard a sus 49 años: con un metro ochenta de estatura y más de cien kilos, a pesar de su distraída informalidad, su presencia exige atención. O tal vez la palabra sea "respeto".

Su forma de tocar la trompeta no es muy diferente. En una sesión de improvisación con músicos colombianos en el Teatro Libre de Bogotá esperó pacientemente su turno, mirando afuera del escenario. Cuando empezó a tocar casi no se notaba: su solo, suave y bajo, parecía una lección para los músicos que lo rodeaban, como diciéndoles "no se esfuercen demasiado".

Para Blanchard la música es su esencia. Empezó a tocar el piano cuando tenía tres años y ese fue su instrumento hasta que un trompetista llamado Alvin Elkhorn visitó su escuela primaria. Terence cambió las teclas blancas y negras por una brillante trompeta y entró al Centro para las Artes Creativas de Nueva Orleans, bajo la batuta de la leyenda -y padre de una familia igualmente legendaria- Elis Marsalis. Después decidió irse a Nueva York, una ciudad que todavía asegura que es donde todo músico serio debe ir a "escuchar lo que otros músicos están haciendo".

Los que estén buscando alguna circunstancia extraña que detonó el talento de Blanchard saldrán decepcionados: él se hace a un lado del romanticismo y recuerda que su gran maestro, el fallecido Art Blakey, le dijo "si crees que tienes algo que ofrecer, trabaja en eso. No se trata de ser un amargado, se trata de ser tú mismo". Él predica la importancia de practicar y, claramente, practica lo que predica: calienta solo en su camerino durante una hora antes de salir a escena -ensayando entre escalas, ritmos que marca con golpes y ruidos con la boca cuando comete errores-.

La carrera de Blanchard parece resaltar algo de la teoría de Malcolm Gladwell que asegura que, para ser un experto en cualquier cosa, se necesitan por lo menos 10.000 horas de práctica.

-Pero la parte más dura de ser un artista es encontrarte a ti mismo.

De todas formas, Blanchard sabe que con guía un artista puede encontrarse: ese es su caso. Estudió en la Universidad Americana, donde tocaba con Lionel Hampton, antes de irse a Nueva York. Fue ahí donde Terence reemplazó a su antiguo compañero de clases, Wynton Marsalis, en el grupo de jazz más famoso de todos los tiempos: Art Blakey and the Jazz Messengers. Su inclusión en la banda lo introdujo al tipo de vida que llevó durante los siguientes veinte años: la de las giras infinitas.

-Mi experiencia con Art Blakey es algo que nunca cambiaría. Pasé de ser un joven a un adulto en apenas dos años.

Blakey hizo miles de conciertos durante décadas como baterista y líder de los Jazz Messengers. Su longevidad y visión -llevar el jazz alrededor del mundo- lo convirtieron en algo así como el San Pablo del jazz, esparciendo el evangelio del hard bop. También fue un mentor de sus músicos, enviando a leyendas como Lee Morgan, Wayne Shorter, Jackie McLean y Herbie Hancock a formar sus propias bandas.

Después de dos años con Blakey, Blanchard tocó con Ron Harrison durante otros cuatro, antes de decidir que ya era hora de armar su propio quinteto.

Para esa época conoció a Spike Lee, durante el rodaje de Mo Better Blues, y empezó una nueva etapa de su carrera. Lo que nació como un lucrativo trabajo paralelo, pasó a ser su mejor forma de expresión. Terence ha compuesto casi todas las bandas sonoras de las películas de Spike Lee, incluyendo Malcolm X, Miracle at St. Anna y, recientemente, When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts (el documental sobre el huracán Katrina). También ha interpretado clásicos como los temas centrales de Un tranvía llamado deseo, Taxi Driver y Chinatown.

Su trabajo más reciente, que aún no se ha estrenado, lo compuso para la próxima película de George Lucas, Red Trails. Sin embargo, When the Levees Broke, aclamado por muchos como el mejor documental estadounidense de la última década, fue diferente para Blanchard. Cuando el huracán Katrina llegó a Nueva Orleans él estaba de gira, como de costumbre. Su madre, Wilhelmina, sola en ese momento, se salvó de ahogarse gracias a un rescate aéreo; no obstante, su casa quedó destruida. Spike Lee decidió incluir a los Blanchard como parte del documental y, en una de las escenas más conmovedoras, Terence aparece caminando hacia la casa de su madre para encontrarla completamente en ruinas.

Así, la banda sonora empieza a funcionar tanto como una declaración personal de sufrimiento como un mensaje colectivo de desazón. Es difícil creer que, además de dictar clases, hacer giras y componer música tanto para su banda como para películas, a Blanchard le quede tiempo para ponerse los guantes de boxeo y subirse a un cuadrilátero.

-He boxeado durante quince años. Entreno en un gimnasio de Nueva Orleans y hago lo mismo que un profesional. Soy un zurdo -me confesó pocos segundos antes de salir a tocar la trompeta en Bogotá.

Cuando le pregunté por una definición de jazz, dijo que "ya no pongo límites. Mientras escucho a Disturbed no me pregunto si eso es jazz o es metal". Blanchard promueve en sus alumnos la ilimitada "búsqueda del alma": la misma clase de profunda y libre búsqueda que aparece en su música. Como respuesta al huracán Katrina escribió el Réquiem por Katrina, una obertura épica que hace resonar la pérdida que la tormenta forjó en su ciudad. Su música oscila suavemente entre un canto melancólico y el dramatismo del fenómeno que destruyó su casa y cambió para siempre a la tierra donde nació el jazz.

Igualmente, su álbum más reciente, Choices, es el resultado de una conversación con el filósofo afroamericano Colonel West (el consejero de Zion en la trilogía de Matrix). Las canciones van desde la música de estructura libre hasta grabaciones de West, pasando por algo de soul con la voz del cantante Bilal. Todas las composiciones, sin embargo, exploran de alguna manera el tema de la experimentación tanto en la vida como en la música, subrayando en la importancia del coraje en todos los propósitos.

-Nosotros no somos quienes definimos lo que hacemos, eso toma un tiempo después de la creación. Yo dejo que los historiadores hagan esas definiciones.

Por eso es tan difícil encasillarlo como un jazzista, aunque haya dedicado la mayor parte de su vida a la música. Pero quizá son sus otros yoes los que uno escucha en sus solos, trazos de un ilimitado y grandioso yo que va más allá de un músico de jazz.

Por Jesse Tangen-Mills / Fotografía Shingo Urier

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