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La protesta silenciosa de Colin Kaepernick

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Colin Kaepernick es el Muhammad Ali de esta época. Con su protesta enfureció hasta a Donald Trump.

El túnel, el césped, la luz, los nervios, el equipo, el balón, los gritos, San Francisco, el himno, la letra, los espectadores, la protesta, la tensión de los músculos, el casco, el uniforme, la protección, Estados Unidos, policías, disparos, Black Lives Matter, brutalidad, racismo, muerte, Trump, el silencio, la soledad, arrodillarse, resistir, resistir, resistir, golpear, jugar.

Colin es adoptado. Colin creció en California. Colin se acostumbró a no ser igual que los demás. Sintió desde pequeño el racismo de su país. En el 2015 le dijo a la revista US Magazine que en todas sus vacaciones cuando llegaba a los hoteles con su familia algún empleado se acercaba y le preguntaba, nervioso, ¿qué se le ofrecía, qué buscaba?

Tuvo que aprender a vivir con los comentarios de los extraños que siempre le preguntaban si era adoptado. Supo que el color de la piel importaba y marcaba.

Kaepernick tenía dudas; su origen, sus ancestros, su historia. En la Universidad de Nevada, donde estudiaba Negocios y era el quarterback del equipo, empezó su politización. Se interesó por las comunidades afroamericanas y por la exclusión que vivían. Su carrera en la NFL fue en ascenso y nadie pensó que un día, con un simple gesto, revolcara al fútbol americano. Se arrodilló solo.

Luego se unió su compañero Eric Reid; resistieron los abucheos, los insultos de Donald Trump, que llegó a llamarlos hijos de puta. Kaepernick se quedó sin equipo y sin trabajo para esta temporada, pero su gesto trascendió: “No busco aprobación. Yo defiendo a las personas oprimidas… Si me quitan el fútbol americano, si me quitan el respaldo, sé que defendí lo que era correcto”, dijo Colin.

Hoy no se arrodilla solo.

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