Edición 125

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La arepa reina

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La experta cuenta cómo debe ser una arepa de huevo de campeonato.

El primer mordisco tiene que sonar, tiene que crujir. Tiene que quemar y doler hasta el punto de dejarlo con ganas de más. Si una arepa de huevo no le produce esto, déjela o bótela, porque al tercer mordisco viene lo mejor: el huevo. Ni duro ni blandito, la yema tiene que deshacerse en la boca, sin llegar a ser agua. En este punto olvídese de cualquier dieta pendeja o del colesterol, porque vienen las adiciones. Así le gusten con carne molida o con queso costeño, el secreto está en ponerles suero picante para que le quede una arepa de campeonato.

Las arepas de huevo se venden en cualquier esquina de Colombia. Sin embargo, Cartagena y Luruaco se disputan en qué ciudad se hace la mejor. Hay concursos y festivales del frito, solo falta la reina, para dirimir esta disputa que empezó –como la canción del Joe– en los años 1600 cuando aparecieron las primeras arepas en la ciudad amurallada hechas por las esclavas. Pero solo hay un lado donde se puede ir a la fija, donde una arepa de huevo nunca va a saber mal.

En la plaza Fernández de Madrid, entre los restaurantes y bares que se inauguran cada mes, ha resistido por más de veinte años la mesa de fritos de Esther Argel Orozco, mejor conocida como la Mona. Ella sabe que sus arepas son las mejores y cuando le preguntan por el secreto dice: “El truco está en el maíz que preparo todos los días desde las seis de la mañana, lo desgrano y estoy pendiente de que no quede ni crudo ni cocido. Además, toca estar pendiente del punto de sal y de suavidad de la masa”. Y si no le quiere creer a la Mona, créale a Charlie Otero, uno de los chefs que más ha investigado sobre fritos caribeños, que asegura que estas son de las mejores arepas que se puedan conseguir en la Heroica.

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