Columna de Fernán Martínez
Los que están o han sido enyesados lo saben. Los que no, es posible que lo experimenten alguna vez en sus vidas.Pocas cosas hay más placenteras que rascarse donde pica. Y pocas cosas más desesperantes que no poder rascarse. Es una sensación horrible ver que algo tan simple y aliviador no se puede realizar. El genio que se invente el método para rascarse una pierna o un brazo enyesado habrá solucionado su problema y el de millones de personas que como yo, estamos buscando el invento que nos alivie esta insufrible frustración y desesperación. Se han intentado muchas herramientas y sistemas.
La primera idea es estirar un clásico gancho de colgar ropa, esta es la primera extensión y reducción de la mano a la que recurren todas las personas. Y esa es la primera advertencia del médico ortopédico: "No se vaya a meter un gancho de ropa enderezado para tratar de rascarse pues eso le puede ocasionar heridas, úlceras, maceraciones o infecciones que van a ser peores que la fractura.
Otros piensan en las agujas de coser de las abuelitas pero muchos no tienen abuelita y las esposas de ahora no conocen esas herramientas, además estas agujas pueden ser peores que los ganchos de ropa porque tienen punta y peor si se meten de cabeza.
Algunos recomiendan palitos de comer comida china pero son cortos, puntudos y también pueden ocasionar heridas. Un músico me dijo que intentara con un palo de tocar batería que son cabezoncitos y bien pulidos pero un poco gordos y no caben entre el yeso y la piel. Otros intentan con lápices, reglas, verraquillos, batutas, perreros, fustas, cucharas, tenedores y hasta machetes. Una viejita me dijo que tuviera la pata bien arriba y que así la piquiña pasaba, pero no funciona.
También recomiendan meter talco o bicarbonato de soda. El secador de pelo es una idea recurrente. Otros más extremistas intentan aliviarse metiendo aire a presión con una manguera y un compresor. Alivia un poco pero después la piquiña se vuelve inmune al aire y se alborota. El enfermero especialista que me puso el yeso, me dijo con una sonrisita rara que me rascara encima del yeso que eso funcionaba, que todo es mental.
Otros recomiendan darle golpecitos al yeso. Mentira: eso alborota la picazón.
Recomiendan también tomar antihis- tamínicos como Benadryl pero no me ha funcionado mucho.
Hay enyesados, que desesperados se han metido un chorro de agua a presión, el yeso se ablandó y la piquiña se endureció. Han tenido que volver a que les reemplacen el yeso.
Me dicen que ya no usan yeso sino moldes de fibra de vidrio con ganchos como una bota de esquiar que se puede remover para rascarse o que se puede meter al agua lo cual es un alivio porque se ahoga al bichito de la piquiña.
Algunos optimistas dicen que la piquiña es símbolo de que los huesos rotos se están soldando y que por eso hay que alegrarse. En Internet venden una cajita que dispara rayos antipiquiña pero eso suena a otra de las estafas de la red. En estas noches de insomnio tratando de solucionar el problema se me ha ocurrido patentar un yeso que tenga muchos huecos por donde quepa una uña, el único y natural depredador conocido de la bacteria que origina la piquiña.