Edición 122

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El vallecaucano que pertenece a la élite del tenis mundial.

Hay días en que Robert Farah odia el tenis, días en que quiere destruir todas sus raquetas y no volver a pisar una cancha. Igual, se le pasa rápido: “El mayor enemigo de un tenista no es el físico, ni los rivales. Es la mente, que es traicionera. Es lo único que te desestabiliza”. Lo decía Johan Cruyff, el cerebro de la naranja mecánica, los grandes deportistas son fuertes mentalmente, van diez jugadas adelante, como Farah.

"A lo largo del año puedo usar unas 15 raquetas. La mía es más larga y más pesada para calibrar mejor mi golpe".  

A los seis años, Robert, tenía clara su vocación. Nada de ser bombero o astronauta. Pero todo tiene un límite, incluidas las pasiones: “A veces toca pensar en otras cosas, si no corres el riesgo de enloquecerte”. Antes de los partidos prefiere desconectarse, jugar golf, Playstation –sobre todo Battlefield– o salir a comer: “Eso sí, nada supera la comida libanesa que prepara mi mamá”.

"Este año la idea es ganar un torneo de los grandes. Pero el sueño siempre serán los olímpicos".  

A los 30 años, este diestro tiene tantos partidos encima que escoger el mejor punto de su carrera es imposible: “El tenis tiene algo muy jodido y es que no podés dejarte llevar por meter una buena bola. Los partidos son tan largos que diez puntazos no te garantizan nada”. La prueba: el partido que jugó en Wimbledon 2011 con su compañero, Juan Sebastián Cabal, contra Aisam Qureshi y Rohan Bopanna. El set definitivo lo ganaron por 21-19: “Fue un partido muy raro. Lo chistoso es que me di cuenta de eso cuando Rafa Nadal sale y nos felicita”. Aunque si le toca escoger entre Nadal y Federer, se va con el segundo: “Cuando pensabas que no podía mejorar más, vuelve en tremendo nivel”. Esa concentración que repite en los partidos, lo mantiene en el top del tenis mundial. Los nueve títulos que ha ganado con Cabal, entre ellos el Open de Río y la final de dobles mixtos de Wimbledon que jugó en 2016 con Anna Greonefeld, lo demuestran.

"Mi superfice favorita, y la que más favorece mi juego, es la de polvo de ladrillo".  

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