Edición 138

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Ella es Daniella Bifolco bajo el agua recordando la portada de Nevermind, el álbum de Nirvana que este 2016 cumple 25 años.

Esta es una historia de agua, mucha a gua, cuatro días de producción, cuatro piscinas, seis viajes de Bogotá a Cali, dos vuelos pedidos, 25 años de Nevermind, veinte azafatas, un buzo, un dolor de oído, un curso de buceo, un fotógrafo que casi se ahoga y una modelo de ojos verdes que lo seducirá con sus curvas.

La primera sesión de fotos bajo el agua con Daniella Bifolco duró cinco horas y fue un fracaso. Nuestro fotógrafo, Rey Tuk, tenía que pedirle a su asistente que lo hundiera con un pie bajo el agua. Los ojos verdes de Daniella estaban rojos por el cloro. Ella seguía proponiendo ideas, inventándose bailes, poses y movimientos para hacer bajo el agua, pero las fotos no salieron como nos las imaginábamos. Y hubo que hacerlas de nuevo, y de nuevo, y de nuevo.

Faltan cuatro meses para que podamos celebrar los 25 años del lanzamiento de Nevermind, el álbum de Nirvana con el bebé flotando desnudo en la portada. Ese fue el germen de esta portada: queríamos ver a Daniella con la misma fascinación. Tuvimos que usar cuatro piscinas, dos en Bogotá y dos en Cali, donde las piscinas no se construyen con techo y la falta de sol no es un problema. Cuatro piscinas se tradujeron en cuatro días de producción, cargando luces y vestidos de baño y kits de maquillaje, con algo de tiempo para hablar con ella al costado del agua, mientras se preparaba para entrar. Me contó de su familia, de su buena relación con sus hermanos (los dos menores, una de 23 y otro de 25) y de sus raíces italianas, que se adivinan sin esfuerzo por su apellido; me contó que alcanzó a conocer a sus cuatro abuelos, todos italianos. Uno de ellos fue Rodolfo Spataro, un reconocido pediatra en Cali, mientras que el otro, Francesco Bifolco, era un químico que llegó a Colombia huyendo de la Segunda Guerra Mundial y hacía para su nieta dibujos de ondinas, nereidas y ninfas (y ahora Daniella posaba como sirena para DONJUAN).

 

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“Se sentaba a mi lado en el comedor y al ver que yo no comía, comenzaba a contarme que a él le había tocado muy duro en la guerra y que muchas veces pasaba tiempo sin comer”, cuenta ella antes de tener que ir a sumergirse en el agua de la piscina del Centro de Salvamento Acuático de la Cruz Roja en su segundo intento. Mientras un buzo ayudaba al fotógrafo a tomar aire para que no tuviera que subir tanto a la superficie –básicamente le dio un pequeño curso de buceo–, Daniella se ataba un cinturón de lastres a las rodillas para permanecer en el fondo. No era una nadadora profesional, pero a sus 27 años mostraba que todavía había ese algo dentro de ella que la hizo ganar un par de premios de natación cuando era pequeña. Solo tuvimos cuatro horas para trabajar, porque se estalló una luz y a Rey le empezó a doler un oído, además de que un grupo de veinte azafatas esperaba su turno en la piscina para hacer su entrenamiento para naufragios. Tuvimos que programar un nuevo día de fotos, esta vez en el Valle del Cauca.

Tres de los abuelos de Daniella ya murieron, solo queda una por parte paterna. Afortunadamente su abuelo Francesco le heredó su buena sazón a su madre, con lo que hace delicias italianas como zucchini, pesto y boloñesas. Aunque los tres (padre, madre e hija) tienen como lengua nativa el español, no fue raro durante su vida que en su casa se hablara italiano. Daniella también vivió y estudió –modelaje y actuación– en tres ciudades de Florida, Estados Unidos: Wellington, Boca Ratón y Orlando. Antes de eso había empezado a estudiar comunicación en la Javeriana de Cali. En el tercer día de fotografías, en la piscina del Batallón Codazzi en Cali, llovió hasta las tres de la tarde. “La lluvia arrastró tierra y hojarasca a la piscina”, se quejó el fotógrafo. Ese día tampoco se pudo sacar la foto de portada.

Daniella perdió dos vuelos, el día de la primera sesión de fotos, intentando viajar de Cali a Bogotá. La primera vez la dejó el avión que salía a las 5:20 a. m. y la segunda no pudo pasar por seguridad por cargar unos elementos fotográficos que Rey Tuk le había pedido el favor que le llevara a Bogotá. Quizá por eso fue mejor que las fotos se hicieran en Cali, donde no había riesgo de que llegara tarde a la que esperábamos fuera su última sesión. Dos veces pude hablar con ella en persona, en Bogotá, pero a partir de ese momento mis charlas con Daniella (que se escribe con dos “l”, pero se pronuncia como si fuera solo una) se había convertido en una larga lista de emails, chats, escritos y grabaciones de voz en las que me siguió contando sobre ella. Me habló de sus dos pasiones: la música y el maquillaje.

 

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Por un lado, la música se manifiesta en las listas de reproducción que tiene en su celular de la música de Nicole Moudaber, una DJ nigeriana que mezcla el ritmo de los tambores con el son asimétrico de los beats de la música techno. Ella es su máxima inspiración en su búsqueda por ser DJ: “Quiero ser yo quien cree la música. Estoy aprendiendo y quiero mezclar mis propios toques”. Mientras por ese lado aprende de techno, deep house y tech house (por favor no me pregunte la diferencia), por el lado de su otra gran pasión, el maquillaje, Daniella le enseña a la gente a hacerlo bien. Empezó de su pasión de conocer los rostros y los rasgos de los demás, para pronto evolucionar hasta un canal de YouTube (Daniella Bifolco Spataro) donde ya tiene cuatro videos que enseñan a maquillar. Uno de los videos que más likes obtuvo, publicado hace dos años, fue el maquillaje estilo Bill Kaulitz, el vocalista de la banda alemana Tokio Hotel. Muchos dicen que ella se parece físicamente a él. Yo creo lo mismo.

Una foto más era todo lo que necesitábamos de ella para este punto. Una foto para la portada. Teníamos todas las demás, pero se necesitó una última sesión en Cali para tomar la foto ganadora. Esta fue la primera vez que el fotógrafo tomaba fotos bajo el agua y Daniella era igual de inexperta en el tema. “Es la primera vez que hago fotos debajo del agua”, nos dijo. “Fue increíble porque para uno poderse conectar y hacer las fotos bien y todo este cuento, uno tiene que realmente sentir la energía del agua: el silencio, esa paz, esa conexión como con la energía de la naturaleza”. La odisea de dos meses había terminado, meses después de una noche de música electrónica en una terraza de Cali, en la que Daniella y el fotógrafo se conocieron. “Ella combina la sensualidad, la dulzura, una actitud muy relajada y una mirada hipnotizante”, nos dijo de Daniella, cuando la propuso para hacer las fotos. Casi no las logramos, pero al final solo se necesitó de un fotógrafo que casi se ahoga, un buzo de la Cruz Roja que lo ayudó, una serie de incidentes desafortunados que incluyen un paro de taxistas que nos hizo llegar tarde al destino y un curso de entrenamiento de azafatas que nos corrió de la piscina; y, por supuesto, una modelo como Daniella, de ojos verdes y una actitud invencible.

Arrivederci, ragazza.

Si quiere saber más de la autora, sígala en Twitter como @Linamagutierrez

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