Edición 125

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En el tradicional barrio futbolero de Bogotá, el Tabora, se esconden los mejores tamales de la ciudad.

Si un tamal está bueno o no, se sabe por el color de la masa. Si al abrir las hojas no encuentra un amarillo, parecida al color de la arena del desierto, lo mejor es parar y no probarlo. Ni el mejor cerdo o el mejor pollo salvarán una mala masa. Después del tono, viene la textura. Un tamal tiene que ser compacto y al mismo tiempo capaz de deshacerse con el tacto de la cuchara: “Es increíble, pero hay gente que viene aquí y solo se come la masa”, dice Edison Rojas, que lleva 15 años vendiendo los mejores tamales tolimenses de Bogotá. Y agrega que todo esto es posible, siempre y cuando se haga con un buen maíz.

 

A una cuadra de las canchas del Tabora, donde se juegan los cuadrangulares de barrio más importantes de Bogotá, Edison montó su venta de tamales. Primero empezó con una olla y una estufa de gas con dos fogones, el negocio ha crecido tanto que en un domingo, después de fútbol, las filas para comprarle son más largas que para entrar a El Campín: “Al mes puedo vender unos 5.000 tamales, y cuando es 24 de diciembre, Año Nuevo o el Día de la Madre, no doy abasto, la gente se los lleva hasta fríos”.

Edison no descansa. Todos los días desde las 7 de la mañana o desde las 6:30 los fines de semana, hasta las 6 de la tarde está frente a sus ollas en la calle 74 No. 75-58. Una pena máxima no ir por ellos.

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