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La La Land, un colorido musical e historia romántica que puede parecer algo superficial y tonta para los más exigentes. Pero no se deje engañar: esta es una de las mejores películas del año.

 
Esta es la historia de Mia y Sebastian. Ella, una aspirante a actriz que trabaja en un café; él, un músico con el sueño de montar su propio bar de jazz. Se conocen en Los Ángeles, se detestan al principio y, de a poco, se dan cuenta de que se gustan. La primera mitad de La La Land no corre de los clichés, más bien los acepta desvergonzadamente.

Pero un cliché no es necesariamente malo. No me seguiría riendo con los Looney Toons si esa fuera la norma. El director Damien Chazelle rinde homenaje a las pautas de los musicales de antaño (la típica historia de amor, la música anticuada acompañada de un acto de baile, etc.), pero en un ambiente moderno y con un estilo propio, marcado por los colores vibrantes y un diálogo mordaz, que evita que se sienta como si alguien simplemente estuviera filmando Singing in the rain para el siglo XXI.

 

Por supuesto, por más encantadoras que sean las canciones o la dirección de arte, no valdrían nada si los dos actores de esta historia de amor no tuvieran química entre ellos. Afortunadamente, Ryan Gosling y Emma Stone parecen haber nacido el uno para el otro... o, al menos, así de bien actúan. Desde sus comentarios sarcásticos hasta las sonrisas que se dedican el uno al otro. Su relación en la pantalla es tan fuerte que cada pelea y cada obstáculo entre ellos solo intensifica el drama, porque le aseguro que estará haciendo barra para que estén juntos. Cuando eso pasa, sabe que está viendo una buena película romántica.

 

No les voy a contar, obviamente, cómo termina. Solo sepan que los últimos quince minutos son tan fuertes y bien montados como los de la obra anterior de Chazelle, Whiplash; mezclando la música con un lenguaje audiovisual que llega hasta lo surreal (como los antiguos musicales de Hollywood), lo dejarán emocionalmente agotado al salir del cine, en un buen sentido. No transmite un mensaje significativamente profundo, pero sus emociones resuenan tiempo después de haber acabado la función.

Ya que se me acabó el espacio para seguir elogiando esta película, y ya que sé que no me creyeron ni una palabra y piensan que fácilmente es la película más rosa del año, solo me queda rogarles que al menos se dejen llevar por su esposa/novia a verla. No se arrepentirán.

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