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Atrás queda la idea romántica de los trabajadores que pisan racimos recién cortados para extraer el jugo de las uvas. ¡Bienvenidos a Central Coast!

Cinco días de viaje, 1.155 kilómetros de camino, trece visitas a bodegas y viñedos en seis áreas vitivinícolas de California… ¿Y los vinos? Según mis cuentas fueron 63 las botellas catadas, pero estoy seguro de que algunas escaparon del registro.

Parecen exagerados, pero esos datos solo reflejan una pequeñísima parte del vino californiano. Son apenas un panorama rápido y general de un recorrido por la región conocida como Central Coast, una franja de valles y montañas desérticas que se extiende a lo largo de la falla de San Andrés, desde Los Ángeles hasta San Francisco.

Los viñedos de Ridge, en Monte Bello, fueron plantados a finales del siglo XIX por un inmigrante italiano. “Nuestros vinos muestran la historia temprana de la vinicultura de California”, dice el enólogo Eric Baugher.

Central Coast nació como una región de vinos hace más o menos cuarenta años. Eran los años setenta: en todo el mundo se idealizaba la región de Napa como el epicentro de una revolución y, por esa razón, el precio de la tierra era exorbitante. Fue entonces cuando los enólogos recién graduados y los rancheros que llegaban a San Francisco con la ilusión de convertir uvas en dólares decidieron buscar nuevos horizontes.

En pueblos como Paso Robles, Santa Bárbara y Monterey estaban las condiciones ideales para plantar viñedos: buena amplitud térmica (la diferencia de temperatura entre el día y la noche), influencia fría del océano Pacífico y suelos llenos de piedra caliza. No resulta extraño, por ejemplo, que los representantes de las bodegas de Paso Robles comparen sus terruños con los de Burdeos, ni que en Monterey afirmen que hacen los mejores pinot noir.

“Sabíamos que aquí estaba el futuro”, dice Louis Lucas, un viticultor de 74 años que en 1970 plantó uno de los primeros viñedos de Santa Bárbara. Era tal su confianza en la zona, que en una ocasión decidió agregarle toneladas de piedra caliza a un terreno que lo tenía todo menos la cantidad indicada de ese mineral: su obsesión lo llevó a construir un terroir perfecto.

El enólogo Jason Diefenderfer, de Hope Family Wines, se ha especializado en preparar vinos a partir de cabernet sauvignon y syrah en Paso Robles.

Después de 40 años, cada región descubrió sus fortalezas: el cabernet sauvignon, el cabernet franc y el syrah son las variedades favoritas para las bodegas de Paso Robles. En Santa Bárbara y Monterey prefieren el chardonnay y el pinot noir; y en Livermore lograron descubrir un estilo fresco y ligero para el chardonnay.

La clave para entender la identidad de esta zona consiste en que la gran mayoría de sus uvas no se quedan en las bodegas locales, sino que se venden para que otras bodegas, ubicadas en otros lugares del estado, preparen sus vinos. Con una superficie de viñedos de unas 36.500 hectáreas –algo así como el área del municipio de Medellín–, Central Coast es la gran despensa de uvas de Estados Unidos. Un solo productor, Scheid, concentra casi 800 hectáreas en Greenfield, un pueblo que queda dentro del área de Monterey.

Controlar ese volumen implica una inversión tecnológica descomunal: máquinas que monitorean la humedad y la irrigación debajo del suelo que prenden o apagan automáticamente las válvulas de riego para mantener los niveles adecuados, sistemas de mapeo aéreo o satelital para controlar los procesos de cosecha... Todo para mantener activo el mercado de vino en un país como Estados Unidos, donde se toman 4.500 millones de botellas al año (de las cuales 2.700 millones contienen uvas de California).

En Livermore Valley, las bodegas Wente y Concannon continúan con una tradición familiar que comenzó antes de la prohibición del alcohol en Estados Unidos, que acabó con la industria en la década de 1920.

Sin embargo, entre todos esos viñedos, también hay ideas que se alejan de la gran producción. Hay bodegas que cuidan las uvas desde que empiezan a crecer y han encontrado una identidad propia dentro del vino californiano: en Santa Bárbara, productores como Stolpman, Melville y Fess Parker logran imprimirle el carácter mineral de la tierra a sus vinos. En Paso Robles, Hope Wines y Daou le han dado fuerza al cabernet sauvignon y cada vez más se acercan a otras variedades típicas bordelesas, como el merlot y el cabernet franc.

Calera, en Monterey, se ha enfocado en explorar las diferencias que expresa el pinot noir de cada uno de sus viñedos. Y en las montañas de Santa Cruz, justo al sur de San Francisco y con vista hacia Silicon Valley, Ridge logró recuperar los viñedos de merlot, cabernet sauvignon y petit verdot plantados a finales del siglo XIX y, desde antes de los setenta, hace algunos de los vinos con mejor puntaje de todo el Estado.

“El pinot noir es una expresión ligera de la fuerza”, dice Richard Doré, viticultor de Foxen Vineyards.

Notas:

-36.500 hectáreas un área equivalente a la del municipio de Medellín es la extensión total de los viñedos de la región de Central Coast.

-3'900.000 toneladas de uvas se cosecharon este año en California. El 15% fue cosechado en Central Coast.

*DONJUAN realizó este recorrido gracias a una invitación de California Wine Institute – www.discovercaliforniawine.com.

Si quiere saber más del autor, sígalo en Twitter como @chepejara

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