Edición 128

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Muérase de miedo sin salpicarse de sangre

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Reseña de la primera película del comediante Jordan Peele.

El comediante estadounidense Jordan Peele debuta como director con Get out, una película que utiliza de forma innovadora el racismo como método para llevar a la audiencia a un plot de terror. El personaje principal es el actor inglés Daniel Kaluuya, que interpreta al novio de una mujer blanca que lo lleva a conocer a su familia en los suburbios de un pueblo en los Estados Unidos. Cuando llegan a la casa, el director se las ingenia con habilidad y sutileza para que el espectador empiece a percibir que algo no anda bien.

En un principio Chris y los padres de Rose están en un ambiente de aparente tranquilidad, pero poco a poco y a medida que transcurre la conversación y las preguntas exploratorias de parte y parte van desarrollándose, va surgiendo una atmósfera densa de incomodidad que todos se esfuerzan, sin éxito, por disimular. El incómodo intento de los presentes por evadir respuestas directas y comprometedoras, o decir verdades a medias, va in crescendo, hasta que, poco a poco, Chris, que es intuitivo y sagaz, va perfilando una realidad difícil de tragar: la gente blanca de ese suburbio ha encontrado una nueva forma de esclavizar.

El manejo del terror por parte de Peele en esta película es bien diferente al que nos tienen acostumbrados los filmes del género y logra ir llevando a la audiencia a descubrir el hilo de la trama a través del punto de vista y las deducciones del propio protagonista. (De una forma más bien psicológica y no obvia, llena de sangre y masacre, o cinco amigos en una cabaña en un bosque en donde los atacan demonios).

Esta es una trama en la que el director entreteje su particular manera de abordar la política, el nunca resuelto conflicto racial, la dificultad de acceder a un deseable sincretismo cultural haciendo que todos estos factores influyan en la psique de la audiencia llevándola por un territorio desconocido y enervante.

Sin revelar más, se puede adelantar que Peele nos deja boquiabiertos con el inesperado giro del tercer acto. El manejo de cámaras es excelente, y la manera como enfrenta a los personajes, directa y sin titubeos. Peele logra describir gestos, intenciones y reacciones en cada uno de ellos, para llegar a una conclusión estremecedora. Es una película que dará de qué hablar y pondrá a muchos a pensar, no solo por su mensaje potente, sino porque demuestra que con un manejo inteligente del terror y el suspenso se puede lograr un clímax, sin necesidad de sangre y violencia.

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