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Juan esteban Constaín es la Clase de intelectual capaz de apreciar por igual la sabiduría de un meme y la de una obra filosófica.

Juan Esteban Constaín es un cazador de tesoros anacrónicos. Ha pasado parte de su vida buscando joyas en bibliotecas de Oxford, en Inglaterra, entre los archivos de la Universidad del Rosario –recorriendo los mismos lomos de los libros que algún día vio el sabio José Celestino Mutis– y entre videos de YouTube. Allí encuentra esas grietas de la historia que explora y convierte, en algunos casos, en novelas o ensayos.

Imaginó la vida de Napoleón como gobernante en América en su novela El naufragio del imperio. También recreó en ¡Calcio! lo que sería el primer partido de fútbol de la historia, un clásico entre el Imperio español contra la República florentina en pleno siglo XVI, y resucitó en El hombre que no fue jueves un viejo expediente del Vaticano en el que  Benedicto XVI, antes de dimitir, quiso canonizar a G. K. Chesterton. “El hombre es un animal que recuerda aun cuando quiere olvidar. Menos mal”, dice Constaín en el prólogo de su último libro Ningún tiempo es pasado. Esto que suena casi a una condena, es a lo que se ha dedicado el escritor payanés: a recordar.

Constaín es un conservador declarado. Ama el blues, fue actor en sus años de infancia, cree en la numerología y la carta astral, se considera fanático del fútbol y, para él, César Luis Menotti es uno de los pocos sabios de verdad. Su columna en EL TIEMPO habla de todo esto y se convirtió en un oasis entre tanta tormenta política: allí los lectores encuentran historias sobre intelectuales alemanes como Hellmuth Karasek y una emotiva carta de agradecimiento a José Néstor Pékerman. Esa variedad podría explicarnos para qué sirve la historia: tal vez para nada, o tal vez para hacer más llevadera la cotidianidad y entender por qué somos como somos. 

  • Su último libro, Ningún tiempo es pasado, es una antología de columnas y ensayos que busca “desentrañar del
    pasado la novela que hay en él”.
  • Álvaro Gómez Hurtado es el colombiano que más admira: “Él era un estadista de verdad, pero sobre todo era un gran pensador”.

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