Edición 128

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Las chicas buscan hombres mayores de edad

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Una de las villanas preferidas de la tv, odia la carne roja, los animales con plumas y la impuntualidad. Lectora compulsiva, le encanta bailar y quiso ser monja.

>> Cuando era niña podía pasar horas y horas frente al espejo bailando con las Flans.

>> Yo escribía, pintaba y me acuerdo que dibujaba una caricatura de ositos que contaba todo lo que me pasaba.

>> Como era hija única, mi gran trauma era no tener hermanos. En primaria yo tenía convencidas a todas mis amigas de que tenía cuatro hermanos (risas). Cuando iban a la casa yo hacía el montaje para que ellas me creyeran, metía una muñeca en la cuna, armaba a mis “hermanos” con cojines y los metía debajo de las cobijas.

>> Me la pasaba mandando cartas a los programas infantiles para que me dejaran hacer un casting. Años después, mi mamá me confesó que nunca las envió. De pronto me habría ahorrado algo de camino para llegar a la televisión.

>> Amaba ver a mi abuelo vestido con su sombrero.

 

>> Estudié en un colegio de monjas y, la verdad, les di muchos dolores de cabeza. Les armé sindicato una vez porque no querían dejar entrar hombres a nuestro prom.

>> Y, sin embargo, quise ser monja por un tiempo. Aunque se me quitaron las ganas rápido cuando conocí a mi primer novio.

>> Al deporte le cogí cariño ya grande. En el colegio era una petarda para el ejercicio. Siempre me escogían de última para todos los equipos.

>> En el bachillerato yo aprovechaba que tenía hipoglucemia y me hacía la desmayada siempre que tenía un examen que no quería presentar. Esas fueron mis primeras clases de actuación.

>> Cuando le dije a mi mamá que quería ser actriz casi se desmaya.

>> La primera vez que presenté fue en el canal regional de Santander. Me tocaba hacer de cantante, bailarina y presentadora. Era divertidísimo, pero la verdad es que al programa le fue muy mal (risas).

>> Al día siguiente de terminar materias en la universidad, le dije a mi mamá: “Ahora sí me voy a Bogotá a cumplir mi sueño”, y me acuerdo lo que me respondió: “Cuentas con todo mi apoyo y mi amor, pero sin un peso”.

 

>> Odio ver una toalla mojada sobre la cama.

>> Cuando llegué a Bogotá traía un millón de pesos y juraba que eso me iba a durar un año. Al final me lo gasté como en 20 días (risas).

>> Los primeros meses en Bogotá me tocaba ir pidiendo posada cada semana. Primero donde una tía, después que la amiga y así... De esto me quedó muy claro que visita que se queda más de ocho días es estorbo, si no está pagando.

>> En esa época me tocó trabajar de modelo y promotora de marcas. Una vez me contrataron para ir por bares regalando cigarrillos y era terrible porque yo iba en un vestido espantoso. Perecía una salchicha verde caminando por todas partes.

>> Después de lucharla mucho, de aprender a coger buseta, casi hasta aguantar un poquito de hambre, me salió mi primera gran campaña publicitaria. Fue en Guatemala y con esa plata me compré mi carro. Un Sprint verde, viejito; era hermoso.

 

>> El primer papel como actriz que me gané fue el de protagonista de Me amarás bajo la lluvia. Yo estaba feliz, pero a las semanas me llaman que no, que protagonista no, que ahora era la antagonista. ¡Uyyy! Lloré lo que no está escrito. Al final, fue lo mejor que me pudo pasar, a la serie le fue mal y seguro me habría quemado (risas).

>> Me encantaría hacer el personaje de una psicópata.

>> El personaje de María Ignacia, en La Pola, me afectó tanto que yo me la pasaba llorando por todo. Veía algo y lloraba, me decían algo y lloraba, fue terrible. Hasta me tocó ir al psicólogo para que se me pasara.

>> No me soporto ni la carne roja ni las vísceras. ¡Guácala! Solo de pensar en eso ya me da algo.

>> Los personajes de villana me encantan. En la vida real ser malo debe ser delicioso (risas).

>> De Soldados 1.0 no me soporté la gritadera. Yo decía: “Men, me puedes despertar a las 4 de la mañana, pero sin gritarme”. Igual fue una experiencia increíble; saber por lo que tienen que pasar los soldados y su esfuerzo fue muy importante para mí.

>> También extrañé mucho el desodorante (risas).

 

>> A ratos puedo ser muy mandona.

>> El último libro que me devoré, así mal, fue Cincuenta sombras de Grey. Yo me decía: “Niña, a veeer, ¿qué te pasa?” (risas). Me comí todos los libros en nada.

>> Me encanta la literatura colombiana. Entre mis libros favoritos están Su casa es mi casa, de Antonio García Ángel, y Angelitos empantanados, de Andrés Caicedo.

>> De vez en cuando leo libros de autoayuda y cosas así (risas).

>> La última vez que salí en la portada de DONJUAN mi esposo me acababa de entregar el anillo de compromiso (risas). Me dijo: “Espero que esta sea la última vez que te vea en esa posición”. Y bueno, aquí estoy otra vez.

>> Les tengo fobia, pero así muy mal, a los pájaros o a cualquier animal con plumas.

>> Y en mi clóset todos los ganchos tienen que estar mirando hacia el mismo lado, es una de mis obsesiones con el orden.

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