Edición 127

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Goleadas dolorosas, líos con la justicia y sequías que no acaban. Este recuento de burlas demuestra que no hay nada más placentero que celebrar las desgracias del eterno rival.

Todo hincha sufre. Mucho. Porque su equipo perdió contra el último de la tabla de clasificación, porque le faltó un punto para clasificar a las finales, porque la estrella del equipo se lesionó antes de un clásico o porque apenas faltó un gol de diferencia para clasificar a un torneo internacional. Pero no hay sufrimiento más visceral que perder un clásico: llegar el lunes a la oficina a tragarse las palabras, defenderse en vano desempolvando glorias pasadas, ver los memes burlones de los contrincantes, apretar la mandíbula y chirriar los dientes ante los chistes pesados de los compañeros. Aceptar la derrota ante el rival histórico: nada duele más.

 

Las burlas entre aficionados empiezan en la infancia. Miles de hinchas de Millonarios repetían el mismo estribillo infantil cuando eran niños: “¡Santa Fe!, ¡Santa Fe!, ¡come mocos con café!”. La mayoría de las veces eran los padres quienes les enseñaban aquel cántico a sus hijos, como si fuera una manera burlona de bautizarlos hinchas azules y convertirlos en compañeros de domingos en el estadio.

Los chistes e insultos están ligados a los hechos históricos, épocas difíciles y partidos vergonzosos. La larga sequía de títulos de Santa Fe le sirvió a Millonarios para burlarse de su rival histórico por varios años. Hacia la década de los setenta, a algún ingenioso se le ocurrió el siguiente chiste, una burla a los varios jugadores de Santa Fe pasados de kilos:

–A Santa Fe le dicen Papá Noel.

–¿Por qué?

–Porque es rojo y blanco, barrigón, y lleno de paquetes.

 

Los de Santa Fe no se quedan atrás. Después del título de liga de 1988, Millonarios tuvo que esperar 24 años para sumar una nueva estrella. Los hinchas rojos idearon perlas como estas:

–Tengo un perro que aúlla cuando Millonarios pierde.
–¿Y cuando gana?
–No sé, me lo regalaron hace 15 años.

–A Millonarios le dicen Cantinflas.
–¿Por qué?
–Porque está muerto pero hace reír.

Otros sobre Santa Fe:

–¿Por qué a Santa Fe le dicen televisor chino?
–Porque no hay técnico que lo arregle.

–¿Por qué a Santa Fe le dicen alcohólico rehabilitado?
– Porque dejó las copas hace veinte años.

Otros sobre Millonarios:

–¿Saben por qué los hinchas de Millonarios no van a misa?
–Porque cuando el cura levanta la copa les da envidia.

–¿Por qué a Millonarios le dice San Victorino?
–Porque entre la 12 y la 13 todo es robado.

Las barras bravas de ambos equipos también se han inventado apodos. A la Guardia Albiroja la llaman la guardería. Por eso uno de los más populares cánticos de los azules dice: “¡Se cagó, se cagó, la guardería se cagó!”. La Guardia Albiroja, por su parte, se refiere a los Comandos Azules como “Las gallinas”.

Rojo y verde: insultos entre paisas

 

Dicen que cuando el AC Milan derrotó a Atlético Nacional en la final del Copa Intercontinental de Clubes de 1989, miles de hinchas del Deportivo Independiente Medellín se hicieron seguidores del Milán. Desde entonces, muchos de ellos van al estadio Atanasio Girardot con la camisa de rayas negras y rojas que distingue al equipo italiano. “Milancito", así le llaman muchos hinchas al Medellín. De esa dimensión es la rivalidad entre los dos equipos.

El Atlético Nacional no se ha quedado atrás. En los malos años de su rival, lo llamaba despectivamente “Mierdellín” y “Pierdellín”.

Los de Independiente Medellín subestiman los triunfos de los verdes. En lugar de Rey de Copas, como se le conoce al Nacional, le dicen “Rey de Compras”, “Mafional”, o “Rey de corazones”, en alusión a la baraja de naipes.

 

Los hinchas del Medellín defienden la fidelidad de su afición como su más valioso patrimonio. Aseguran que muchos de los futbolistas que jugaron en ambos equipos, como Leonel Álvarez, René Higuita y, más recientemente, Daniel Bocanegra y Gilberto 'el Alcatraz' García, son hinchas del Medellín de corazón. Lo mismo dicen de quienes se hacen fanáticos por moda. Se refieren a ellos como sandías: rojos por dentro y verdes por fuera.

Los de Nacional terminan la discusión con un chiste para muchos lapidario: “Ustedes pongan el guaro, nosotros ponemos las copas”.

El clásico del Valle

 

Los años ochenta fueron de gloria para el América. Quién no recuerda los goles de malabarista de Roberto Cabañas, los tiros libres de Juan Manuel Bataglia, la velocidad de Ánthony de Ávila y la potencia de Ricardo Gareca. Era un equipo de estrellas. En los noventa también tuvo buenas rachas. Pero el 17 de diciembre de 2011 marcó un hito en la historia del equipo. El América bajó de categoría y durante cinco años tuvo que luchar para regresar.

Esos años fueron ideales para su rival, el Deportivo Cali, que lo bautizó el El “Abérica”, un sobrenombre que será difícil de borrar. En Cali es popular el comentario de que cuando juega el América se pueden abrir las puertas y ventanas de las casas, pues todos los delincuentes están en el Pascual Guerrero viendo al equipo escarlata.

Durante sus años en la B, cada intento fallido del América por regresar a la primera categoría significó una burla de los hinchas contrarios a fin de año. Uno era el siguiente: “la papa subió, la gasolina subió, el costo de vida subió, el América no subió” o “la próxima B será”. Este último es ya un clásico:

–Mamá, no encuentro al América en el diccionario.
–¿En qué letra lo estás buscando?
–En la A.
–No, tienes que buscarlo en la B.

Los líos legales del América también han sido aprovechados por su rival. “La última salida internacional del América fue de la Lista Clinton”, suelen decir.

 

 

Los rojos también se burlan de su rival. Desde los años ochenta, cuando el Cali estuvo a punto de ganar con un equipo liderado por Carlos “el Pibe” Valderrama , el equipo azucarero se ganó el sobrenombre de 'el Casi'.

Luego de la salida del último técnico, Mario Alberto Yepes, resurgió un apodo que se ganó el club por despedir entrenadores: el “Deportivo Sena”, porque solo sabe sacar técnicos.

Los caleños le llaman a su estadio 'El coloso de Palmaseca', pero según los americanos, a ese estadio ubicado en el área rural de Palmira, no asisten sino los mosquitos, que abundan en el área.

Un último chiste de los americanos a los caleños:

Dos hinchas salen de un bar, uno es del América y el otro de Cali.

–Manejá –le dice el de Cali.
–No, manejá vos que tenés cuatro copas menos –responde el hincha de América.

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