Edición 140

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Algunas personas podrían preguntar de qué destrucción estamos hablando. Para otros, es más que evidente. Sin embargo, por más optimista que uno sea, todos sabemos que vivir en Bogotá no es fácil.

No es fácil conducir y tener que esquivar un hueco por calle, ni adivinar cada día qué vía está cerrada por una nueva construcción, ni sortear a los conductores agresivos, ni los buses que paran donde quieren y, además, no es fácil vivir con temor a sufrir un atraco –en el mejor de los casos–. Por eso, le hicimos esta pregunta políticos, exalcaldes, escritores, ciudadanos de a pie y, por supuesto, a la gigantesca Jessica Cediel. Por cierto, no fue posible que el alcalde Gustavo Petro nos diera su respuesta.

La destruyen la falta de amor, de imaginación, de ambición, de conocimiento, de gerencia y el facilismo político. Enrique Peñalosa. Exalcalde de Bogotá.

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Lucho Garzón detuvo el proceso de cambio que traía la ciudad. Samuel Moreno lo reversó. Petro lo enterró. Los tres suman la década perdida de Bogotá. Con la revocatoria evitaremos dos años más de deterioro. Jaime Castro. Exalcalde de Bogotá.

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A Bogotá la destruyó la ruptura de un hilo conductor de manejo administrativo pulcro y eficiente que llevaba desde hace veinte años. Ernesto Samper. Expresidente de la República.

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A Bogotá la destruyeron: 1. La codicia y la voracidad de los transportadores, los urbanizadores y los grandes contratistas, o, para decirlo en una palabra, la corrupción. 2. La mala calidad de la mayoría de sus administradores (agréguese esto a la corrupción). 3. La indolencia de sus ciudadanos, la falta absoluta de amor por la ciudad. Enrique Santos Molano. Historiador.

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La destruyó su propio éxito como ciudad, que la convirtió en polo de atracción. La destruyó la superpoblación. Ninguna ciudad puede asimilar indefinidamente nuevos residentes que vienen del campo, de otros países y de otras ciudades, y menos en un ecosistema frágil como es el altiplano. Héctor Abad Faciolince. Escritor.

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Los italianos llaman campanilismo a la entonación peculiar de cada pueblo, según la sugestiva creencia de que estaría determinada por el tono de las campanas de su iglesia. Según otros, cada ciudad se perfila a imagen y semejanza de su santo patrono. Yo digo en consecuencia que el aporreado y desgreñado Cristo de Monserrate tiene la culpa de los calvarios de Bogotá. Laura Restrepo. Escritora.

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El primero que la embarró fue don Gonzalo Jiménez de Quesada cuando se le ocurrió fundar una ciudad a 2.600 metros sobre el nivel del mar. Luego vino una tanda miserable de alcaldes, políticos y funcionarios que, de doce años para acá y de mal en peor, la han gobernado con ineptitud, corrupción, improvisación, con toda la serie de vicios y pecados posibles que pueden arruinar y sumir en el caos a una ciudad. Uno podría culpar a los electores, pero cuando los gobernantes se hacen elegir con promesas, prebendas y mentiras, habría que creer en la buena fe de los electores. Jorge Franco. Escritor.

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A Bogotá la destruyó Gonzalo Jiménez de Quesada. La llenó de curas, de imbéciles e hizo vestir a las indias. Sergio Álvarez.

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A Bogotá la destruyeron los políticos, y tenían que haberla destruido, porque resulta imposible destruir Colombia dejando intacta a Bogotá (de hecho, a causa de la muerte de un político, destruimos físicamente a Bogotá en 1948). Y la ha venido destruyendo la indolencia e individualismo de todos en este país, especialmente de quienes descargamos las culpas en los políticos, como hago ahora yo, y nos lavamos las manos. Gustavo Gómez. Periodista de Caracol Radio.

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Difícil decir en un par de palabras y asumiendo que la ciudad está destruida. Lo más general que se me ocurre es que la culpable es esa bendita tendencia de los gobernantes de inventar el mundo cuando se posesionan y no continuar políticas y programas. Todo se vuelve transitorio y de corto plazo. Moisés Wasserman. Doctor en Bioquímica. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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Me iba a ir por la respuesta obvia del tráfico bogotano, pero en realidad lo que destruye Bogotá es lo que se construye en Bogotá. No estoy en contra del progreso urbano. Pero las constantes obras y su cacofonía –sumadas a los pitos de los carros en los semáforos– son inevitables. Una contaminación auditiva estruendosa. Difícil encontrar un rincón en paz. Simón Brand. Director de cine.

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Se lo digo con una sonrisa en los labios, porque “el hombre capaz de sonreír cuando las cosas van mal, ya ha pensado a quién le echará la culpa”. ¡La izquierda! Ella tiene la culpa. Ganaron, y Bogotá se jodió. Me quita, sí, la risita, pensar en la ley de Murphy: “Nada es tan malo nunca como para que no pueda empeorar”. Los dos años largos que faltan, de los doce años de mal gobierno izquierdista con los que nos maldijo el destino, van a ser la “consagración del caos”. Y, eso sí, no habrá remedio que valga. José Obdulio Gaviria. Presidente del Centro de Pensamiento Primero Colombia. Exasesor presidencial.

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Bogotá —cuyo proceso de autodestrucción debió comenzar desde el momento mismo de su fundación y no en el siglo XX, como muchos suponen— debe dicha desgracia a tres factores fundamentales: 1. La desidia de los bogotanos ante sus problemas. 2. La amnesia colectiva y voluntaria de quienes la habitamos. 3. La ineptitud y corrupción de la mayoría de los que han integrado su clase dirigente (con algunas excepciones, hay que decirlo). Andrés Ospina. Escritor.

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A Bogotá la destruyeron tres alcaldes con maquinaria politiquera que compran los votos de los barrios marginales, la destruyó esa gente que se llena la boca hablando a favor de los pobres y cuando llegan al poder lo único que hicieron fue chambonadas y picardías, pero siguieron con el mismo discurso que seguramente propiciará otro alcalde de izquierda mezquina que seguirá destruyendo a Bogotá. Leszli Kálli. Exfuncionaria de la Alcaldía de Gustavo Petro.

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El culpable es el que le puso a Bogotá el apodo de la Atenas suramericana. Esto se comenzó a caer, a despedazar. Quedaron solo las ruinas de una civilización que nunca existió. Karl Troller. Periodista.

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Desde tiempos remotos a Bogotá la ha destruido de manera sistemática la especulación inmobiliaria, que ha privilegiado los intereses particulares de constructores sobre el interés general. La llegada del UPAC en 1972 aceleró el deterioro urbanístico de la ciudad. Eduardo Arias Villas. Periodista.

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A Bogotá la destruyeron unos políticos del Polo, pero del club de polo del Country. Pirry. Periodista.

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Dicen que Bogotá fue destruida en el Bogotazo. Sin embargo, esto fue necesario para construir toda la identidad y los imaginarios del centro de la ciudad. Así que, desde ese entonces, pasando por el plan diseñado por Karl Brunner, Bogotá ha permanecido en una construcción constante hasta hoy. Y justamente hoy tenemos una ciudad joven que se sigue construyendo todos los días por su misma gente, consecuencia de la pobre y corrupta planeación distrital. Cazdos MDC. Grafitero.

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A Bogotá la destruyó el regreso del clientelismo, la teoría del mal menor y la política sin técnica. Antanas Mockus. Exalcalde de Bogotá.

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La han destruido y la siguen destruyendo todos los que botan papeles a la calle, los que pitan con desespero cuando el semáforo aún está en amarillo, los que han convertido en tugurios comerciales viejas casonas que alguna vez fueron dignas de postal, los que han construido adefesios arquitectónicos como la sede de la Gobernación de Cundinamarca, los curadores urbanos que con tal de llenar sus arcas aprueban cualquier tipo de construcción, los que se la han robado y se la siguen robando, como los Moreno y los Nule, y todos aquellos a los que les parecían estúpidas e inútiles las campañas cívicas de Antanas Mockus. Fernando Quiroz. Escritor y periodista.

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A Bogotá nadie la ha destruido, lo que pasa es que no la han terminado. Y con la clase política que tenemos, acaramelada en intereses mezquinos, parece que eso no va a suceder nunca. Jota Mario Valencia. Presentador de televisión.

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Pienso que mi ciudad está destruida por la falta de compromiso de todas las personas que la habitan, bien sea nacidos aquí o provenientes de cualquier ciudad del país. Nos falta más amor y respeto por Bogotá y esto se refleja en todos los niveles y en todos los estratos. Me duele mi Bogotá, porque es una ciudad perfecta. Nos falta más compromiso. Jessica Cediel. Modelo y presentadora.

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A Bogotá la destruyeron la inoperancia de Lucho Garzón, la corrupción de Samuel Moreno en compañía de sus amigos los Nule y la ineptitud de Gustavo Petro. Hugo Valenzuela.Taxista twittero (más conocido como @ HUGOLEONROJITO).

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A Bogotá la destruyó una mezcla perversa entre políticos corruptos, sin formación alguna para dirigir la capital de un país, y un grupo de contratistas que se robaron los dineros públicos, actuando al mejor estilo de una mafia. De esta manera frenaron no solo el desarrollo urbano de la ciudad, sino que además golpearon la confianza de la gente en sus instituciones y, lo que es peor, sembraron una sensación de pesimismo frente al futuro. Yesid Lancheros. Redactor de la sección Bogotá del periódico El Tiempo.

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Los habitantes de Bogotá la destruyeron, por su falta de civismo y por elegir concejales y alcaldes corruptos o ineptos. Daniel Samper Pizano. Periodista, columnista y escritor.

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Más que destruirla, a Bogotá no han terminado de construirla. Y no se ha hecho por esa inveterada costumbre nuestra de querer reinventarlo todo y no reconocer el esfuerzo de otros. Y en eso son tan responsables los políticos y gobernantes como la misma ciudadanía indolente y la clase empresarial indiferente. Y así seguirá siendo mientras ese “meimportaunculismo” se siga imponiendo y Bogotá mantenga el rótulo de ser la ciudad de todos cuando la verdad no es de nadie. Ernesto Cortés. Editor jefe del periódico El Tiempo.

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El primero en destruir a Bogotá fue el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada, y sobre las ruinas del poblado muisca incendiado alzó una iglesia y un patíbulo. Ya vamos en el alcalde Gustavo Petro. Aquí se destruye sobre lo destruido. Antonio Caballero. Periodista y escritor.

*-Ver 'Galería de destrucción de Jessica Cediel'

Fotografías: Hernán Puentes y Alfonso Jaramillo

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