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'Un vallenato, 9 senderos' libro con todas las caras de este género

Fotos: Filiberto Pinzón

Este libro abarca este género desde el amor, las penas y el dolor, Colombia y su naturaleza, el machismo y el matriarcado, la economía del hogar y la región, la sabiduría, la parranda y el licor

Antes que Shakira, Juanes y el Joe Arroyo, el vallenato es el aporte más importante de Colombia a la música universal. Hace más de doscientos años, en medio de los ríos Magdalena, Cesar y Ranchería, el mar Caribe, la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, se encontraron entre sí el acordeón austriaco que llegó de Curazao por Riohacha, la caja africana de cuero de caimán o chivo, la guacharaca de los tayrona y los peones de las haciendas que cantaban durante sus sesiones de vaquería.

Andrés Felipe Silva, Daniel Gómez Uribe, Cristina Villar Rosa y Carolina Arango Amaya estudiaron el género y encontraron que había nueve temas en particular en el vallenato: los animales, el amor, las penas y el dolor, Colombia y su naturaleza, el machismo y el matriarcado, la economía del hogar y la región, la sabiduría, la parranda y el licor, la rivalidad y compadrazgo. Cada uno de estos temas fue abordado por nueve firmas, Daniel Samper Pizano, Pilar Tafur, Alberto Salcedo Ramos, Ernesto McCausland Sojo, Luis Barros Pavajeau, Taryn Escalona, Julio Oñate, Ciro Guerra y Leandro Díaz.

Los textos están acompañados por fotos del reportero gráfico Camilo Rozo, los diseñadores Carlos Oviedo y Martha Montenegro empaquetaron el texto y las fotos en un libro de gran formato, de lujo, que tiene la forma de un acordeón y que hacen de este libro un objeto de culto para tenerlo en la sala y no dejarlo embalsado en la biblioteca.

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El Guardián entre el centeno: el libro recomendado del autor de cuestión de familia. Por Tim Keppel

Hay ciertos libros que atraen lectores de distintas edades. Uno de mis autores favoritos ahora, Chejov, con sus penetrantes exploraciones de estados de conciencia y los matices de las relaciones humanas, atrae más a gente mayor. En cambio, J. D. Salinger atrae a los jóvenes, y yo, a mis diecinueve años, quedé fascinado con El guardián entre el centeno. Después de tratar de escribir con el elaborado estilo de Faulkner y Fitzgerald, encontrar el modelo de Salinger fue una revelación como la de García Márquez cuando leyó por primera vez La metamorfosis y pensó:

"¡Yo no sabía que se podía hacer eso!". Encontré una voz fresca, coloquial, irreverente, cómica, desafiante y nostálgica, capaz de expresar una amplia gama de emociones con una naturalidad impresionante. Mis primeros intentos de escribir en ese estilo fueron demasiado cercanos a Salinger pero, después de prohibirme leerlo nunca más, estaba en camino de encontrar mi propia voz.