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El rock en español no sería lo mismo sin la mujer que dio voz a la banda más emblemática de Colombia.

Es más que una florecita rockera. Andrea Echeverri es el símbolo del rock latinoamericano. Lo dejó claro a principios de la década de 1990, cuando puso a toda Colombia a escuchar Aterciopelados gracias a canciones legendarias como Mujer gala y Florecita rockera; también lo dejó claro en 1996, cuando colaboró con Soda Stereo, y en el 2001, cuando Aterciopelados ganó su primer Latin Grammy con su álbum Gozo poderoso.

La música es su vida, pero ella prefiere definirse, simplemente, como una artista a la que le gusta cantar. Antes de llegar a Aterciopelados estudió cerámica en el Plymouth College of Art, en Inglaterra. Estaban acabando los años 80 y ella iba a Londres cada vez que podía a conocer bandas como The Smiths. Al fin y al cabo todo se trata de arte, como lo demuestran los curiosos vestidos que usa en las premiaciones y que, inevitablemente, terminan dándole la vuelta al mundo.

Usted estudió arte, ¿cómo llegó a la música?
En mi casa todos cantan y mi mamá toca guitarra, pero todo siempre fue muy intuitivo. Aprendí a cantar con boleros y rancheras, que era lo que mi mamá me ponía. Después, cuando conocí a Héctor [Buitrago], él venía aburrido de una escena tan fuerte como la de La Pestilencia y quería hacer algo como más suave, diferente. En esa época escuchábamos Björk o Sugarcubes y al comienzo hacíamos covers de Pixies. ¡Eran solo dos noticas y ahí nadie sabía tocar nada! Ahí empezó la cosa: nos conocimos, nos enamoramos, nos fuimos a vivir juntos, pusimos un bar en La Candelaria que se llamaba Bar Barie y empezamos a ensayar.

¿Cuál fue la primera canción que escribió?
Héctor era muy punk y yo nunca había visto a un punk en mi vida, entonces quedé como ¡guau!. Yo era más de la onda art nouveau y pop, entonces hicimos El ángel trasboca. Eran como mis ángeles combinados con estas cosas de punk de él.

¿Además de Björk y Pixies, qué más oía?
Yo escuchaba el punk de Héctor, pero en realidad yo era una niña del norte de Bogotá, una gomelita que había estudiado arte. Me fui a Inglaterra a especializarme y allá escuchaba The Smiths y Siouxsie and the Banshees. Cuando estaba en la universidad acá escuchaba rock argentino y a Silvio Rodríguez… Otra cosa que siempre he tenido clara es que el arte va ligado a la música, entonces no solo me imagino la música, también me imagino gorros, vestuario…

Por eso Aterciopelados se ha caracterizado por sus pintas, como la que se puso en el evento de los últimos Latin Grammy…
Sí, tiene que ver con varias cosas. Me invento sombreros y hay chicas que me ayudan con cosas para el escenario que son chistosas o simbólicas. Para los últimos Grammy Latinos me hice el sombrero de gramófono y eso causó más reacciones que el mismo premio de la categoría que nos ganamos. Además, lo hago porque en unos Grammy gringos uno no es nadie, pero pasamos de no tener ninguna entrevista a tener muchísimas; creo que también fue una estrategia mediática y funcionó.

¿Cómo recuerda el hecho de haber colaborado con Cerati?
Fue lindo, porque cuando yo estaba más sardina aquí en Colombia estaba esta cosa de las bombas y la inseguridad. No había muchos conciertos porque casi nadie quería venir, pero Soda Stereo sí venía y mis dos primeros conciertos en la vida fueron con Soda. Esas son cosas que marcan mucho, así que terminar girando con ellos y además ser invitada en una canción fue algo muy emocionante.

Aterciopelados ya era un referente del rock latinoamericano…
Todo fue muy raro con Aterciopelados. Nosotros veníamos del punk y del arte, no eramos ni músicos y de pronto tuvimos éxito: yo estaba cantando con Cerati, el hombre con el que había soñado y al que había escuchado. Les abríamos a Soda, a Héroes del Silencio, a Caifanes...

¿Le ha tocado duro en la industria musical por ser mujer?
Yo siempre he sido arrebatada, furiosa y terca. A Aterciopelados le fue bien porque aunque la gente no entendía, la banda de alguna manera funcionaba: el público nos apoyó, la radio también y eso nos dio algo de espacio para ser como somos. Creo que a otras mujeres sí les ha tocado más duro o más difícil.

¿Usted es feminista?
Tuve una época alrededor de un disco que se llamó Ruiseñora. Estaba en un momento al que hoy yo llamo ‘mi revolución feminista’. Hay una canción que habla sobre Conversaciones con violeta, un libro de Florence Thomas que preciso me llegó en esa época. Además, estuve trabajando con una organización que trabaja con mujeres víctimas de la violencia, con Florence, con Alejandra Borrero. Esa fue mi época más feminista, pero si vas a rastrear canciones de Aterciopelados, siempre hay una posición al respecto. Cosita seria o Nada que ver, donde canto: “No se me acerque mi don / conozco su calaña / Ya me han metido ese gol / mantenga su distancia”, son feministas de alguna forma.

 

 

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