Edición 117

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'Indiscreción': un manual para el hombre infiel sin escrúpulos

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Indiscreción, de Charles Dubow, es la excepción entre todas las "novelas eróticas" que se han editado en los últimos tiempos. Fue escrita para hombres, por un hombre. Por Martín M. Lanzón

Las librerías presentan hoy una inusual oferta de novelas eróticas que prometen ser osadas, sensuales, perversas y lujuriosas; todas tienen en común ser escritas por mujeres y para mujeres. Con desazón los hombres quedamos por fuera de estas lecturas eróticas al igual que las mujeres quedan a un lado cuando se trata de películas pornográficas.

Una desgracia. Ya las buenas obras del erotismo y la pornografía no se limitan a un solo sexo. Indiscreción, de Charles Dubow, es la excepción entre todas las “novelas eróticas” que se han editado en los últimos tiempos. Fue escrita para hombres, por un hombre: Dubow nos presenta a Harry, un exitoso escritor, casado hace dos décadas con Madelaine, una hermosa mujer de unos cuarenta años, excitante por donde se la mire.

La pareja se hace amiga de Claire, una veinteañera, preciosa e impactante que se pasea entre ellos del modo necesario para atraer todas las miradas: de Harry, de Walter (el narrador) y de todos los hombres que la ven. La infidelidad se presiente desde comienzos de la narración, pero deseamos que suceda algo más que la previsible caída de Harry ante los pechos firmes y jóvenes de Claire.

No encontramos extrañas reacciones de la hermosa Madelaine, ni un guiño erótico sorprendente. La novela decae en un manual para el hombre infiel sin escrúpulos. La lectura de libros eróticos se hace placentera cuando nos metemos en la cabeza de personajes que experimentan con el sexo en situaciones que apenas podemos concebir, como el desconcierto que siente la protagonista de Nueve semanas y media, de Elizabeth McNeill, cuando comprende que ama ser dominada y humillada.

La literatura erótica continúa viva porque muestra lo que las imágenes no pueden mostrar, por eso se venden millones de libros, incluso hoy que todos habíamos creído ver, a un solo clic de distancia, todo el sexo en Internet.

Por Martín M. Lanzón.

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