Fotos: Filiberto Pinzón
DonJuan hace una selección de los títulos más atractivos para rematar el año con una obra imperdible. En su defecto, será un buen regalo.
Zonas húmedas.
Charlotte Roche.
Anagrama (206 págs.)
Helen tiene 18 años y quiere explorar todos los orificios de su cuerpo. Y lo hace con tanta convicción que un millón y medio de lectores en 25 idiomas han caído rendidos ante su pervertido encanto. Su protagonista quiere probarlo todo y no se avergüenza de nada, tiene todo tipo de amantes y de perversiones. Para muchos este libro es el comienzo de un "nuevo feminismo".
Una novelita lumpen.
Roberto Bolaño.
Anagrama (151 págs.)
Para los fans de Roberto Bolaño, el muerto más llorado de los últimos años, esta novelita es un motivo de fiesta: tiene la calidad de Estrella distante, la gran novela corta del autor de 2666, y la velocidad de sus mejores cuentos. La protagonista es una criminal no mayor de 18 años que con su hermano, y dos socios peligrosos, tratan de timar a un ex actor y fisicoculturista italiano.
Sables y utopías
Mario Vargas Llosa.
Aguilar (460 págs.)
Se podría pensar que si Vargas Llosa publica una antología de columnas, ensayos y conferencias, es porque está acabado. Pero es todo lo contrario: Sables y utopías es un libro de primera necesidad, porque las palabras del escritor más político de América Latina son de una inteligencia apabullante. Aquí confiesa su amor-odio y gran gratitud por Borges, pero también se mete con las Farc, la política chilena y peruana y, como era obvio, con Cuba, en el ensayo Las "putas tristes" de Fidel.
Malditos bastardos.
Quentin Tarantino.
Mondadori(159 págs.)
Advertencia: esta no es la novela en la que se basó Inglorious Bastards (2009), la última película de Tarantino. De hecho, esa novela no existe. Este libro es el guión de la película, que Tarantino comenzó a escribir poco después de Jackie Brown (1997). Como todo guión, puede volverse engorroso en algún momento, porque es la descripción paso a paso y letra por letra de la película. Sin embargo, un guión de Tarantino no es, para nada, poca cosa.
El lamento del perezoso.
Sam Savage.
Seix barral (270 págs.)
El autor de Firmin, el súper bestseller sobre una rata lectora, regresa a las librerías con las cartas de Andrew Whittaker, un literato frustrado que dirige una revista que produce lástima, pero que él defiende con la pasión del dueño o del fundador del The New Yorker, sus cartas cargan con sus lamentos para sus amigos exitosos y todo el veneno que puede destilar para una serie de colaboradores que solo quieren ver su nombre en letra imprenta.
Gabriel García Márquez. Una vida.
Gerald Martin.
Debate (762 págs.)
Martin no tiene pelos en la lengua. Esta biografía, además de mostrar todos los momentos de gloria del Nobel colombiano, aborda un tema que es un verdadero tabú en Colombia: el deterioro de la memoria de García Márquez. Por primera vez el autor de Cien años de soledad se ve como un mortal. Y eso no es poca cosa.
Monstruos invisibles.
Chuck Palahniuk.
Mondadori (267 págs.)
La protagonista de esta historia no tiene mandíbula. Es un monstruo y la gente, para no perturbarse, para no tener que voltear la cara, decide pasarla por alto. Se convierte en un monstruo invisible. En medio de su depresión (antes de perder la cara era una supermodelo), se hace amiga de un transexual que la convierte en ladrona de valiums en mansiones de mujeres decrépitas, secuestra a su ex novio y termina en una aventura chiflada muy propia del autor de El club de la lucha.
Necrópolis.
Santiago Gamboa.
Norma (455 págs.)
Si usted logra convencerse de que el protagonista de esta novela es su autor -ganador del Premio de Novela La otra Orilla 2009-, se va a divertir leyendo una historia policíaca que ocurre en Jerusalén en un congreso de biógrafos y que tiene personajes delirantes como una ex actriz porno italiana, un ex convicto y ex drogadicto y un empresario colombiano que intentan resolver el enigma de un asesinato.
Cuestión de familia.
Tim Keppel.
Alfaguara (238 págs.)
Keppel ha sabido convertirse en un autor responsable. Desde Alerta de terremoto sorprendió con una prosa rápida, fácil y cuidadosa que mostró a un estadounidense que descubrió en sus cuentos una Colombia que nadie había visto. Ahora, en Cuestión de familia, hace un divertido relato de una mamá que no le da tregua a su hijo y que le pide que redacte sus memorias antes de morir de cáncer. Es una novela que puede matar de la risa.
Los salmos de la sangre.
Luis Barrios Pavajeau.
Alfaguara (138 págs.)
El sida es sinónimo de muerte en vida, y ha sido tratado pocas veces en la literatura colombiana. Por eso, Los salmos de la sangre, del autor de Ciudad Baabel, se convierte en un libro único en la oferta editorial. Pavajeau se acerca al tema de la mejor manera: con testimonios de trece portadores de la enfermedad. Así se evita todos los prejuicios y peligros de hablar de un tema tan complejo que pareciera que hay que vivir para contarlo.
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