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¿Cómo salvó el fútbol al hijo del arquitecto de Hitler?

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Albert Speer Jr ha diseñado unos de los estadios más impresionantes del mundo

 

 

“Eventos como la Copa del Mundo hacen que nos replanteemos lo impensable”, dijo Albert Speer Jr. cuando se presentó en Qatar, hace más de cinco años. Lo hizo con sus gafas rectangulares y su tartamudeo que no inspiran confianza, pero no importa: sus propuestas hablan por sí solas. Su firma fue elegida para diseñar los estadios del país petrolero, anfitrión del mundial de fútbol de 2022. Los estadios que ha diseñado muestran un balance entre estética y funcionalidad: mantienen las altas temperaturas del desierto a raya sin gastar energía, tienen sus particularidades (por ejemplo, como los describe Der Spiegel, “uno tiene la forma de un mejillón y a otro se puede llegar en yate o taxi acuático”) y acabado el mundial pueden ser desarmados y enviados a países pobres con más necesidad que las élites de Qatar.

"Los niveles superiores de los estadios pueden ser removidos, creando 22 estadios pequeños que serán dados a paises en desarrollo tras el mundial"

La sombra de su padre lo persiguió hasta su muerte, el 15 de septiembre de 2017. Es difícil escapar de la fama del “arquitecto de los nazis”. Con 82 años, le molestaba que aún lo llamaran “junior”, y contaba cómo, en 1958, mientras su padre seguía en prisión (fue sentenciado a veinte años por los jueces de Nuremberg), Albert condujo su scooter Lambretta hasta Turquía, intentando escapar de todo: su vida, sus preocupaciones y su padre. Incluso cambió su firma, para no incluir en ella la “A” puntiaguda que distinguía a Albert Speer Sr. Al menos pudo levantar su propio legado, con una firma de 120 empleados que han construido desde una ciudad para automóviles a las afueras de Shanghái hasta el próximo campus de Audi, al sudeste de Ingolstadt; era un arquitecto que promovía el concepto de “ciudad sostenible”, con un estilo que se centra en la gente, no en las ideologías, como lo expresa el crítico Gerhard Matzig. Y todo sin necesidad de cambiarse el nombre. No como su hermano, Adolf.

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