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Barra Libre

El trago vallenato

Por Alfonso Sanchez Baute Fotos: Archivo particular

El encanto del "viejo parra"

Una de tantas leyendas vallenatas narra la aparición en Valledupar de la quicuyina, una nutritiva maleza utilizada para engordar a las vacas. Este pasto, cuentan los que saben, germinó de las semillas que acompañaban como envoltorio las cajas de Old Parr. Y es que durante los cinco días en que transcurre el festival vallenato, ninguna marca de whisky alcanza en Valledupar el notable éxito del "Viejo Parra". Tanto whisky se consume allí que desde tiempos inmemoriales la ciudad es también conocida como Valle del Old Parr. De hecho, hace un par de años Juan Sergio Varcárcel, gerente de Marca de Old Parr en Colombia, afirmó: "La costa caribe representa 23% de la población nacional y 43% de los consumidores de Old Parr se concentran en esta región".

En sus inicios, el whisky -herencia de los tiempos del contrabando que entraba por La Guajira- se impuso en la región como una forma de validación social (whisky y no whiskey, porque la vocación en esta ciudad es por el escocés y no por el de
EE. UU.). "En lugar de chirrinchi, la gente tomaba whisky para presumir", cuenta el Turco Pavajeau, un reconocido parrandero vallenato. Con el paso del tiempo, este licor desplazó, en todas las esferas sociales, al popular aguardiente y al caribeño ron por una sencilla razón, entendible en una ciudad que en ocasiones supera los 35 grados: no hace sudar. En todo caso, así como la parranda es hermana un univitelina de la música vallenata, ninguna de las dos existiría sin el whisky. Como dijo el ganador del Grammy Poncho Zuleta, "el whisky es como la yuca: nunca aburre".