Edición 117

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Los libros para leer este mes

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Se cumplen 20 años de la muerte de una de las escritoras más potentes del siglo XX: la incomparable Patricia Highsmith.

 No hay nada más afortunado que el eterno retorno de un escritor que nos hace felices. Patricia Highsmith es la felicidad pura; leer sus novelas y sus cuentos es un placer garantizado, ¿quién no ha oído hablar de Tom Ripley? ¿No sabe quién es? Es hora de leer El Talento de Mr. Ripley –como primera medida– y conocer a uno de los asesinos más complejos de la historia de la literatura, y luego leer las otras novelas que lo tienen como protagonista (La mascara de Ripley, El juego de Ripley, Tras los pasos de Ripley y Ripley en peligro), y más tarde ver las películas basadas en las novelas –entre otras, El amigo americano, con el gran John Malkovich, y El Talento de Mr. Ripley con Phillip Seymour Hoffman, Jude Law, Matt Damon y Gwyneth Paltrow–.

Y no detenerse. Porque Highsmith es un vicio peligroso. Este año se cumplen 20 años de su muerte y Anagrama decidió recuperar toda una biblioteca con sus obras. Y ahí está Ese dulce mal, la clásica Extraños en un tren (que, por supuesto, solo podía adaptar un maestro del cine: Alfred Hitchcock). Porque Highsmith fue una maestra del misterio. Para los que aman las etiquetas puede considerarse la gran dama de la novela policiaca, pero eso sería reducirla en extremo.

¿Cómo clasificar un cuento como El observador de caracoles, donde hace su aparición una isla con caracoles del tamaño de un dinosaurio? No. Highsmith fue una de las grandes escritoras del siglo XX. Y si carga con la etiqueta negra de los detectives es porque supo entender el mal y las motivaciones más oscuras de los seres humanos en sus novelas. Y por eso aparecen matrimonios que generan situaciones escalofriantes (Crímenes imaginarios). O personajes insignificantes que esconden más de lo que aparentan (El grito de la lechuza). O una familia disfuncional que hace que el horror cotidiano y deja al descubierto “la oscura mente de la escritora” (El diario de Edith). No lo duden: separen un pedazo de biblioteca para esta mujer; vale la pena vivir en el horror y la zozobra que producen sus palabras. Y una cosa más: las fotos icónicas de Highsmith la muestran como una vieja alcohólica, risueña y con un eterno cigarrillo en la boca; busquen más: sus fotos de juventud merecerían varias páginas de esta revista.

Fotografía: Filiberto Pinzón

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