Edición 138

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Este es el retrato de un niño que se hizo popó en los pantalones en un entrenamiento, que celebraba su cumpleaños con ponqués en forma de estadio y que jugaba fútbol en apartamentos de 80 metros.

En vez de nadar en las piscinas, se quedaba por fuera pateando balones; un niño que no paraba de narrar partidos inventados del fútbol argentino en sus viajes en bus, que quería hacer el centro y meter el gol de cabeza y que, un día, se transformó en un personaje sobrenatural. Dos meses de investigación y veinte personas consultadas crearon esta historia sobre James Rodríguez, un colombiano que por cuenta de los contratos publicitarios y el fichaje con el club más poderoso del mundo, solo puede dar declaraciones armadas y nos dejó hambrientos de sus palabras. Pero aquí están más de cincuenta cosas que no nos pudo decir.

Academia tolimense se consagró campeón del torneo Pony Fútbol en 2004, luego de vencer en la final 2-0 al Deportivo Cali, con gol olímpico incluido de James Rodríguez. El cucuteño además fue el mejor jugador y el goleador del torneo con nueve tantos.


Yo jugué contra James Rodríguez. Nada profesional, claro. Ambos estudiamos en el Colegio Tolimense, de Ibagué. Él tenía diez años y lo enfrenté en un campeonato interclases y en el patio de recreo. ¿Cuál fue el marcador de esos partidos? No recuerdo, quizá nos ganaron, pero sí recuerdo lo duro que le pegaba al balón. Todos nos poníamos de espaldas cuando pateaba. Nunca fuimos amigos ni cruzamos saludo alguno.

La última vez que lo vi fue en diciembre de 2010, llevaba cinco o seis meses en el Porto, en Portugal, ya tenía 18 años y entraba con dos amigos al Cinemark del Centro Comercial Multicentro, en Ibagué. Nos tomamos una foto con mi teléfono. “¿Quién es él?”, me preguntó mi novia. Cuatro años después, mi novia, por supuesto, ya sabía quién era él, como el resto del planeta Tierra, y se convirtió en un ser sobrenatural. Luego del Mundial Brasil 2014, James ganó muchos superpoderes, pero perdió el más humano y especial: el don del habla. Hoy, ni su familia ni amigos ni él mismo pueden hablar sin pedirle permiso a Jorge Mendes, su representante –el mismo de Cristiano Ronaldo, Ángel Di Maria y Radamel Falcao García– o al Real Madrid, su equipo. “Un momento, dígame si sí o no”, insistí por teléfono con la persona que me contestó en Teatro Barceló, una discoteca donde me dijeron que suele ir con Cristiano Ronaldo a la zona privada de La Luna a bailar reguetón. “Por política no hablamos de ninguno de nuestros clientes”, me dijeron y colgaron.

¿Será posible hablar con alguien de su círculo cercano? ¿Será posible decir algo que no esté en las tres biografías que se han escrito sobre él ni en los 138 millones de resultados que arroja su nombre en Google? Hubo un tiempo en que James Rodríguez recibía a los periodistas en su apartamento en Mónaco y comía lasaña con ellos en la mesa, que daba tantas entrevistas que a veces dejaba de almorzar y hacía esperar en el bus a sus compañeros de Banfield. Incluso, daba entrevistas a programas de chismes donde le preguntaban “¿qué color de ropa interior le gusta que use su esposa?”. “¿Hace oficios caseros?”. “¿Qué país quiere conocer?”. Andrés Marocco, periodista del programa Hablemos de fútbol, de ESPN, recuerda que James sudaba mucho en los cortes comerciales de una entrevista que le hizo. “No sé si era por los nervios, por las luces o por los dos”, cuenta Marocco de la época en que James no paraba de hablar, a pesar de su timidez y su problema de dicción. Incluso, la gente que lo conocía podía hablar sobre él. El periodista David Álvarez lo entrevistó para la revista Bocas, en diciembre de 2012, y presenció cómo unos meseros le hacían bromas pesadas sin miedo a que un periodista los viera. Le sirvieron panes en forma de pene y hablaban sobre la velocidad con la que supuestamente bebía alcohol: “‘James se bebe esto así’. El camarero agarra la botella de oporto y se la lleva a la boca como si intentara vaciar una cantimplora en la mitad del desierto”, escribió Álvarez. Pero ese James ya no existe.

Uno de los últimos periodistas colombianos que lo vio antes de convertirse en un ser sobrenatural fue Gabriel Meluk, editor de deportes del diario El Tiempo. En una sala blanca y limpia como de hospital, esperó cinco horas a que James terminara el entrenamiento, una sesión de fisioterapia, una ducha y un almuerzo en la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas, un complejo de 1’200.000 m² que cuenta con instalaciones médicas y de entrenamiento, doce campos de juego, estadio, residencias para los jugadores y 800 parqueaderos. Tuvo sólo ocho minutos y cuarenta segundos de entrevista con él, donde James únicamente habló del equipo, el equipo, el equipo y el equipo: “Fue un día único, un día en el que todos hicimos historia como equipo”, “yo sólo quiero ser uno más del equipo, sólo quiero ayudar siempre”. Así son los superhéroes en público. ¿También será así en la vida real?

Este año, 2015, James podría ganar cerca de quince millones de dólares, diez por patrocinios –de marcas como Adidas, Pepsi, Gatorade, Bimbo, Milo, Bronzini y Huawei–, cuatro por sueldo y uno por bonificaciones de goles. Según BBC Mundo, James recibirá en siete minutos lo mismo que un colombiano con el salario mínimo en una semana. Nada mal para un superhéroe que se convirtió, sin duda, en el colombiano más caro en la historia del fútbol –el Real Madrid pagó ochenta millones de euros por sus derechos y deportivos– y el quinto más cotizado de todos los tiempos, detrás de Ronaldo, Bale, Neymar y Luis Suárez. Es, además, el extranjero más joven en debutar y marcar un gol en la primera división del fútbol argentino; el primer y único colombiano en haber sido goleador de un mundial de fútbol, el que más se valorizó durante Brasil 2014, el primero en marcar en los tres partidos de la fase de grupos, en ganar el Premio Puskas a mejor gol y el primer sudamericano no brasileño y no argentino con seis goles en ese certamen.

Carnés de la liga de fútbol del Tolima en las categorias preinfantil e infantil.

James Rodríguez, con Academia Tolimense, recorrió varias ciudades, como Armenia, Cúcuta, Barranquilla, y Santa Marta, en donde varios niños aprovecharon para conocer el mar en el rodadero.

 

 

El equipo más importante que ha conformado James es su familia: Juan Carlos Restrepo, su padrastro; Pilar, su mamá, y Juana Valentina, su hermana, han sido un apoyo fundamental en su carrera..

 

El equipo más importante que ha conformado James es su familia: Juan Carlos Restrepo, su padrastro; Pilar, su mamá, y Juana Valentina, su hermana, han sido un apoyo fundamental en su carrera.

Wilson James Rodríguez, su papá biológico.

 

“James y Robben fueron los que más me llenaron los ojos en este mundial, pero James fue el mejor”, dijo Diego Maradona. Es, además, el primer colombiano en marcar un gol en un partido oficial en los 112 años de historia del Real Madrid. “That’s what you get when you go shopping in Envigado” –“esto es lo que adquieres cuando vas de compras a Envigado”–, dijo el comentarista deportivo Ray Hudson, del canal Bein Sport, sobre el gol que hizo con el Real Madrid contra el Almería. “James es el mejor fichaje de los últimos cuatro años del Real, me lo ha dicho el mismísimo Ancelotti, y alguien muy cercano a Florentino Pérez”, dice por teléfono, desde Madrid, Tomás González Martín, periodista del diario ABC, de España. Y continúa: “la presión del primer año en el Real Madrid es bárbara, y James ya ha podido superarla como ni siquiera lo hizo Zidane, porque a él le pesó muchísimo. Él es un genio, tiene unos recursos técnicos tremendos y hace parte de la columna vertebral del equipo”.

YULBRAINNER CALDERÓN FORMÓ A JAMES RODRÍGUEZ EN ACADEMIA TOLIMENSE.

ÁLVARO GUZMÁN ASUMIÓ LA DIRECCIÓN DURANTE EL PONY FÚTBOL.

“Te dan diez minutos en una sala oficial del Madrid y mientras hablás, tenés en frente, al lado de James, a la gente del equipo, de Adidas y a su representante. No permiten que hable de las intimidades del vestuario, ni de los egos del Madrid, ni del Barcelona, ni de Messi, ni de las comparaciones con el mismo Cristiano Ronaldo, evitando que caiga en el barro de la polémica”, me dice por teléfono desde Buenos Aires Juan José Buscalia, periodista argentino de Fox Sports que viajó desde su país para entrevistarlo y se lo iban a impedir cuando llegó el día. Pero Buscalia había tenido una buena relación con él en Argentina, y en Mónaco se hicieron amigos al trabajar en proyectos con Adidas. Y James, al saber que se trataba de él, lo hizo seguir, pasándose por encima a Mendes y al Real Madrid. ¿Para qué sirve ser superhéroe, entonces, si no te puedes saltar las reglas de vez en cuando?

 

HUGO CASTAÑO FUE EL ARTÍFICE DEL DEBUT DE JAMES COMO PROFESIONAL EN ENVIGADO

En Banfield quedó campeón con Julio César Falconi

JAMES ESTUVO BAJO LA DIRECCIÓN DE ANDRÉ VILLAS-BOAS EN PORTO.

 

Silvio Sandri, su primer representante, lo llevó a Banfield y posteriormente al Porto.

FLORENTINO PÉREZ, PRESIDENTE DEL REAL MADRID, DURANTE LA PRESENTACIÓN DEL JUGADOR. LO ACOMPAÑA SU ESPOSA DANIELA OSPINA.

 VÍTOR MANUEL DE OLIVEIRA

JORGE MENDES, SU NUEVO REPRESENTANTE, LO LLEVA AL MÓNACO Y MÁS TARDE AL REAL MADRID.

CLAUDIO RANIERI FUE SU POLÉMICO ENTRENADOR EN EL MÓNACO.

Carlo Ancelotti, técnico de James en el Madrid.


James, por sus superpoderes, debe saber que me reuní en el Centro Internacional de Bogotá con Juan Carlos Restrepo, su padrastro; que su mamá, Pilar Rubio, no contestó las tres llamadas que le hice; que llamé al teléfono celular a Wilson James Rodríguez, su papá biológico, pero después de darme el número de su casa desapareció por completo; que hablé varias veces e intenté reunirme en Ibagué con Mario Rubio –el tío que maneja 10 Gold, la marca de bebida energizante de James–, pero no fue posible; que llamé a Andrés Rubio, el hermano de Mario y de Pilar, encargado del manejo de ciertas relaciones de medios e imagen con James; que hablé con Juan Camilo Andrade, jefe de prensa del Real Madrid, y me dijo que no podía hablar ni con James ni su familia, porque el equipo no estaba interesado. “Hola José, yo voy a hablar con él a ver qué dice. Lo que pasa es que todo eso tiene que hacerle frente el Real Madrid y yo no quiero vulnerar la intimidad de James Rodríguez, panita”, me dijo Jorge Pineda, quien viaja constantemente a Madrid a pasear y jugar PlayStation con James en su casa. Julián Ramírez, uno de sus primos, tampoco quiso hablarme.

 A Luciano Wernicke, autor del libro James: nace un crack, le pasó lo mismo. Tuvo que acudir a la mayor cantidad de fuentes posibles que no estuvieran en el pacto de silencio de la fama porque tampoco le permitieron hablar ni con James ni con su familia. Al publicarse el libro, le envió una copia autografiada a Madrid. Todavía no ha recibido respuesta.

Hubo una época en que James estuvo libre, muy lejos de las barricadas de la cárcel de su fama. Entrenó durante seis años en la Academia Tolimense, en la segunda etapa de El Jordán, un barrio de clase media con alrededor de cuatro canchas de fútbol y microfútbol. Armando Yulbrainner Calderón fue su profesor allí, en el Polideportivo 14 de Octubre del barrio El Jordán, y cuenta que, por bromear con el equipo, les decía que cuando James cobraba tiros libres, la barrera se paraba mirando al arco para no perderse el gol. De cinco cobros concretaba cuatro y de cuatro tiros de esquina, dos eran gol olímpico. A Yulbrainner también le cambió la vida el Mundial Brasil 2014. Antes del certamen, tenía 150 niños en su escuela. Después, 300 niños. “Hice una foto de todos los niños y tuve que dejar cerca de 25 por fuera porque no cabían. Esa cancha ahora parece un hormiguero”, comenta.

James era más lento que algunos de sus compañeros, y en las competencias de velocidad los tomaba de la camiseta para frenarlos o los distraía cuando el profesor daba el pitazo de salida. “Él quería hacer el centro y cabecear al mismo tiempo”, dice Yamel Guzmán, un compañero de infancia que, para celebrar los goles, se arrodillaba para que James le pusiera el pie y él hiciera de cuenta que le lustraba los zapatos. “Nosotros jugábamos bolos en Argentina y como él no sabía, perdía y nos dejaba de hablar”, relata Matheus Uribe, excompañero de Envigado y con quien compartió apartamento un tiempo en Argentina. A James también le daba rabia que le dijeran “tatareto” o “metralleta”, por su problema de dicción. “A él se le dificulta hablar, pero jugando es un monstruo. Él es otro nivel, es el mejor”, dice Diego Noreña, uno de sus mejores amigos de la época. Y a pesar de ese problema, Yamel recuerda que en los viajes que hacían a los campeonatos, James no paraba de hablar y narrar con acento argentino los partidos de Boca Juniors y River Plate, mientras todos dormían.

“Como a ese muchacho sólo había que pulirlo, tal vez lo único en lo que hicimos mucho énfasis fue trabajar en cómo perfilarse, porque él recibía el balón, quedaba de espaldas al arco y al girarse para rematar se demoraba mucho y perdía el balón”, recuerda Yulbrainner, que puede haber sido, más de diez años antes, el artífice del gol que le dio a James el Premio Puskas, en el que pateó sin mirar el arco en medio de cinco uruguayos. “Esa es una jugada que siempre entreno, pero sin duda que si tú ‘chutas’ cuarenta veces solo va a entrar una y justo entra esa… Entra al ángulo y, entonces, ¡golazo!”, le dijo James a Meluk en la corta entrevista. Pilar, su mamá, nació en Ibagué. Se dice que su papá, el abuelo de James, era cercano al Deportes Tolima y ella iba al estadio desde que tenía cuatro años. Allí pudo haber conocido a Wilson James Rodríguez, futbolista que hizo parte de la selección Colombia Juvenil en 1985 y que jugó como profesional entre 1985 y 1992 en Independiente Medellín, Deportes Tolima y Cúcuta Deportivo, club que los hizo mudar a esa ciudad, donde nació James David Rodríguez Rubio, el 12 de julio de 1991. Y ese día, se dio la primera discrepancia entre Pilar y Wilson James: ella quería que se llamara Juan David, pero Wilson James no quería traducirle el nombre a su hijo.

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Tres años después, Pilar terminó su relación con Wilson James, al parecer, por problemas con el alcohol. Se mudaron a Ibagué, Pilar entró a trabajar como secretaria de gerencia en Cementos Diamante, donde también entró Juan Carlos Restrepo como gerente de transportes. Seis meses después, los dos se fueron a vivir juntos y se creó el equipo más importante en el que ha jugado James Rodríguez.

Hugo Castaño, director técnico del Envigado en ese momento y artífice del debut de James como profesional, dice que cuando llegó al equipo, su familia contrató a psicólogos, preparadores físicos y nutricionistas. Su padrastro y su mamá se encargaron de convencerlo de que el fútbol no era un hobby, sino una carrera profesional. “Yo, por ejemplo, le recomendé a la familia que vinieran a vivir con él a Argentina para que él estuviera bien, en su entorno”, me dijo por teléfono Julio César Falcioni, técnico del Banfield que fue campeón. Nada se le escapaba, ni siquiera Dios. En una entrevista con el Diario del Huila, Restrepo dijo que Pilar es católica y él es cristiano: “El Señor me dio la fortuna de que James sí siguió mis pasos, James sí es cristiano, ha sido buen lector de la Biblia”. Daniela Ospina, su esposa –y hermana del arquero de la selección Colombia, David Ospina–, en una entrevista con ABC, de España, dijo que un pastor viajaba desde Portugal para rezar en su casa en Madrid.

Se dice que Gustavo Upegui López, máximo accionista del club –asesinado en 2006, y vinculado con el narcotráfico y paramilitarismo–, le pagó a Pilar y su padrastro entre ochenta y ciento veinte millones de pesos para que James jugara en las divisiones menores del equipo con un sueldo de un millón de pesos. Allí, su mamá fue a la Secretaría de Educación y logró un acuerdo para que su hijo pudiera estudiar y entrenar. Al parecer, James se graduó de bachiller, y se ha dicho que estudió Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, aunque nadie me pudo confirmar ese dato con certeza. En un artículo que su padrastro escribió en la revista Cromos, recuerda una conversación que tuvo con James: “Yo no te voy a pedir que seas el mejor estudiante, solo te pido que apruebes las materias. Sí te voy a exigir que seas el mejor en el fútbol’. Hicimos ese pacto entre la mamá, él y su hermanita. Pilar y Juanita se sacrificaron, agarraban avión o bus, buscaban hotel y estaban atentas”.

Al año de estar allí, en Envigado, James ya alternaba con la plantilla profesional, regresó a Ibagué para sus vacaciones y fue a entrenar con sus antiguos compañeros. En un partido amistoso, James no pudo superar a uno de los rivales y Restrepo gritaba de un lado a otro. Al final, pelearon a gritos en frente de todos. El nivel de exigencia era máximo, no le daba espacio al error. Una persona me contó, incluso, que Restrepo llegó a pegarle a James. Y no sólo a James. Silvio Sandri, el representante que llevó a James Rodríguez a Banfield y luego al Porto, recuerda que en una de las últimas prácticas antes de que James viajara a Portugal, Restrepo los acompañó y jugó un partido informal en Buenos Aires entre colombianos y argentinos. “En una jugada, el padrastro choca mal con un delantero y se agarran a trompadas. Inmediatamente, James corrió a defenderlo y pegó algunas patadas. Por suerte me interpuse en el quilombo y terminó todo ahí”, recuerda Sandri.

COLOMBIA GOLEÓ 3-0 A GRECIA EN EL DEBUT DE NUESTRA SELECCIÓN EN EL MUNDIAL DE BRASIL 2014. JAMES
RODRÍGUEZ MARCÓ EL TERCER GOL.
Foto: Mauricio Moreno - El Tiempo.

James cuando no era un 10

EN LA SELECCIÓN COLOMBIA SUB-17.

 

EN BANFIELD.

 EN EL PORTO

EN EL DEBUT EN LA SELECCIÓN COLOMBIA DE MAYORES. SIN EMBARGO, LUEGO LE ASIGNARON LA “10” EN LAS SELECCIONES
SUB-17 Y SUB-20 Y EN PORTO.

James como un 10

EN ACADEMIA TOLIMENSE

LA SELECCIÓN COLOMBIA SUB-17

EN EL EQUIPO DE LA TERCERA DIVISIÓN DE BANFIELD

EN EL PORTO

EN LA SELECCIÓN COLOMBIA SUB

EN EL MÓNACO

 EN EL REAL MADRID.


Quizá la anécdota que mejor muestra la obsesión de James Rodríguez por hacer posible su sueño ocurrió cuando tenía diez años y estaba jugando en la cancha de microfútbol del Polideportivo Bocaneme, en Ibagué. Durante el juego, recibió el pase de un compañero, y antes de patear se hizo popó en los pantalones. No le importó el dolor de estómago ni la vergüenza de la situación. En quince minutos, fue a su casa, se bañó, se cambió y regresó. “Yo fui el que más me reí. Pero cuando James volvió a la cancha supimos que volver sin importar nada, a esa edad, sólo podía hacerlo él o él”, dijo uno de los presentes.

Pero esa obsesión no solamente era de James. Era una enfermedad familiar. Juan Fernando Quintero, amigo de infancia de James y volante de la selección Colombia, reconoció en entrevista con la revista Bocas que a la mamá de James “le gusta mucho el fútbol, tiene más pasión que la mía […] Cuando jugaba en Envigado, donde también lo hizo James, Pilar me regañaba. Todavía lo hace […] Le agradezco que me abriera las puertas de su casa desde que era un niño para estar con James, para jugar Play, para cuidarnos. Todo eso se ve reflejado en la amistad que nos une a James y a mí”.
Sus amigos y profesores de Ibagué cuentan que en sus cumpleaños el ponqué era con forma de cancha de fútbol y las bombas eran balones. Todos los jugadores, técnicos y periodistas que lo han visto en los cinco equipos en que ha jugado concuerdan que es el primero que llega a los entrenamientos y el último que se va. Si en el Real Madrid fuera impuntual, le cobrarían multas de mil euros por minuto. “James se quedaba pateando tiros libres, cobrando esquinas, driblando, haciendo control de balón”, recuerda Jonathan Estrada, compañero de James en Envigado. Julio César Falcioni me dijo que debía rogarle a James para que dejara de patear y estirara al final del entrenamiento. Y Diego Noreña recuerda que James no nadaba si iban de paseo a una piscina. Por el contrario, se quedaba fuera del agua pateando tiros libres para que alguien se lanzara al agua para taparlos. ¿Será la obsesión la receta perfecta para crear un superhéroe? Habría querido preguntarle esto a Pilar, pero no se pudo.

Andrés Felipe Aristizábal, uno de sus amigos de Ibagué, recuerda que cuando a James lo sacaban de clase no le importaba. Se sentaba en la puerta o se paraba en la mitad del patio a mirar al cielo. Su clase preferida era educación física, porque lo ponían a jugar fútbol. De hecho, además de jugar fútbol, jugaba Pro Evolution Soccer (PES) en PlayStation, con un módulo 4-3-1-2 –cuatro defensas, tres volantes, un diez y dos delanteros– y los delanteros siempre eran Roberto Carlos –un defensa, pero era el jugador que más corría en ese juego– y Ronaldo. A veces, como cuenta Yamel Guzmán, su cómplice de infancia, él modificaba un jugador a su medida para incluirse dentro del equipo. Los equipos que más escogía eran la Roma, porque le encantaba como jugaba Totti, y el Real Madrid, del que ha sido hincha desde pequeño. Y si no jugaba fútbol en la cancha o en el PlayStation, lo hacía dentro de la casa. Silvio Sandri recuerda que James vivía en un apartamento de cerca de ochenta metros cuadrados, ubicado en Monte Grande, provincia de Buenos Aires. “Algunas veces me llamaban de la inmobiliaria y me decían que escuchaban ruido dentro del apartamento como si estuvieran jugando fútbol. Cuando yo lo llamaba para preguntarle, él se reía y decía que no estaban haciendo nada”, recuerda Sandri.

Hoy todo se ve como si hubiera sido fácil, como si el destino lo hubiera llevado por el camino de los héroes sin baches y a toda velocidad. Pero no fue así. “James siempre entra tímidamente a los equipos, es cuestionado y luego se impone por calidad y compromiso. Tiene una voluntad tremenda, y detrás de su sonrisa hay un luchador terrible”, apunta el periodista argentino Jorge Barraza. Y así fue. En Envigado debutó con catorce años, pero tuvo que esperar cinco meses en el banco –o alternando, con muy poco juego– para ser titular, pero al final se fue con nueve goles en treinta partidos, y sus derechos deportivos pasaron de costar cien millones de pesos a 400.000 dólares por sólo el 50%. Eso pagó Banfield por él, donde se suponía que iba a jugar en primera división, pero al llegar lo enviaron a la cuarta. A veces jugaba en tercera, las reservas del club, pero cuando llegó a primera, con Julio César Falcioni, disputó 18 de los 19 partidos de la liga local y fue el cerebro de la única vez en que Banfield ha quedado campeón en 113 años de historia.

“Ese día fue la única vez que lo vi llorar”, me contó Falcioni. El Porto desembolsó 5,1 millones de euros por el 70% del pase de James. Allí, la diferencia horaria lo tenía despierto chateando con su familia hasta la madrugada. En 2011 Sandri dejó de ser su representante, pero un tiempo antes le pidió a Pilar que apagara el teléfono y el computador a las 3 p. m. en Colombia para obligar a James a dormirse a las 10 p. m. en Portugal. El insomnio lo tuvo seis meses en el banco de suplentes, con mal estado físico, y una noticia faltaba para terminar de liquidarlo: Pilar y su padrastro se separaron. Sin embargo, su recuperación lo convirtió en pieza clave del equipo y se fue del Porto con tres supercopas, una copa de Portugal, tres ligas nacionales, una Europa League, jugó su primera Champions League, fue reconocido como el mejor futbolista de la liga lusa en agosto-septiembre de 2012-2013, y fue la revelación en Portugal en 2012. Pero eso no fue lo más importante en Porto. En Envigado había lucido la camiseta número 19. En Banfield, la 8. Al llegar a Porto repitió la 19, pero terminó en su mejor momento, y por primera vez en un club profesional, con la 10, la misma que le dieron para afrontar el Mundial Sub-20 de 2011–que se disputó en Colombia–, donde hizo tres goles. No pasaron de cuartos de final, pero su actuación hizo que Leonel Álvarez pusiera sus ojos en él para llevarlo a la Selección de mayores.

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Y así llegó al A.S. Mónaco, que pagó 45 millones de euros por sus derechos deportivos. Es decir, su valor se multiplicó por nueve en tres años. Y lució la camiseta con el número 10 casi cinco meses en el banco, o jugando sólo en el segundo tiempo. “James Rodríguez tiene un problema de mentalidad. Piensa como un atacante, pero también debe defender. Al ver que no juega, lo entenderá”, dijo el técnico Claudio Ranieri. Y sí que lo entendió. Al final de la temporada no pudo levantar ningún trofeo, pero Mónaco clasificó a Champions League y James tuvo doce asistencias, el mejor registro del torneo local; jugó 38 partidos en todas las competiciones y metió diez goles. Ochenta millones de euros después, en el poco tiempo que lleva en el Real Madrid la situación no fue diferente. El fantasma de Ranieri volvió, y una frase de Andrés Felipe Aristizábal da cuenta de que se trataba de un problema de raíz: “James no marcaba ni un cuaderno”. Sin embargo, Tomás González Martínez, periodista del diario ABC de España, dice que “hubo muchas críticas sobre James por su marca, pero era porque Cristiano, Benzema y Bale no regresaban. James se puso el overol y, junto con Kross, es el que más kilómetros corre por partido. Tiene una resistencia bestial y es el jugador creativo más importante del Madrid. Es un genio”.

Todavía es pronto hablar de su situación en el Real Madrid, pero las estadísticas en la Liga BBVA al cierre de esta edición– previo a la última fecha del campeonato– suman un registro de 2.199 minutos jugados, 37 disparos al arco, doce asistencias de gol, 74 ocasiones creadas, 1.197 pases exitosos –71 largos y 1.126 cortos–, doce goles, 137 recuperaciones en defensa y, de acuerdo con la base de datos de Tomás González, un promedio de 11,2 kilómetros corridos por partido, una cifra que sólo supera el alemán Toni Kroos con 11,5 kilómetros, y que está muy por encima de los 8,5 km de Cristiano Ronaldo. Además, fue elegido como el mejor volante ofensivo de la temporada, en las cinco grandes ligas de Europa –España, Inglaterra, Francia, Alemania e Italia–, según un informe científico realizado en el Centro Internacional de Estudios Deportivos (CIES).

Diego Noreña, su amigo, lo compara en todo sentido con Oliver Atom, el personaje de la serie de dibujos animados japoneses Supercampeones. “Y no lo digo sólo porque a James le gustara ese programa. Lo digo porque tienen carreras muy parecidas: desde pequeño queda campeón, se va y cuando Oliver llega a Brasil, todo le cuesta, todo se le dificulta y cuando menos creen, despega y se vuelve determinante, igualito a James en su llegada a los equipos. Además, Oliver tenía a Roberto Cedinho y James tuvo a Juan Carlos”. Parece entonces que Oliver Atom no hubiera sido sólo el protagonista de la serie favorita de James, sino la adaptación japonesa y anticipada de su vida. Una vida sobrenatural.

Cuando alguien alcanza la fama universal, las anécdotas de su humildad se convierten en pequeños tesoros que los fanáticos atesoran. ¿Quién no quisiera ver a Batman o a Superman comiendo perros calientes en la calle? Una tarde de mayo de 2015, llamé a la sede del Atlético Banfield, en Buenos Aires, para preguntar por Marcelo Galván, uno de los utileros de la época de James. Me dijeron que llamara el lunes siguiente, y antes de colgar pregunté si sabían cuál era la parrillita en la que comía James a las afueras del estadio. “No tengo ni idea”, me respondieron entre risas. Sin embargo, días después, Silvio Sandri me dijo que el lugar era La parrilla de Beto: “Era muy popular en esos tiempos para el barrio.
Beto era un tipo simple y trabajador y ya tenía una edad muy avanzada. Ahí James empezó a armar el romance con las entrañas del club. Todos los viejitos se acercaban en la parrillita y charlaban con nosotros. James iniciaba con un chorizo y chinchulines. Después terminaba con la carne que recomendaba el parrillero o que mejor se veía. Cuando James debutó e hizo el primer gol, le regalamos una foto autografiada a Beto, que, al recibirla, se emocionó mucho. Luego, ya llenito, James se iba a descansar, primero a mi casa y luego a su departamento. La parrillita queda justo en la esquina de la cancha de Banfield, pero Beto falleció hace un par de años, ahora hay otra gente y ya no es lo mismo”. En esa época en Argentina, cuando sus papás lo visitaban –antes de vivir juntos allá–, James pedía que le llevaran arepas y fríjoles. Y como no sabía cocinar, Sandri lo atendía en su apartamento con asados, choripanes, sorrentinos de jamón y queso. Además de la parrillita, otro de los mitos en la época humilde de James se llama Mónica. Luciano Wernicke, Silvio Sandri y Hugo Castaño me hablaron de una novia que tuvo, quizá, entre los catorce y los 16 años.

“Él aquí llegaba con una noviecita a los partidos, seguramente era Mónica, pero no recuerdo su nombre ni cómo era”, me dice Castaño, el técnico de Envigado con el que James debutó. Wernicke dice en su libro que James quería que Mónica fuera a visitarlo a Buenos Aires, pero su familia no lo permitió, y al cabo del tiempo, el noviazgo se acabó. Sandri, incluso, habló con ella por teléfono, por petición de James: “Huy, tema difícil. Ja mes estaba muy enamorado. Me hacía hablar con ella y me decía que se quería casar y que yo fuera su padrino. La llamaba siempre desde mi casa y se la pasaba una hora al teléfono hasta que conoció a Daniela, se enamoró y cambió todos sus planes”.

“PIENSO QUE DEJAMOS TODO ADENTRO Y POR ESO ESTAMOS TRANQUILOS. LASTIMOSAMENTE QUEDAMOS AQUÍ PERO QUERIAMOS SEGUIR. LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN Y MÁS CUANDO SENTÍS ESTO COMO UN HIJUEMADRE. ESTOY TRISTE POR ESO”, DECLARÓ JAMES LUEGO DE LA ELIMINACIÓN DEL MUNDIAL DE BRASIL 2014. CON ESTE ABRAZO LO RECIBIÓ PÉKERMAN AL FINALIZAR EL PARTIDO.

Y dentro de la obsesión por saber todo de James, está también el secreto de a quién le dio su primer beso. Fue a una niña que vivía en Bello, Antioquia, por los días en que Academia Tolimense jugó y ganó su primer y único Pony Fútbol, el torneo infantil más importante de Colombia y la vitrina para que James hiciera nueve goles –incluido uno olímpico que marcó en la final– y se consagrara como el goleador y el mejor jugador del torneo. Su destacada actuación hizo que equipos como Envigado, Independiente Medellín y Atlético Nacional se fijaran en él. Y las niñas también. “A él le gustó mucho esa niña, que vivía muy cerca de donde estábamos hospedados, y como él era muy tímido y no le gustaba hablar, entonces yo era el ‘razonero’. Yo les palanqueé un besito”, dice Yamel Guzmán.

Un periodista me dijo que su obsesión por los datos es tan grande que sabe la nacionalidad de la primera mujer con la que James tuvo relaciones en Argentina. Al preguntarle por el dato, me dice: “¡¿Qué cambia?! ¿Para qué te voy a dar ese dato?”. Otra persona me habló de sus errores de ortografía. Otra del jacuzzi para cuatro o cinco personas que tenía en el balcón de su apartamento en Mónaco. De una botella de whisky The Glenlivet 15 años que tenía en su biblioteca, en la que, además, no había más de diez libros – Sandri recuerda que en Argentina leía libros de superación personal–. De la camioneta Porshe que tenía Daniela y el Lamborghini blanco de James. De cómo rezaba antes de cenar en el apartamento de Falcao en Mónaco, cuando vivían en el mismo edificio, uno sobre otro. De su iMac y una ampliación enorme que tiene de la foto en la que besa la Bota de oro. De su odio por la cebolla y el ajo, del cuidado que tiene con el picante y las grasas y su amor por el arroz con pollo. De la vez en que iba con seis amigos en Buenos Aires y tuvo que arrancar a toda velocidad porque unas prostitutas iban a golpear a patadas su automóvil. De los portarretratos que hay por toda su casa con fotos suyas jugando fútbol y de su matrimonio. De sus salidas de casillas cuando ve algo desordenado.

De la cocinera caleña que tenían en Mónaco. De la vez que Jackson Martínez se quedó en su casa en Oporto y de cómo James le ayudaba a entender las órdenes en portugués del entrenador. Del “¡huy hijueputa!” que exclamó en su automóvil la vez en que se asustó al ver a dos monjes con capucha, por el frío, en la autopista de Ezeiza en frente del predio de River. De su manía por chatear e intercambiar miradas coquetas con Daniela frente a todos en la mesa mientras comen. De su perro cocker spaniel, Manolo –o Nolo, en diminutivo–, y de su sorprendente tranquilidad, porque esa raza suele ser insoportable, pero el de James no le ladraba a los desconocidos que llegaban por primera vez a su apartamento. Se ha dicho que Manolo iba a una peluquería de Mónaco una vez por semana, y cada sesión costaba 180 euros. Y ahora Manolo tiene compañía. Se llama Tom y es un bulldog francés.

Yo creo que James va a leer este artículo. O su mamá, su papá, el padrastro, los tíos, los primos o, como mínimo, Jorge Mendes o alguien de su equipo. O todos. Y van a pensar que estoy loco. Y quizá emprendan una cacería contra mí por contar el episodio en que se hizo popó en un entrenamiento o en el que su padrastro le pegó. Quizá lo nieguen, quizá me llamen a reclamarme o quizá no hagan nada. Lo cierto es que ese James ya no existe. El James que se casó con una muchacha que conoció por teléfono el día de su cumpleaños 17 ya no existe. El niño que rechazó jugar con el balón bonito que le dio un profesor porque otro compañero lo había agarrado antes, ya no existe. No existe el niño que le pedía a sus amigos que le prestaran los tenis de moda para pasearse en la cancha durante los viajes y llamar la atención de las niñas. “¿Se acuerda de esos tenis que tenían como unos resortes en la suela? Esos eran los que yo le prestaba”, dice otro amigo que compartió muchos años con ese James que ya no existe.

LOS SITIOS QUE FRECUENTA JAMES EN MADRID, SEGÚN ALGUNAS FUENTES:

 

TEATRO BARCELÓ.

DISCOTECA BANLOO

 

RESTAURANTE TEN CON TEN

JAMES RODRÍGUEZ CON EL REGUETONERO KEVIN ROLDÁN Y CRISTIANO RONALDO EL DÍA DE LA POLÉMICA QUE DESPERTÓ LA FIESTA DE CUMPLEAÑOS DEL PORTUGUÉS DÍAS DESPUÉS DE LA DERROTA ANTE EL ATLÉTICO DE MADRID.

Y hablar de los tenis me causa temor. Su mamá siempre ha dicho que James tuvo lo mejor. Y creo que si ella lee que su hijo le pedía tenis prestados a sus compañeros va a pensar que es una mentira. Y quizá su padrastro va a decir que nunca, nunca, nunca le tocó un pelo a James. Los papás siempre nos han deseado lo mejor a los hijos, creo sinceramente que así fue en el caso de James y que su éxito se debe al trabajo del mejor equipo que lo acogió en sus filas desde que nació: su familia. Eso lo saben sus amigos, lo saben los tenderos, los vecinos, los profesores y lo sé yo. Todos. Todos lo sabemos. Pero ellos tienen que entender que ese James, el de ellos, ya no existe.

Aunque, a decir verdad, sí existe. Hay un video en YouTube, por ejemplo, donde decenas de personas lo detienen a la salida de un entrenamiento del Real Madrid para pedirle autógrafos. James no acelera su automóvil ni cierra la ventana hasta que todos se toman fotos con él. Por eso, el James humilde existe todavía, pero está encerrado en una casa de mil metros cuadrados en la urbanización La Finca, a las afueras de Madrid, por la que, según dicen, paga de alquiler cerca de veinte mil euros al mes. Tiene un jardín inmenso, piscina propia, gimnasio y garaje hasta para seis automóviles, entre los que cuentan un Audi R8 como el que les regala la marca a todos los jugadores del Real Madrid. “Tiene mínimo cinco coches, pero no sé con certeza cuáles son. Sin embargo, en el que más se le ve llegar a Valdebebas es el R8, porque puede estacionar en el parqueadero exclusivo de la marca, que es el más próximo al complejo deportivo, a treinta metros y con capacidad para cerca de cuarenta coches. Si va en un coche de otra marca, debe parquear más lejos, en el segundo, que queda más o menos a cien metros, o en el tercero, que queda a 150 metros”, me dijo un periodista español.
Alberto Garrido es el administrador de Banloo, una discoteca de Madrid, y tiene mucha cercanía con Cristiano Ronaldo y otros jugadores. En una entrevista al periódico El Mundo, de España, dijo que no quería hablar. “Llevo diez años tratando con jugadores del Real Madrid y entiende que no quiera que dejen de confiar en mí. Mi curro se basa en el silencio y me gustaría seguir estando en la sombra”.

Él es famoso por garantizarles el máximo silencio y las mejores fiestas en los reservados VIP de las mejores discotecas de Madrid, donde, además, les ponen shishas, o pipas de agua, sin tabaco. Y Garrido se toma fotos con todos ellos: con Jesé, Dani Carvajal, Benzema, Álvaro Morata, Sneijder, Drenthe e Higuaín cuando jugaban en el Madrid. Y esas fotos le sirven para llevar miles de personas a su discoteca, porque ¿quién no querría ir a una fiesta repleta de superhéroes que bailan, beben y bromean? Y Garrido ya se ha tomado unas cuantas fotos con James, una en el cumpleaños de Cristiano Ronaldo, otra en su casa jugando PlayStation y otra en Londres, donde se dice que James lo llevó en noviembre pasado para ver el partido amistoso de Colombia contra Estados Unidos. Así, el nuevo círculo de James es un círculo que le garantiza silencio, con el mismo celo que Alfred protege la identidad de Bruce Wayne. Eso mismo hacen Garrido, Mendes, Cristiano y los amigos y familiares de James. De hecho, se dice que Cristiano lo regañó por haber invitado al reguetonero colombiano Kevin Roldán a su fiesta de cumpleaños de treinta años. Roldán subió fotos y videos de la fiesta, y tuvo tan mala suerte que fue sólo dos días después de que el Real Madrid perdió contra el Atlético de Madrid. Y perdieron a lo grande: 4-0. La hinchada se enfureció con Cristiano Ronaldo por bailar y beber a pesar de semejante derrota, y Cristiano con Roldán –se dice, incluso, que quiso demandarlo–, con Jorge Mendes y James, por no tener el cuidado necesario y romper el pacto de silencio.

¿Y para qué necesita James ese pacto de silencio? ¿Por qué quieren ocultar a alguien del que nadie tiene cosas malas que decir? James es humano, y como humano ha tenido situaciones penosas, pero nadie me ha dicho que roba, miente, es infiel o asesina. ¿Qué quieren ocultar de James si es tan buen muchacho? La respuesta está en el extraño y caprichoso mundo de la publicidad. Si alguna vez James conduce su Audi R8 bajo los efectos del alcohol, y la situación se vuelve pública, nunca más una marca de vehículos volvería a usarlo como imagen. Y eso implica uno o dos millones de dólares menos al año para él. O, por ejemplo, en una ocasión, Daniela Ospina dijo en una entrevista que James nunca cargaba la pañalera de Salomé, su hija. Es decir, esa frase inocente acabó con cualquier negocio que una marca de pañales o bebés quisiera hacer con él. Y eso podría pasar casi con cualquier palabra que salga de su boca.

Al final de más de un mes de llamadas, viajes e investigación, mi última esperanza de hablar con alguien que traicionara el pacto de silencio del superhéroe, tenía nombre propio: Francisco Arias, el maitre del restaurante madrileño Ten con Ten, un lugar que James frecuenta con regularidad y que sirve croquetas de faisán, risotto de sémola con trufa, langostinos rellenos de coco y curri, raya y raviolis con bogavante. “Hoy es día de fútbol, te voy a dar mi móvil y llámame mañana. Hoy estoy liado. Tengo ocho mesas y más tarde será el doble”, me dijo Francisco. Al día siguiente, Madrid despertó con la tristeza de la salida del Real Madrid de la Champions League por el 1-1 contra Juventus. A las 6 a. m., hora Colombia, lo llamé de nuevo. “Conversé ayer con James luego del partido y me dijo que era mejor no hablar sobre eso y yo sin su autorización no puedo declarar nada”, me dijo, y al colgar debió sentir gran tranquilidad. Francisco acababa de convertirse en el nuevo guardián del silencio del superhéroe.

AGRADECIMIENTO ESPECIAL A YULBRAINNER CALDERÓN, SILVIO SANDRI, ANDRÉS FELIPE ARISTIZÁBAL Y DIEGO NOREÑA POR COMPARTIR PARTE DE SU ARCHIVO FOTOGRÁFICO.

Twitter: @JoseDaniG

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