Edición 128

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Aprovechando la jornada del distrito que reúne a grafiteros locales e internacionales, recogimos algunos testimonios e imágenes del arte callejero.

Chanoir (Alberto Vejarano)

Yo empecé en 1996, en Francia, porque no quería estudiar medicina. Dije “¡qué jartera, no quiero hacer eso!”. Había un man, que para mí me inició en ese arte, que se llamaba André. Él hacía un mamarracho muy simpático (un muñequito redondo sonriente) y me gustó la cultura que estaba naciendo con eso. Me motivó y ahí seguí, pintando.

 

Cuando pintamos, nosotros no estamos tratando de dañar la zona, sino de poner algo chévere ahí. De vez en cuando tomamos riesgos, y otras veces nos invitan a pintar. A veces uno se enamora de un espacio, de un muro, de una zona. Este muro te dice “aquí estoy”.Lo ves una vez y no vas; y vuelves y sientes que tienes que cogerlo. Ahora tengo uno en la calle 26 que cada vez que lo paso me dice “¡por favor!”.

Haciendo esto una vez me arrestaron en París. Al día siguiente me tocó borrar mi obra. Lo bonito de esto es que es solo pintura. A veces estoy con amigos que son un poco más vándalos, y que le montan adrenalina a esto, con la policía y demás. Yo les digo “chicos, en realidad lo que estamos haciendo es pintando. Eso no son pistolas, son sprays”. A veces le meten mucho misterio, pero a la final son solo pistolas en una pared. Se borra, es efímero, y no pasa nada.

 

Pez

 

Yo empecé haciendo graffiti con letras, pero pensé luego que las letras no transmiten nada. Me inventé entonces mi personaje un pez sonriente, para transmitir algo. Por eso mis amigos me pusieron el apodo de Pez. Quería aportar mi granito de arena a esta cultura, una cultura muy interesante pero muy misteriosa. Después de todo, vez los grafitis pero no tienes ni idea de quién son.

Barcelona tuvo un tiempo en el que prohibieron el graffiti, borraron todo y hubo mucha represión. No se podía pintar en la calle, pero nosotros íbamos a los comercios y les decíamos “tienes la persiana horrible, grafiteada. Yo te la grafiteo bien”.No les decíamos eso, sino que les decíamos que la pintábamos con “la técnica del aerosol”. A veces no tenían dinero, entonces lo hacíamos gratis. La gracia era seguir pintando y así le ganamos la lucha a la prohibición.

 

Nunca pensé que se podía vivir del graffiti. Fue muy natural que se fue dando. Ya después de pintar en la calle un amigo me dijo “oye, ¿por qué haces una exposición en mi tienda?”. Yo le dije que yo no pinto cuadros, yo pinto en la calle. Me dice: “¡píntalos, que los vamos a vender!”. Y se vendieron, poquito a poquito, y empiezas a trabajar con marcas, negocios, restaurantes, tiendas. Para mí, uno de los mejores cumplidos ha sido poder vender una obra en París en una subasta de arte. Ha sido increíble.

 

BTCs

- Somos BTCs. Son siglas. Significa “Bogotarros Crew”. En sí es solo BTC, pero la “s” se la integramos como para generalizar parche, para decir que somos varios.

- Eso.

- ¿Pintaban por separado antes de hacer el colectivo?

- Sí. Éramos estudiantes de colegios cercanos. En la zona en la que estábamos no se veía mucho graffiti, entonces empezamos a poner tags. Comenzó como un juego, como todo el mundo comienza en esto. Uno nunca se monta en el video de que esto pueda ser algo a futuro. Uno vive el momento y ya, todo fluye. Luego es que uno se da cuenta que esto tiene más sentido: hay gente interesada en trabajar con uno, gente que quiere las paredes de sus casas pintadas, gente que quiere un muro con historia. Eso es chévere.

- ¿Usualmente por dónde pintan?

- Pintamos en el centro, por el barrio Santafé.

 

- ¿Y creen que es un logro que haya eventos en el que los invite la ciudad a pintar, o vence el propósito del graffiti?

- Me parece un logro que nos inviten a esas cosas, algo positivo para nosotros. Nos generan un lugar para pintar, nos dan un reconocimiento y se quita el estigma de que el graffiti únicamente es feo. También hay street art.

- Por último, ¿creen que se puede vivir del graffiti?

- Sí se puede, pero toca estar en la rosca.

- No, sí se puede. No vamos a llegar de una, a que nos paguen como si fuera un trabajo. No es tan fácil. Pero la idea es poder vivir de esto, ganarnos la papita haciendo lo que nos gusta.

 

Flop (Fabio Lópes)

Yo no vivo sin arte. Siempre desde niño he estado pintando, viajando. Aprendí a pintar por mi cuenta y tenía como quince años cuando empecé a hacer graffiti, aunque ni a esa edad la policía de Brasil me trató suave. Al principio, teníamos que correr mucho, porque donde vivo el graffiti era algo como nuevo. Las personas lo confundían con vandalismo.

 

Ahora el barrio creció, la ciudad también, y el graffiti es algo mucho más respetado. Eso siempre es algo bueno para pinta. Pero La esencia del graffiti es ilegal. Hay festivales de street art, como este, en el que hay organización y muros preparados para todos. Pero la esencia del grafitti es la ilegalidad.

Hay ciudades, como Londres, en las que hay hall of fames, que son lugares cotizados para grafitear, que se pinta hoy y ya mañana lo están borrando. ¡Es loco! Es como una galería que se cambia todo el tiempo. Me he sentido orgulloso de obras que, en lugares así, han durado como dos años.

 

Gustavo Vejarano

Como el graffiti era algo clandestino se usaban mucho los AKA (Also Known As). Mejor que no supieran tu nombre. Pero yo que no soy clandestino, me llamo Gustavo Vejarano. Yo he sido pintor toda mi vida, y mi hijo es grafitero. Yo crecí junto a él, que me enseñó todo lo que tiene que ver sobre este mundo. Él desde chiquito rayaba los muros del barrio y le ponían multas. Dijo que quería ser médico, pero cuando entró a la academia se iba disfrazado de punk, con el pelo verde, rojo o amarillo. Creo que duró como un mes.

 

Nunca ha hecho graffiti salvaje, a la carrera, ilegal. Lo que yo hago toma tiempo. Lo que me parece chévere es el graffiti que se está haciendo ahora, dentro de la legalidad y dentro de la cultura de la gente. Empiezan a hacer muros maravillosos, algo que viene de la gente, de la calle. Ahora, yo ya pasé por esa época, cuando uno es joven adulto y está más identificado con la parte social, con lo que está alrededor tuyo. Cuando me fui a vivir a Francia, fue un corte con lo social. Eso me permitió empezar un trabajo de introspección. Pinto más un sentimiento que un discurso o una narrativa. No quiero que la gente analice mi obra. Cuando no puedes analizar, la mente se para. En ese instante, la imagen penetra a tus sentimientos, no a tu intelecto.

 

Distrito Graffiti es una jornada de la Secretaría de Cultura que promueve el street art para embellecer ciertas partes de la ciudad. En su segunda versión, la zona de Puente Aranda fue pintada de arriba a abajo por varios artistas urbanos de Colombia y todo el mundo. Siéntase libre de pasar a apreciar sus obras.

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