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48 Horas

Jamaica, paraíso caribeño donde es imposible aburrirse

Fotografías: Filiberto Pinzón / Texto: Daniel Páez y Daniel Vivas Barandica

Jamaica

Más allá de ser un auténtico paraíso caribeño, esta isla está a la vanguardia en opciones para viajeros: desde hoteles familiares hasta resorts con vacaciones para adultos, Jamaica lo tiene todo

Es imposible pasarla mal en Montego Bay. Cristóbal Colón descubrió el lugar en 1494 y, con toda la razón, lo bautizó como "el golfo del buen tiempo": en la actualidad es la capital turística de Jamaica gracias a sus playas de color turquesa y su clima y, en pocos años, se convirtió en el destino de miles de cruceros y el hogar de enormes tiendas duty free.

Sin importar la época del año, en este rincón de la pequeña isla se vive en una especie de primavera calurosa: los huracanes y las tormentas rara vez se pasan por aquí -a diferencia de otras islas del Caribe- y el calor y la humedad nunca son excesivos; en cambio, sus habitantes siempre están de fiesta, es fácil transportarse a otros puntos de la isla y ver algo más que playas: selvas, sitios históricos, excelentes restaurantes y parques de aventura hacen parte del menú. Desde las colinas que rodean la ciudad, es posible tener impresionantes panorámicas del mar y contrastar el lujo de los hoteles con la vida de una ciudad pequeña y un poco arruinada, pero llena de color y música, especialmente en las noches.

Jamaica es mucho más que Bob Marley, aunque este poeta sea casi un profeta en la isla: la música local ha evolucionado con sonidos más modernos y cada vez más fiesteros y es uno de los grandes productos de exportación de Jamaica, con un repertorio que no se limita a "No woman, no cry". Y, contrario a lo que muchos piensan, la cultura rastafari representa apenas a una minoría, los demás son bastante conservadores. Entre otras cosas, como la homosexualidad, la marihuana no es legal y muchos turistas se han metido en problemas por consumirla en la calle.

Aunque todos los jamaiquinos hablan inglés, utilizan su propio dialecto -el patois, su propia variación del creole- que combina el inglés con palabras africanas y tiene un acento bastante difícil de entender para los extranjeros. La historia de la bahía, al igual que la de la mayoría del Caribe, está relacionada con la piratería y los esclavos africanos, mezclando leyendas de brujería y sangre con un folclor inconfundible.

Casi toda su economía está basada en el turismo y, por lo tanto, las posibilidades de hospedaje son infinitas: desde hostales con habitaciones compartidas por veinte dólares la noche -como Caribic House- hasta villas privadas que superan los dos mil dólares por noche -como Silent Waters-. Sin embargo, la mayoría de las opciones se encuentran en hoteles y resorts de cadenas como Hilton y Decameron o en lugares más tranquilos, algunos con opciones solo para adultos, como el Secrets Resort o el Hedonism II, con precios que oscilan en los 300 dólares por noche, todo incluido.

A una hora de Montego se puede llegar al Chukka Caribbean Adventure, un centro donde ofrecen paseos en buggy y motos todoterreno, canopy sobre la selva húmeda y descensos en flotadores por un río, entre otras actividades más emocionantes que sentarse a broncearse en la playa. En el camino, se puede pasar por Falmouth, uno de los pueblos más pintorescos de Jamaica, a media hora de Montego Bay. Es la capital nacional del azúcar y, entre sus calles, es posible vivir el verdadero sabor de la cultura contemporánea de Jamaica: su música, su comida y su gente están por fuera del circuito turístico.

Hedonismo jamaiquino

Abres los ojos y el mundo te importa poco. Has decidido irte a Jamaica para desconectarte de las reuniones, del estrés del trabajo, de la vida corporativa, de la rutina diaria, de todas aquellas cosas que amas, pero que en un momento te pueden agobiar. Abres los ojos y estás tomándote una piña colada. Te encuentras acostado, descansando frente al mar; un mar tranquilo, de color azul cielo, que choca contra una playa blanca. El sol quema tu cuerpo, te preguntas por qué te habías demorado tanto en tomar esta decisión.

A tu lado está tu esposa, tu novia o, quizás, alguna mujer hermosa que has conocido en el resort que escogiste para pasar tus vacaciones. Un mundo llamado Hedonism II, que te recomendaron o encontraste mientras buscabas un lugar que te ofreciera todo el placer que necesitabas. Un lugar que reflejara ese estilo "hedonista mítico", donde te puedes desinhibir. Un lugar para gozar durante las 24 horas y que te hará recobrar aquella energía, aquel espíritu libertino, que con el tiempo has perdido.

Abres los ojos, es de noche, te encuentras en un gran salón disfrutando de platos exóticos, licores y bebidas premium ilimitadas y, dependiendo de la noche, de un show musical, un reinado erótico o un desfile con personajes que están vestidos con los trajes con los que más de uno de los asistentes anhela desfogar sus fantasías. En este salón te sientas con otros huéspedes, estableces amistades, creas enlaces, conoces gente de todo el mundo, disfrutas de una estadía con todo incluido.

Abres los ojos y te encuentras en una gran discoteca, son las tres de la mañana. La música, las luces, las risas y los gritos se mezclan con un buen número de mujeres y hombres de diversas edades -algunos ligeros de ropa- que esperan que la noche se vuelva más picante. Que esperan que el licor los anime un poco y los haga ir más allá de su imaginación. A tu lado, varias parejas juguetean, coquetean. Algunas mujeres están vestidas con ligueros, tacones altos, blusas y faldas muy cortas. Dos hombres intercambian a sus esposas, ahora cada uno baila muy pegado al otro, quizás te empieces a antojar. Te tomas un whisky 18 años, sonríes, disfrutas de la situación.

Decides unirte a esta fiesta, abrirte a nuevas experiencias, contagiarte del erotismo del ambiente, disfrutar de la verdadera experiencia del "Hedo" -como lo llaman las personas que trabajan en él-. Empiezas a bailar, la rumba cada vez está más caliente, hay grupos de amigos que han ido para "fortalecer su amistad", para dejarse llevar y conocerse mucho más.

Abres los ojos y te encuentras en una piscina junto a la playa, caminas entre el agua, disfrutas de un ambiente sin ataduras. Sobre el borde de la piscina una mujer le practica sexo oral a un hombre. Otro hombre desnudo está encima de su esposa, amante o quizás la compañera de esa noche.

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